100 días de purpurina

Se cumplen cien días de la constitución de los distintos consistorios municipales tras las elecciones del pasado mes de mayo. Esta fecha coincide, en un extraño casual, con la llegada del otoño. Una temporada que, caracterizada por los permanentes cambios en el clima, nos presenta el descenso de las temperaturas y el aumento de las precipitaciones. La estación de la caída y del cambio en el follaje de las hojas. El fin a los largos días de sol.

De igual forma, en un curioso símil, algunos consistorios se encuentran sin rumbo claro, inundados y en una continua borrasca. La veleta que los guía se encuentra dislocada y, de esta forma, vienen a sufrir variaciones constantes en sus decisiones de política y gestión municipal. Siempre con la teatralidad populista como telón de fondo, en un supuesto planteamiento dedicado al bien común, los representantes de la izquierda radical de Madrid, Barcelona, Badalona, Zaragoza, A Coruña, Valencia, Santiago, Pamplona y la carismática Cádiz, entre otros, han ocupado los máximos cargos de responsabilidad en sus respectivos ayuntamientos.

En todos y cada uno de estos gobiernos han aparecido continuos escándalos de diversa índole entre los que destacan las numerosas declaraciones fuera de lugar, así como diversas y continuas ocurrencias y, de forma destacada, la falta de respeto por las instituciones y la mala educación en algunas de las acciones de sus representantes -solo hace falta recordar los polémicos desarrollos de algunos actos o las inverosímiles recepciones oficiales-.

Estos cambios demuestran, una vez más, que el fenómeno político de la izquierda populista -en todas y cada una de las fórmulas literarias por las que se han denominado y presentado sus distintas listas- se ciñen al permanente cambio de rumbo en torno a un sinsentido. Una serie de decisiones y de declaraciones esperpénticas basadas en la ocurrencia y la violencia dialéctica. Todo ello enmascarado por una enorme capa de maquillaje y purpurina.

(Foto: Terrassa Encomun/ Flickr)

(Foto: Terrassa Encomun/ Flickr)

Con partidos instrumentales, creados ex profeso para estas elecciones, los autodenominados `gobierno del cambio’ han ocupado importantes plazas gracias al destacado apoyo puntual de otros representantes de la izquierda -supuestamente moderada y siendo no hace tanto tiempo la alternativa potencial a los gobiernos populares en elecciones de cualquier tipo-, constituyendo ayuntamientos frágiles basados en el cordón sanitario contra el partido mas votado en las urnas.

Significativos son los gobiernos municipales de Madrid y Barcelona. Las dos ciudades más importantes de España y unas de las grandes urbes de Europa se encuentran dirigidas por formaciones de extrema izquierda y de tintes asamblearios. Sus pertinentes plenos municipales están sirviendo de altavoz a las preocupaciones que la izquierda trae consigo en su peligroso inventario político.

La izquierda populista ha abandonado cualquier tipo de propuesta pragmática, algo que se reflejaba ya en los utópicos programas electorales plagados de brindis al sol -pues las medidas al final ni se han llevado a cabo ni se van a tener en consideración-, y que no se preocupan de la gestión real de miles de millones de euros, impuestos y problemas de los ciudadanos y las empresas. La política municipal no puede verse reducida a eliminar símbolos o cambiar el callejero. Lo accesorio no puede vencer a lo capital.

Acabar con los desahucios y con la supuesta privatización de los servicios públicos -con medidas intervencionistas y no de oportunidad real-, garantizar los suministros básicos a todas las familias o desarrollar planes para favorecer el empleo entre los jóvenes y los parados de larga duración eran los buques insignia de sus programas hace escasos meses. Ninguno se ha cumplido de forma efectiva. Por el contrario, los observatorios ciudadanos sobre los políticos y los periodistas, las plataformas de censura, de demonización de los símbolos y de la patria, la paralización de operaciones económicas -legales, ya aprobadas y que benefician al conjunto de la sociedad- o la reapertura de las polémicas de tiempos pasados -emulando a la mejor versión de Zapatero-, han acabado siendo la tarjeta de visita de los ediles y alcaldes de estos ayuntamientos.

La persecución, el acoso y derribo de las políticas que apuestan por la libertad, por el crecimiento y por el desarrollo son, para estas formaciones, los principales objetivos. Una constante mirada al pasado, que ralentiza todos los aspectos de nuestras ciudades, mientras el resto de los españoles intentamos pensar en cómo avanzar con paso firme. Para muchos votantes decantarse por esta izquierda ha sido una forma de purgar sus supuestos pecados, todo ello sin pensar en la oscuridad que trae este populismo emergente, así como el importante sacrificio de las libertades mas básicas que conlleva. Estas taras deben enfrentarse desde una firme oposición por los representantes del centro derecha mediante la oferta de soluciones realistas, leales y honradas.

(Foto: Ahora Madrid / Flickr)

(Foto: Ahora Madrid / Flickr)

Algunas formaciones han creído que desde los ayuntamientos se podía ejercer el control sobre los asuntos nacionales e internacionales, sobre las libertades y los derechos civiles. Pero, en las limitadas decisiones de los consistorios -y no por ello dejan de ser fundamentales para la convivencia y el desarrollo en la vida de los vecinos, de las empresas y en la gestión de los recursos- no se encuentran relaciones con los símbolos nacionales, su historia o, entre otros, con la política monetaria, europea o incluso agraria.

Destacado resulta el empeño de estos grupos municipales por intentar adueñarse de la verdad mediante castigos a las declaraciones y comentarios con las que no se está de acuerdo. Algo que viene a denotar un peligroso carácter totalitario, pero que nos sirve para mostrar la labor de los sibilinos lobos con piel de cordero en los que se han convertido estos representantes y sus socios. Una serie de ideas descabelladas que pretenden señalar y marcar a los enemigos. En definitiva, un posicionamiento en contra de todas las libertades ciudadanas. Olvidar a quien representas y la forma resulta obsceno.

Las propuestas y los comentarios surgidos en estos grupos municipales han traído consigo la política mas limitada y absurda, en una estúpida carrera por el discurso rápido y pueril, con un trasfondo del mal denominado carácter social, por parte de estos los partidos. Si no nos andamos con cuidado no solo será la izquierda la oportunista y otras corrientes podrán verse afectadas. En esto se encontrará la trampa que puede derrumbar los cimientos tras los que se encuentran los esfuerzos de muchas generaciones.

Las políticas populistas tienen el riesgo de contaminar y propagarse rápido, como hemos comprobado ya, a otras formaciones pero, el auténtico temor al que nos enfrentamos los ciudadanos es al contagio de los representantes de los partidos de la libertad y la razón. Estos, antagónicos y lejanos a las ocurrencias del populismo, no pueden dejarse embaucar por las propuestas y los mensajes fáciles a golpe de declaraciones o inventos de cualquier tipo. La política banal y cándida no puede vencer.

Solo una formación unida y agrupada en torno a los principios y valores de la democracia y el liberalismo se puede convertir en una opción que aúne e integre a los ciudadanos que buscan soluciones. En este sentido, es esencial exigir la defensa de las libertades, de los derechos y de sus propuestas mediante la cordura para que  los individuos que forman la realidad de nuestras ciudades se encuentren a salvo. El momento de mostrar la madurez de una sociedad adulta ha llegado, así que no nos rindamos.

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