Ésta no es la campaña que España necesita, por Isabel Benjumea

Artículo originalmente publicado el 18 de diciembre en

 

Hoy finalizará una de las campañas electorales más enigmáticas de nuestra etapa democrática. A primera vista, la impresión que uno podría extraer es que se ha tratado de una campaña moderna y novedosa, en la que el marketing político y las redes sociales han sido grandes protagonistas. Sin embargo, y a pesar de los estudiados parámetros en los que se han movido las formaciones políticas, la campaña ni ha sido tan moderna, ni ha abundado en la claridad de proyectos. Más allá de las imágenes y de los eslóganes, de los vídeos virales y de los innumerables tuits, se ha tratado de una campaña ambigua, sin verdadero contraste de ideas. Se han celebrado algunos debates, pero en raras ocasiones se ha entrado en los asuntos de fondo. Tampoco en los grandes mítines  – ese formato agotado tan costoso como inútil para convencer a nadie – se ha logrado trasladar mensajes potentes que trascendiesen la guerrilla electoral entre partidos. Parece que en esta campaña se ha pedido más un acto de fe en favor de tal o cual partido, de tal o cual candidato, que confianza para uno u otro  proyecto político elaborado, concreto y bien explicado.

Debate a cuatro en Atresmedia (Foto: EFE)

Debate a cuatro en Atresmedia (Foto: EFE)

Uno de los mensajes que se ha reiterado en esta campaña es la distancia entre la nueva y la vieja política. Pero, ¿qué significa esto en verdad? En realidad, no hay ni vieja ni nueva política, lo que hay son caras conocidas frente a caras nuevas con un objetivo común: alcanzar el poder. En esencia, se debate dentro del gran marco continuista del consenso socialdemócrata más rancio. Si hay un denominador común entre los contendientes es el gusto por el gasto público amable, el silencio ante las reformas valientes, el recurso a las solemnes declaraciones de intenciones y la indefinición como estrategia política. No se ha discutido sobre muchos de los temas más relevantes para España ni sobre el modo de abordarlos. Partidos tradicionales y emergentes han rehuido la concreción de sus proyectos políticos con el objetivo de conseguir más votos, de acercarse a los indecisos bajo el camuflaje de los cómodos consensos vigentes.

Mientras la realidad de la campaña va por el camino de las buenas intenciones, la realidad de España se enfrenta a una recuperación económica que está por afianzar, un gasto público incontrolado, un problema territorial gravísimo, la amenaza del terrorismo yihadista y las debilidades de nuestro modelo institucional.  Dicho de otro modo, nuestra libertad – la gran ausente de todos los debates y propuestas – está comprometida y nadie ofrece respuestas fundadas a semejante reto.

Porque sin una economía sólida difícilmente las personas podrán ser libres ni afianzar sus niveles de bienestar. Porque el gasto público limita nuestra libertad en tanto sigamos confiando en el Estado gran parte de nuestras decisiones vitales. Porque el terrorismo yihadista atenta contra nuestros  principios y libertades (libertad de expresión, de movimiento, de costumbres, libertad religiosa, de enseñanza, etc.) y plantarle cara con todos los recursos es nuestra obligación común. Y porque nuestra democracia liberal no lo será del todo hasta que no se garantice la independencia judicial, se democraticen los partidos y se mejore la rendición de cuentas ante los ciudadanos. En este sentido, desde Floridablanca hemos presentado un conjunto de propuestas que bien podrían haber asumido los partidos identificados con el espacio del centro-derecha.

Sin duda, el hecho de que estos temas se hayan quedado fuera de la campaña, y de sus tan mediáticos debates, es una prueba de lo poco moderna que ha sido. Porque en un mundo atrapado en las apariencias, lo moderno habría sido debatir sin miedo, con convicción y con la capacidad suficiente como para atraer a los españoles a un proyecto político con vocación de mayoría. Un proyecto reformista, integrador, mayoritario, que garantizase la estabilidad política sería lo más conveniente para España.

La ausencia de un proyecto con vocación mayoritaria es precisamente el problema principal al que nos vamos a enfrentar los españoles tras el 20 de diciembre. Porque si se confirma la tendencia de todas las encuestas publicadas, la estabilidad política del país estará en riesgo. ¿Incapacidad de los contendientes de la campaña para hacer atractivo y creíble su proyecto? Las mayorías no se construyen sobre la indefinición. Las mayorías triunfan a partir de ideas y principios coherentes que superan la barrera del tiempo y rehúyen los eslóganes fáciles y  simplificaciones.

Seguramente, dada esta falta de ambición mayoritaria, después del 20-D todos querrán aferrarse al argumento del éxito: unos porque sus formaciones políticas no tenían representación previa y la habrán obtenido ampliamente. Otros, escudándose en que los tiempos y la situación no son fáciles, pretenderán que el éxito consiste en obtener unos resultados pobres, cuando realmente deberían preguntarse qué han hecho para perder la confianza mayoritaria.

Todo ello lo sabremos tras el recuento del 20-D, pero a día de hoy ya podemos decir que, lamentablemente, la campaña no ha ofrecido el proyecto que España necesitaba.

Isabel Benjumea | directora de Floridablanca
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