Ciudadanos, en beneficio propio

Ha pasado más de un mes de la celebración de las elecciones del pasado 26 de junio y casi ocho meses de las elecciones del 20 de diciembre. Los españoles han votado en dos ocasiones ante la incapacidad de acuerdo de los dirigentes políticos de todos los partidos. En lo único que ha habido un cierto acuerdo es en la evasión de responsabilidades respecto de quién sería el “culpable” de llevar a los españoles a unas segundas elecciones –ahora a unas posibles terceras elecciones–.

De la efímera euforia a la tosca realidad del número – con 137 escaños difícilmente se puede gobernar y menos aún ser investido –; otros, con el peor resultado de su historia, a pesar del no sorpasso; el populismo convaleciente, lejos de sus expectativas al igual que los regeneracionistas.

Ayer, Ciudadanos presentaba sus “seis condiciones” para negociar su voto al Partido Popular.

Para decepción de muchos el partido de la nueva política ha parecido olvidarse de los españoles, dirigiendo su atención a la llamada “clase política” en sus condiciones. Ni una palabra hay sobre grandes reformas de Estado: no se habla garantizar la unidad nacional afrontando conjuntamente la situación catalana, no hay referencias a la reforma de la educación (que tanto parecía preocupar retóricamente a este partido en las campañas electorales) tampoco a los impuestos, a la sanidad o a la inversión en I+D+i… Ni el empleo parece ser un objetivo prioritario de Ciudadanos ni tampoco los autónomos que constituyen uno de sus principales caladeros de votos.

A Ciudadanos parecen preocuparle en exclusiva los políticos, asegurando de paso su propia supervivencia mediante un sistema electoral a medida, ya que no han sido capaces de mantener su nivel de voto de diciembre.

Las declaraciones altisonantes pueden ser efectistas, pero hay que cuidarse de no alimentar gratuitamente el discurso antipolítico, tan nocivo a la democracia representativa como estamos viendo en algunos países últimamente.

Algunas de las propuestas de Ciudadanos tienen sentido -hay que llevar hasta el final la investigación de la corrupción en todos los partidos- pero no olvidemos que eso que llaman “privilegios” -como los aforamientos- no son más que garantías para que los representantes de la soberanía nacional puedan ejercer sus funciones sin persecuciones arbitrarias. Puede que el discurso populista, sus seguidores y sus altavoces mediáticos hayan degradado hasta el extremo esta función, pero en Floridablanca nos parece de capital importancia para la democracia y, por tanto, creemos que el debate sobre el fuero de los parlamentarios es más complejo de lo que se está planteando. Podría estudiarse un aforamiento relativo -que excluyera los delitos de corrupción- y en todo caso lo primero que hay que garantizar es la independencia judicial, que es una de las bases fundamentales del Estado de derecho. Tampoco esto último parece importar al partido de Rivera.

Entra dentro de la lógica que los partidos que se ven “beneficiados” por el sistema electoral quieran mantenerlo y aquellos que se consideran “perjudicados” quieran cambiarlo. Sin embargo, el sistema electoral es siempre el resultado de un juego de equilibrios en el que por un lado se considera la representatividad y por otro la necesidad de gobierno y la estabilidad. Lo que no puede pretenderse es imponer un cambio de la ley electoral “a  medida” de un partido que no es capaz de crecer en votos. Los partidos mayoritarios lo son no porque nadie se lo regale, sino porque son capaces de convencer a los votantes. Las mayorías han ido variando a lo largo de nuestra etapa democrática. Recordemos que AP comenzó con solo 16 escaños, y que fue un largo proceso de integración del centro-derecha bajo las siglas “PP” lo que le permitió construir mayorías.

En Floridablanca hemos defendido la doble vuelta en la elección de alcaldes y la reforma de la ley electoral nacional, de forma que se elija a la mitad del Congreso por circunscripción, lo que reforzaría el control de los votantes sobre sus representantes. Si con la presente ley electoral hemos entrado en una situación de bloqueo institucional que dura ya casi 8 meses, ¿qué beneficio puede traer una ley todavía más proporcional, que acentúe la fragmentación del Congreso y la dificultad de formar gobierno? Los primeros que han demostrado su incapacidad para enfrentarse a ese tipo de escenario son los partidos políticos -PP, PSOE, Podemos, Ciudadanos- que no han sido capaces, tras 2 elecciones generales, de pactar un programa político para España.

Lo cierto es que esa propuesta de Ciudadanos no quiere el interés general, sino el beneficio propio. Ciudadanos quiere más escaños sin conseguir más votos, y para ello se sirve de la falacia -muy del gusto populista- de hacer creer que “más proporcional es sinónimo de más democrático”. Los sistemas mayoritarios son igual de democráticos que los proporcionales.

Nos encontramos en una situación en la que no se trata de buscar la propia supervivencia -ya sea personal o del partido que se trate- sino de llevar a cabo las reformas políticas que todavía están pendientes. Ahí se demostrará el sentido de Estado y la responsabilidad de cada uno.

Sello

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