Cataluña en la encrucijada, una vez más, por Carlos Salvador Armendáriz

1.- Con motivo del debate que abordamos esta semana en el Congreso de los Diputados sobre la propuesta de reforma de la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional que ha presentado el Partido Popular, he recuperado unas palabras que pronuncié en la tribuna de oradores el 8 de abril de 2014 cuando debatíamos la Proposición de Ley Orgánica de delegación en la Generalidad de Cataluña de la competencia para autorizar, convocar y celebrar un referéndum sobre el futuro político de Cataluña. Fueron estas: “La situación en Cataluña ha llegado a un punto de ebullición poco comprensible, al que no habríamos llegado si no se hubieran conjurado en el tiempo dos hechos: uno, la insaciabilidad  nacionalista y, dos, la ceguera de los partidos nacionales que cuando han estado en minoría en esta Cámara durante los últimos treinta años siempre y antes han buscado el apoyo incondicional de los separatismos hasta hoy”. Y añadía: “ante los desafíos que plantea debemos hacer cuatro cosas: 1 Combatir los excesos del nacionalismo, 2 Articular un gran acuerdo entre las fuerzas mayoritarias, 3 Explicar las bondades de permanecer juntos y 4 Denunciar la silenciada persecución de los disidentes en estas naciones obligatorias”. Hoy me ratifico en lo que dije.

Soberania12.- Esta Proposición de Ley vuelve a interpelarnos sobre el modo en que cada cual debe/puede afrontar la rebeldía anunciada de las instituciones catalanas tras las elecciones del 27-S.

Parecería sensato partir de una idea, y es que “el desprecio o el desacato a nuestra Constitución y sus normas, o a las Sentencias del Tribunal Constitucional no debiera premiarse con la impunidad”. Cuando alguien no es sancionado por incumplir la ley ¿quién resulta ofendido, el cumplidor de la ley o el incumplidor no reconvertido?, o dicho de otra forma: ¿quién ha podido pervertir el debate hasta hacernos creer que quien debe cumplir con una sentencia es una víctima?

Yo creo que una democracia pierde calidad cuando las resoluciones de su máximo órgano intérprete de la Constitución no se cumplen, se ningunean o se desprecian por los órganos de la administración que debiera ser un ejemplo de su cumplimiento. Y también cuando se legisla apresuradamente, sin tiempo para encontrar espacios de acuerdos en temas de calado.

A la vista de lo que propone el PP en su Proposición de ley lo que sí parece evidente es que debiéramos haber hecho antes muchas otras cosas para evitar los desafíos de quienes han incumplido impunemente e insisten en anunciar más incumplimientos de las sentencias del Tribunal Constitucional.

Cosa distinta es el juicio que nos merezca el momento, el procedimiento o el electoralismo con el que se ha presentado esta Proposición de Ley. O incluso la valoración jurídica de una norma que debiera servir para eliminar el desafío que se avecina y no -como insisten algunos- solo consiga “fabricar más independentistas”. No olvidemos nunca que en la lógica nacionalista todo sirve para fabricar independentistas.

Todos sabemos que nuestros separatistas juegan siempre con ventaja. Si doblegan al Estado lo celebran como un paso más hacia la ruptura. Si el Estado no cede, también lo celebran sumando un agravio más a su memorial. Para una independentista radical no hay nada más rentable que una derrota.

3.- Es verdad que durante la Transición, la sociedad española y sus políticos actuaron de buena fe (muy ingenuamente) con los nacionalismos periféricos, pensando erróneamente que se podría establecer por fin una relación de lealtad y colaboración. Pero no ha sido así. A lo largo de estos últimos 30 años han conseguido evidentes éxitos: a) han impuesto un imaginario identitario propio incompatible -aparentemente- con otras identidades; b) han permitido la muerte civil de los discrepantes (La espiral del silencio) c) han acumulado agravios artificialmente d) han abusado de la política de hechos consumados y e) han maniatado “al servicio de la causa” los medios de comunicación públicos y privados.

