20D: la elección directa de los alcaldes mediante doble vuelta

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Floridablanca cree que la regeneración y modernización de nuestra democracia debe comenzar en la vida local. Los Ayuntamientos son instituciones cardinales para la vida social de un país. Cuando en la Restauración el sistema político daba muestras de degeneración, fundamentalmente por la lacra del caciquismo, Maura puso todo su empeño en poner en marcha una ambiciosa reforma de la vida local, que tenía por finalidad el “descuaje del caciquismo”, y que incluía una reforma de su régimen electoral para hacerlo más auténtico. El propósito de Maura no salió adelante y algunos historiadores afirman que aquel fracaso expresó la incapacidad del sistema de regenerarse a sí mismo y propició la progresiva descomposición del sistema político de la Restauración.

En nuestro tiempo el mal que nos aflige ya no es el caciquismo sino los excesos de la partitocracia. Nos regimos por un sistema electoral que deja la elección de los alcaldes en manos de las combinaciones de los partidos, propicia las “coaliciones de perdedores”, favorece la inestabilidad y no responde a la más sentida aspiración de los vecinos: la elección directa de sus alcaldes.

Todas las democracias de nuestro entorno –  Francia, Italia y Portugal, por poner tres ejemplos próximos- han adoptado el sistema de elección de alcalde a doble vuelta. Si en la primera vuelta ningún candidato obtiene la mayoría absoluta de concejales, se celebra una segunda vuelta entre los dos candidatos más votados. En todos los casos, pues, el alcalde es elegido por una mayoría de ciudadanos, gozando así de la máxima legitimidad democrática. El modelo garantiza la estabilidad de las Corporaciones, pero no dificulta la labor de la oposición, ya que, deducida la mayoría que correspondería a la lista del alcalde elegido, el resto de los puestos del consistorio se repartirían entre las demás candidaturas concurrentes en proporción a los votos obtenidos en la primera vuelta.

(Foto: Terrassa Encomun/ Flickr)

(Foto: Terrassa Encomun/ Flickr)

Las ventajas de este sistema son evidentes. El Alcalde podría desarrollar su programa, refrendado por la mayoría de los ciudadanos. Quedaría garantizada la estabilidad. Y los grupos de oposición podrían ejercer su función de crítica con los instrumentos propios de las democracias representativas.

Somos conscientes de que este modelo acentúa el carácter presidencialista del gobierno local. Por eso, somos partidarios de incluir en él la limitación de mandatos de los alcaldes, que podría establecerse en dos mandatos consecutivos como máximo.

La reforma debería establecer también una cláusula de rendición de cuentas del alcalde al final de cada mandato. La rendición de cuentas debería ser rigurosa y exhaustiva en relación con el programa electoral con que se presentó. Y debería mostrar en ella que a lo largo de cada mandato no había gastado más de lo que había ingresado. El equilibrio de las cuentas públicas nos parece una regla de oro para la salud de una democracia. Tanto es así que consideramos que debería establecerse como causa de inelegibilidad el incumplimiento de este mandato constitucional. El alcalde derrochador tendría que irse sencillamente a su casa.

Floridablanca cree que esta reforma es ya inaplazable y que tendría un efecto cascada sobre todo el conjunto de nuestro sistema democrático. Los partidos cuidarían en elegir candidatos capaces de lograr la confianza de la mayoría de sus conciudadanos. Se robustecería el municipalismo, que propugnamos.  Una sana y auténtica democracia local sería la base de la regeneración de nuestra democracia.

Sello

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