La batalla cultural III: El medio ambiente, por Alejandro Ruiz París

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Tras la apertura de telediarios, tras las cabeceras en la prensa digital y en papel y tras los retuits, stories y posteos en redes sociales de los ecos de la joven y enfadada Greta Thunberg hablando sobre su infancia robada por los jerarcas mundiales a causa de su lucha por detener el cambio climático, cabe preguntarse ¿cuál es el discurso medioambiental del centro derecha español? ¿Tiene una postura identificable para todas aquellas personas que comparten nuestros postulados en materia de patriotismo o libertad pero a los que también les preocupa la conservación de la naturaleza y nuestro medio ambiente?

Creo que nos costaría responder afirmativamente. Es más, creo que nos resultaría complicado recordar alguna declaración o una propuesta en esta materia por parte de los dirigentes de los partidos que se encuentran a la derecha del PSOE, más allá de los negacionistas de extrema derecha.

Como señalé en mi último artículo publicado en Floridablanca, vivimos en la época del Homo Videns, donde Sartori, en su ¿Qué es la democracia?, nos recuerda que la política, dependiente de la televisión, se construye con imágenes que permiten la simplificación de los debates políticos mediante la imposición de un pensamiento asociativo, evocador de algún significado concreto. Y la izquierda ya tiene su imagen simplificadora y evocadora de una joven niña, sueca y rubia desafiando al “mayor enemigo del bienestar del planeta”.

Pero no solo Greta tiene su imagen simplificadora de un problema complejo. Pedro Sánchez ya tuvo en su reciente viaje a Nueva York su posado “Green international” con el que construir un relato, aunque sea vacío de contenido. También Errejón, con su “Más País”, construye el suyo presentándose a las generales con un programa electoral centrado en la renta universal, el feminismo y el ecologismo.

Recordemos que todos ellos, cada uno a su manera, tienen un objetivo superior, y se puede volver a Gramsci o a Hayek para explicarlo a través de la filosofía de los no filósofos o el clima de opinión. Pero en este caso, siguiendo al errejonismo de moda, puede resultar más interesante Ernesto Laclau, quien,  en “Hegemonía y estrategia socialista”, define lo político como la lucha por la hegemonía a través de la conquista de los significantes flotantes o vacíos. Cuando nos habla de significantes flotantes o vacíos se refiere a que conceptos como “cambio climático” se asocien en el imaginario colectivo a capitalismo, consumismo, grandes corporaciones, crecimiento económico desbocado… Ahí está su famosa “casta”.

Por ello vuelvo a preguntarme: ¿cuál es el discurso medioambiental del centro-derecha español? ¿Cuál es la política medioambiental de los liberal-conservadores? ¿Con qué ideas pretendemos atraer a individuos hoy alejados de nuestros postulados? O, siguiendo a Lakoff, ¿hemos creado un marco narrativo propio desde el que presentar nuestra perspectiva moral sobre este tema?

En este contexto, resulta útil buscar ejemplos más allá de nuestras fronteras. Durante la travesía del desierto por la que el partido Conservador británico transitó entre 1992 y 2005, algunos tories como David Cameron o George Osborne debieron plantearse estas y otras preguntas similares.

En aquella época el partido era visto como un Nasty Party, un partido excluyente, que se negaba a integrar. Por ello, en la Conferencia anual de 2005 celebrada en Blackpool, David Cameron presentó un proyecto que pretendía aunar valores propios del conservadurismo, como el patriotismo o la libertad, con una «nueva actitud«, una «nueva forma de pensar» y una «nueva forma de actuar«. El objetivo era posicionarse ante problemas y demandas sociales como la sostenibilidad medioambiental y la lucha contra la pobreza, descontaminando la marca conservadora y abriendo el discurso a sectores como los jóvenes, las mujeres y las minorías. La nueva estrategia del partido de aunar los valores tradicionales del “thatcherismo” y la adopción de una nueva narrativa, más abierta y adecuada a la realidad social de comienzos del siglo XXI, los llevó a mostrarse nuevamente como una alternativa real al laborismo de la tercera vía de Tony Blair y Gordon Brown.

Los partidos del centro-derecha español—y en particular aquel que quiera liderar y aunar el bloque—tienen que comenzar a ganar la batalla cultural a la izquierda, tienen que conquistar los significantes flotantes o vacíos y, en el largo plazo, hacerse con la hegemonía cultural necesaria para establecer los criterios por los que la sociedad se va a regir en las próximas décadas.

Para ello, tenemos que dejar de ser vistos como el bloque “nasty” y abrir nuestro discurso a jóvenes, mujeres, minorías. Debemos integrar asuntos hasta ahora ignorados como medio ambiente, feminismo u homosexualidad. Los partidos del centro-derecha no pueden ser solo vistos como los partidos que solucionan los desastres económicos de la izquierda. El centro derecha no puede solo esperar a que la izquierda pierda las elecciones. Tiene que aspirar a ser capaz de ganárselas por méritos propios.

Escribía Lucía Méndez en Twitter “Es curioso. Los jóvenes no salen a la calle a protestar por la precariedad, ni por la desigualdad, ni por los sueldos de miseria, ni por los escandalosos alquileres que les impiden independizarse. Salen para pedir medidas contra el cambio climático”. Y tiene razón; pero cambiar esta situación, para abrir nuestro discurso, no deberíamos conformarnos con copiar las propuestas y la retórica de la izquierda. No se trata de aparecer en la Plaza de Colón con banderas arcoíris, vestir una camiseta de feminismo liberal, aprobar en la Asamblea de Madrid leyes LGTBI o lucir un lazo morado. Como advertía Lakoff a la seudo progresía “nunca hay que discutir con el adversario utilizando su lenguaje, porque implica su marco, no el tuyo”.

En lo que hace al debate medioambiental, hablar desde nuestro marco y por lo tanto desde la propia perspectiva moral significa que nuestras políticas, nuestro proyecto y nuestro lenguaje beban de ideas propias como la “ecología de mercado”. Un ambientalismo propuesto por autores como Anderson y Terry Leal donde la mejor manera de preservar el medio ambiente es extendiendo la creatividad empresarial y los principios del mercado libre a todos los recursos naturales. Una propuesta alejada de los precursores del desarrollo sostenible que lo utilizan como un pretexto más para el intervencionismo estatal.

En It’s Economic Freedom That Will Save the Earth Terry Miller y Anthony B. Kim muestran como “para obtener más protección del medio ambiente se necesita más crecimiento, no menos”. También podemos acudir a los más de 15 años de trabajo de la Heritage Foundation sobre este tema, o a la propia red Floridablanca, por mencionar solo un par de think-tanks de prestigio que han tratado con datos y seriedad cómo los beneficios de la libertad económica también se extienden a la protección del medio ambiente, pues ofrecen más opciones a los individuos, mejorando su calidad de vida al abrir oportunidades y promover la innovación.

El centro-derecha español debe hablar desde esta perspectiva moral, atrayendo a personas que valoren conceptos como el de patria y libertad, pero también se interesen por el medio ambiente o el feminismo. Debe dar la batalla cultural para establecer un nuevo centro y no ceder terreno a una izquierda que quiere patrimonializar el medio ambiente para imponer su hegemonía a costa de la libertad individual.

 

Alejandro Ruiz ParísApp-Twitter-icon
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