Boris Johnson: El premier de manos temblorosas, por Jaime Martínez Muñoz

Boris Johnson / Creative Commons

El nombramiento de Boris Johnson como próximo Primer Ministro del Reino Unido está generando una gran controversia entre la clase política y los medios de comunicación nacionales e internacionales. Una polémica que no es de extrañar si atendemos a los dos elementos clave de dicho nombramiento:

  • Primero, el contexto en el que se produce, marcado por un Brexit que, tres años después de su aprobación vía referéndum popular, aún no ha conseguido materializarse, con un evidente coste tanto político (con la renuncia de los dos anteriores líderes conservadores, a saber, David Cameron y Theresa May) como económico, cuyas consecuencias en el corto y medio plazo aún son muy difíciles de estimar.
  • Segundo, la propia figura de Boris Johnson, a quien algunos medios no han dudado en comparar con Donald Trump por su incorrección política (así como por su parecido físico). No obstante, es preciso valorar toda la trayectoria política del nuevo líder “torie”, quien durante su mandato al frente de la Alcaldía de Londres entre 2008 y 2016, encabezó las encuestas como uno de los políticos mejor valorados del país.

Con respecto al Brexit, Boris Johnson ha declarado que, con acuerdo o sin acuerdo, la salida oficial del país de la Unión Europea se producirá el 31 de octubre de este año. Este anuncio repentino ha puesto contra las cuerdas a la Comisión Europea, que hasta ahora había construido el relato de que el Reino Unido sería el gran perdedor del juego si no tenía a bien llegar a un acuerdo apropiado y “justo” para ambas partes.

Sin embargo, este giro por parte de Boris Johnson, en un tono más directo y agresivo que su predecesora, Theresa May, parece desvelar algo más que una simple amenaza sin fundamento. Tal vez la Unión Europea también tiene mucho que perder, si tenemos en cuenta que el Reino Unido gestiona el 37% del total de activos europeos, seguido muy de lejos por Francia, con un 20%.

Asimismo, el país presenta una migración neta (balance entre inmigración y emigración) positiva de casi 300.000 personas en 2019, una tendencia que viene repitiéndose durante la última década debido a la flexibilidad de su mercado laboral para generar empleo. Tradicionalmente, alrededor del 50% de esta migración proviene de otros países de la Unión Europea, si bien, en el último año, los ciudadanos europeos que salieron del Reino Unido han superado a los que entraron.

Por último, el papel del Reino Unido en el mercado interior de la Unión Europea es determinante, con un 46% del total de sus exportaciones y un 54% de sus importaciones.

Para intentar minimizar la incertidumbre del Brexit, algunos analistas están aplicando la famosa teoría de juegos que ofrece la ciencia económica, con el fin de entender las decisiones de cada una de las partes envueltas en el conflicto.

En estos términos, podríamos entender las negociaciones del Brexit entre Reino Unido y la Unión Europea como el clásico juego de gallina, que se aplica en los supuestos en los que, a priori, ninguno de los jugadores posee una estrategia dominante sobre el otro. En este juego, a menudo representado por dos conductores que conducen uno frente al otro en una carretera de un único sentido, el perdedor o la “gallina” será aquel jugador que aparte su vehículo antes de que ambos colisionen, o lo que, traducido al caso real, ceda en sus posiciones de negociación frente al otro.

La renuncia de Theresa May parecía un claro avance por parte de la Comisión Europea, que ha presionado en gran medida sobre los términos y condiciones de un Brexit pactado. Ahora bien, con la entrada de Boris Johnson, el juego de gallina se complica ante la introducción de lo que el economista Reinhard Selten denominó estrategia de las manos temblorosas. Según esta estrategia, representado por un juego de cartas, el jugador podría cometer un “error” con sus dedos y sacar una carta imprevista que puede llevar a su adversario a replantear su estrategia inicial, siempre y cuando sus estimaciones de ganancias o pérdidas potenciales se vean alteradas.

Boris Johnson, al asegurar la posibilidad de un Brexit sin acuerdo, ha dado un golpe con sus manos temblorosas sobre la mesa de negociación con la Comisión Europea, obligando a su presidente, Donald Tusk, a replantearse si, tal vez, le conviene más un Brexit pactado reduciendo sus exigencias al Reino Unido, que un Brexit sin acuerdo, en un escenario de desaceleración europea donde una salida repentina de un país tan importante para la Unión Europea podría generar un impacto económico más grave del estimado inicialmente.

Lo que es seguro es que la negociación del Brexit ha entrado en una dinámica mucho más compleja, donde confluyen multitud de intereses, siendo relevante en este sentido las consecuencias para Irlanda o Escocia.

Cabe esperar, al igual que se asume en la teoría de juegos, la racionalidad de los agentes implicados, si bien esta premisa pueda a menudo ser demasiado generosa en el terreno de la política.

 

Jaime Martínez Muñoz
FLORIDABLANCA CAFÉ

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