Ante los falsos demócratas, más democracia liberal

La manifestación organizada por Podemos a través de la Coordinadora 25S es un ataque contra la democracia liberal como forma de Gobierno y, por tanto, contra la democracia representativa y los derechos fundamentales de los españoles.

El lema elegido por la Coordinadora 25S para su manifiesto, Ante el golpe de la mafia, más democracia, es una demostración de cómo los falsos demócratas se visten de demócratas deslegitimando el voto de los españoles y su derecho al voto.

¿Alguien puede creer que, en caso de alcanzar el poder, los nostálgicos de los modelos soviético y bolivariano respetarían el derecho al voto de los españoles cuando tildan de ilegítima la investidura de un candidato de acuerdo al régimen constitucional? ¿Y del derecho a la libertad de opinión y de expresión, cuando no respetan lo expresado en las urnas? ¿Y del derecho a la libertad de reunión y de asociación pacíficas del que los manifestantes gozan gracias al régimen constitucional vigente que critican? ¿Velarían los falsos demócratas por “la dignidad de la persona, los derechos inviolables que le son inherentes, el libre desarrollo de la personalidad, el respeto a la ley y a los derechos de los demás son fundamento del orden político y de la paz social” (art. 10, CE) que contempla la Constitución española?

El principio democrático al que apela Podemos y sus instrumentos de agitación popular no es otro que el de las mal llamadas democracias populares, auténticas oligarquías donde los derechos (a la propiedad, a la vida, etc.) y libertades son privilegios exclusivos que concede el líder supremo o el Partido como, por ejemplo, en Venezuela. De ahí, el resentimiento hacia la democracia liberal, generadora de oportunidades y garante de la igualdad, la libertad y el pluralismo.

Pero el hecho más grave de la manifestación convocada hoy es la complicidad de los diputados podemitas que han anunciado su participación en ella simultáneamente a su asistencia y votación en la sesión de investidura. Esta doble ubicación –el Parlamento y la calle- no es nada nuevo en la historia de las democracias europeas. Lenin animaba a los bolcheviques a que se infiltraran en la Duma para destruirla desde dentro, mientras llevaban a cabo su agitación revolucionaria. ¿Y qué decir de Mussolini o de Hitler, que combinaron la acción callejera y la actividad parlamentaria para debilitar y, a la postre, destruir los sistemas democráticos pluralistas, asentados en las libertades?

En la época de reconstrucción de las democracias en la Europa Occidental también había poderosos enemigos de la libertad. Pero esas democracias, las que no cayeron bajo el telón de acero, supieron combatirlos con inteligencia y tenacidad y vencerlos, a pesar de las penosas condiciones socioeconómicas en que vivieron aquellas sociedades durante la segunda postguerra mundial.

La defensa de la democracia liberal requiere voluntad, tesón e inteligencia. Y ésta debe ser, a nuestro juicio, la primera tarea en la que debe volcar todos sus esfuerzos el nuevo gobierno. Esa tarea incluye muchas facetas. La primera, la regeneración, cuando ésta sea precisa, y el fortalecimiento de todas las instituciones democráticas. La segunda, un serio y bien planificado combate político en la opinión pública, que haga frente a las mentiras y falacias en que se apoyan los enemigos de la democracia representativa. La tercera, el imperio de la ley, con una justicia que funcione ejemplarmente y con la utilización de todos los recursos necesarios para la protección de los derechos y libertades de los ciudadanos. Y, finalmente, el impulso de unas políticas que sean eficaces para que los anhelos de bienestar y prosperidad se hagan realidad.

La manifestación de hoy es un primer aviso en esta nueva etapa que se inaugura en estos días. Es un aviso que debe estar presente en las decisiones que se tengan que adoptar. Es un aviso que debe servir para elaborar la estrategia vencedora con el fin de hacer más fuerte y más respaldada a la democracia liberal, la que se expresa en nuestra Constitución.

Por eso, ante los falsos demócratas, más democracia liberal.

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