20D: La necesaria Reforma Electoral Nacional

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Diagnóstico

Nuestro sistema político, nacido de la Transición y culminado en la Constitución de 1978, se confeccionó sobre la base de unos partidos fuertes, centralizados y jerarquizados que dieran estabilidad a nuestra incipiente democracia. El modelo se complementó con un sistema electoral de listas cerradas y bloqueadas como garantía de la cohesión interna.

El sistema electoral que se aprobó en la Transición respondía a las exigencias del momento que pasaban, en primer lugar, por asentar las bases del sistema político del régimen democrático que inició nuestro país. Cuarenta años después nuestras instituciones, y la sociedad, se han consolidado en términos democráticos y de acuerdo al Estado de derecho – garante del orden democrático.

Hoy los españoles reclaman un paso más. El actual sistema electoral requiere de una reforma electoral que cumpla una doble función: acercar los representantes políticos a los ciudadanos, personalizando la política y mitigando la desafección, y, en segundo lugar, que refuerce el papel de los diputados como representantes y depositarios de la soberanía nacional. Una reforma que dificulte la proliferación de partidos nacionalistas y regionalistas que condicionan la formación de gobiernos y anteponen intereses locales o territoriales al deseable interés nacional, cuando no subvierten el orden constitucional y aspiran a destruir la unidad de la Nación, como estamos viviendo en Cataluña. Esto último no sería algo ni mucho menos novedoso en Europa, ya que lo recogen en sus Constituciones países de indudable espíritu democrático como Francia y Alemania. Se trata, sencillamente, de una apuesta por la democracia militante.

Hemiciclo del Congreso de los Diputados (Foto Barcex / Creative Commons)

Hemiciclo del Congreso de los Diputados (Foto: Barcex / Creative Commons)

Vía de reforma

Desde Floridablanca creemos que la reforma electoral debe aspirar a combinar dos valores fundamentales: proporcionalidad y gobernabilidad. Nuestra Constitución (art. 68.3) solo establece que los diputados deben ser elegidos atendiendo a criterios de representación proporcional. Pero nuestro Tribunal Constitucional, a diferencia por ejemplo del alemán, tiene asentada una doctrina flexible del principio de proporcionalidad, donde la representatividad se pueda ver atemperada por mecanismos que garanticen la formación de gobiernos, evitando una excesiva atomización y fragmentación del Parlamento.

Nuestra Constitución consagra la proporcionalidad como requisito fundamental de nuestro sistema electoral. Sin embargo, hay muchas alternativas electorales a los sistemas mayoritarios, desde los sistemas mixtos no compensatorios, como el de la Duma Rusa o el parlamento nipón, al de representación proporcional personalizada, como es el caso del sistema alemán.

Inspirándose en estos modelos, sería muy positivo apostar para España por un modelo que permitiera combinar un reparto proporcional de los escaños en una lista cerrada y bloqueada con la elección directa de algunos diputados en distritos uninominales. De tal modo que de los 350 diputados nacionales se eligieran 175 en una lista nacional cerrada y bloqueada y otros 175 de manera directa en distritos electorales. Esta reforma electoral conllevaría, además, modificar la Constitución, que ahora establece la provincia como circunscripción electoral.

Un partido que aspire a representar al centro-derecha debe liderar reformas políticas que vuelvan a ilusionar a todos aquellos ciudadanos que, además de la economía, les importan las Instituciones y la calidad de nuestro sistema democrático.

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