Ahora más que nunca, las ideas, por Luis Asúa

Tras las elecciones del pasado 26 de junio probablemente tengamos un gobierno estable durante al menos un par de años, aunque sería milagroso que dicho gobierno tenga alguna posibilidad de hacer las reformas que tanto necesita nuestra sociedad.

En este ínterin de tiempo el centro-derecha debería modernizar su ideario. Hemos caído por muchas razones en una especie de estupor socialdemócrata posibilista, muy influido por las encuestas (por cierto, cada vez menos creíbles), los medios de comunicación y demás grupos de presión.  Estamos, en suma, ante gobiernos que podríamos denominar demoscópicos, que buscan ganar tiempo, reformar lo menos posible mientras vuelve la bonanza económica.

Cartel "Labour isn't working"

La paradoja es que estos gobiernos pretendan ser campeones de la eficiencia en la gestión, aunque sin un ideario y unos objetivos claros no sé cómo se puede conseguir. En un magnífico estudio sobre Felipe III el profesor Maravall describía los gobiernos del duque de Lerma como “del mezquino ir tirando”.  Que nadie se sienta insultado pero, como decía Popper, no les vendría mal a algunos gobernantes preguntarse para qué están ahí.

Hoy apenas existe diferencia entre unos y otros partidos, sólo la artificiosa distinción entre la nueva y vieja política. En estos tiempos tan complejos, la gente quiere certezas, quiere votar programas, quiere gobiernos sólidos con objetivos claros. No quieren marionetas llevadas por el último estudio demoscópico o asustados por la última manifestación. Miren el resultado de los podemitas tras una campaña “demoscópica” con patético cambio de marca, pasando del neomarxismo a la socialdemocracia light; me parecen pocos el millón de votos que han perdido.

Modernizar el ideario significa pensar a fondo cómo resolver el problema principal de la sociedad española, que es el paro. Tanto el paro  que afecta a los mayores  como el de los jóvenes. Sobre estos últimos deberíamos estar todos avergonzados por tener al 50% en casa; en algunos casos después de esfuerzos heroicos como, por poner un ejemplo, una señora que haciendo caricaturas por la Plaza Mayor ha pagado la carrera de su hija en ICADE para verla ahora en el paro. Tenemos unas leyes laborales de raíz franquista que hay que cambiar con urgencia y con valentía.  Es una vergüenza nacional.

Modernizar el ideario significa reflexionar a fondo sobre las fuentes de riqueza y sus tratamientos fiscales. Hay abierto un debate muy interesante entre los liberales sobre la “undeserved wealth” o riqueza no merecida. También debemos proclamar sin ninguna duda, como lo hicieron Thatcher o Reagan, que los colchones sociales en última instancia son absolutamente necesarios para tener una sociedad sana.  Pero estos colchones sociales no deben ser paliativos sino que deben buscar la plena reinserción del afectado, y ésta solo puede venir por incentivar que vuelvan a tener un rol activo en la sociedad.

Desde la caída del muro de Berlín el mundo ha vivido unos tiempos asombrosos en los que la miseria o pobreza severa (no la relativa,  esa zarandaja por la que se insinúa que hay miseria en Luxemburgo o en España,  que tanto gusta a los progres) ha pasado de afectar a la mitad de la humanidad a apenas un 10 % hoy.  Pero aún hay que seguir progresando, y para ello hay que repetir el mantra de que lo que saca a la gente de la pobreza es la globalización, la libre empresa y el libre mercado, el derecho de propiedad, el principio de legalidad y demás principios liberales.

El centro-derecha tiene que abandonar la creencia de que todo se puede medir en términos de dinero. Hoy hay magníficos empresarios sociales que aportan otro tipo de beneficios como son la alegría o la felicidad.  No está mal recordar la declaración de independencia de los Estados Unidos en 1776, en la que la búsqueda de la felicidad se constituye en uno de los pilares de la nueva nación.

Por supuesto, hay que hacer el máximo esfuerzo para asegurar una educación de calidad. Esta va a ser la clave por la que se va a medir a los españoles del futuro. El mundo se ha complicado mucho y hoy el personal tiene que estar altamente cualificado.

Y no debemos rehuir el debate de ninguna de las categorías de la izquierda, como por ejemplo el de la justicia social, que en manos de la izquierda es destructora de la riqueza y de la iniciativa personal; limosnera que deja a la gente en sus casas lacios e inactivos. Propugnamos una  justicia social basada en la meritocracia y en asegurar la igualdad de oportunidad para todos.

Pero estas son algunas cuestiones generales, hay que entrar a fondo en el detalle y revisar el ideario en todos los campos. La Red Floridablanca con su considerable seguimiento, juventud, talento y lealtad -probada, que no perruna-  al Partido Popular tiene la oportunidad, más bien la obligación, de empezar a trabajar inmediatamente de forma pormenorizada rubro a rubro, competencia a competencia, ministerio a ministerio o como quiera que sea el detalle para elaborar un catálogo de ideas y proyectos que devuelva la ilusión al electorado de centro- derecha que, otra conclusión de las últimas elecciones, es mayoritario en España.

Luis Asúa
FLORIDABLANCA CAFÉ

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