4.- En el futuro próximo, si queremos acertar en el tratamiento de esta cuestión, deberemos aceptar que, hasta hoy, los secesionistas han conseguido descifrar con éxito las claves de nuestra armonía colectiva hasta hacer inaudible ¡incluso molesta! una sinfonía nacional.

Y, ¿cómo lo han conseguido? Pues, porque nos hemos dejado. Ni más ni menos. Porque nunca confrontamos a su proyecto nuestras convicciones unionistas. Porque no supimos explicar los perjuicios de la ruptura o los costes fijos y variables de la desconexión. Porque no denunciamos suficientemente las mentiras y la eterna manipulación. Porque no denunciamos el clientelismo (3%). Y porque no estuvimos unidos en defensa de un proyecto común.

(Foto: Chema Concellón / Flickr)

(Foto: Chema Concellón / Flickr)

5.- No todo son malas noticias. En estos días, también hemos comprobado algunas pequeñas debilidades del movimiento secesionista. Por ejemplo: ¿Por qué Josep Borrell no puede explicar el contenido de su libro “Las cuentas y los cuentos de la independencia” en TV3 antes de las elecciones catalanas? ¿No será por miedo? ¿Miedo a que se sepa la verdad? ¿Miedo a descubrir que el Rey va desnudo? U otra novedad en esta Diada: ¿Por qué ahora los nacionalistas catalanes se exhiben con los herederos de Batasuna cuando hasta ahora su relación se mantenía en una discreta relación semi vergonzante? ¿Por qué la ruptura catalana necesita ahora el concurso entusiasta de los herederos del terror? ¿Simple solidaridad entre rupturistas? ¿O necesidad de ánimo ante una perceptible “fatiga en los materiales” del movimiento de secesión?

En mi opinión, “La independencia no debiera ser la oportunidad que están buscando los totalitarios para imponer su proyecto de exclusión. ¿Qué tipo de sociedad quiere construir el centro derecha catalán de la mano de quienes jamás respetaron la libertad de las personas que no piensan como ellos?

Tal vez algunos puedan creer que hoy pueden compartir cierto éxito en este escenario patriótico-festivo con los totalitarios, pero yo estoy seguro que su odio les devorará. De hecho, ya les está devorando.

Y no olvidemos que la Unión Europea nació precisamente por la necesidad de vacunarnos del cáncer del nacionalismo más radical y excluyente. Si algunos catalanes pensaron que su candidatura iba a ser admitida en Europa, con estos nuevos socios extremadamente radicales, pueden irse despidiendo doblemente de esa idea. Es más, ya se han situado fuera de Europa.

6.- Los nacionalistas llevan años queriendo desconectarse de España, y para ello se muestran especialmente ofensivos con el resto, pretendiendo suscitar una respuesta en los unionistas que les facilite el trago de romper. Incluso nos han acusado a todos de robarles. Buscan nuestro hartazgo y desistimiento. Desprecian los lazos de afecto que nos unen, niegan o falsean la historia que compartimos, y rechazan los anhelos que juntos -y sólo juntos- podemos llegar a conseguir. Y ahí es donde se equivocan.

Tal vez no les hagamos saber como debiéramos nuestro aprecio y eso quizá sea parte del problema. Cuando lo cierto es que nada cuesta reconocer la belleza de su tierra; la calidad de sus artistas; la necesidad nacional de sus empresas y la hospitalidad de su gente, porque es verdad.

7.- Por último, creo que las urgencias históricas del nacionalismo no son la prioridad de la mayoría. O no deberían serlo al menos. Tal vez no les guste oírlo. Pero es así. Están en plena ebullición aprovechando la crisis económica, la debilidad y la desorientación de los partidos tradicionales. Es verdad. Para ellos es ahora o nunca. Es su momento. Lo entiendo. Pero que nadie se equivoque, el conflicto que necesitan no va a ser suficiente. Ya no.

Si todos los demás apartamos nuestras diferencias y -apelando a la razón y al corazón- trabajamos para recuperar el afecto, no diré terminar pero sí habremos puesto las bases para reconducir y «conllevar» a la catalanidad creadora que tanto bien ha hecho a España.

Como dice mi padre, “por mí que no quede”.

Carlos Salvador Armendáriz | Diputado por Navarra de UPN

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