Un mapa diferente, por Javier Rupérez

Congreso de los Diputados  (© Luis García. Licensed under CC BY-SA 3.0 via Wikimedia Commons)

Congreso de los Diputados (© Luis García. Licensed under CC BY-SA 3.0 via Wikimedia Commons)

Cuando el mapa electoral incluye cuatro posibles ganadores, y no únicamente dos, como hasta ahora venía ocurriendo, caben tantas preocupaciones como esperanzas. Pero antes de enumerar unas u otras, conviene interiorizar lo evidente: la democracia está viva y consiguientemente viva la posibilidad de elección, sin la que la democracia termina por caer en la asfixia de la impotencia.

Tienen razón aquellos que, basándose en la experiencia de las décadas transcurridas desde la muerte de Franco, precavidamente se lamenten de la posible pérdida de estabilidad gubernamental. Pero tanta estabilidad gubernamental nos ha deparado el duopolio del poder en el que sus dos detentadores han instrumentalizado por construir un régimen, ya que no un sistema, donde ha primado el clientelismo, la corrupción, la táctica cortoplacista y el conspicuo abandono de los superiores intereses de la nación. Y, cabe añadir, del propio electorado, con sus cuitas, sus ilusiones, sus frustraciones, sus esperanzas o sus sueños.

“No es la primera vez que los españoles se enfrentan con éxito al reto de lo desconocido”

Un poco de sentido de la grandeza vendría bien de vez en cuando para una clase política convertida en una obediente manada funcionarial más inclinada a contemplar su propia supervivencia, que la de la baqueteada y confusa sociedad española. Los nombres que pueblan el abundante vademécum de la estabilidad tienen la costumbre de impostar el horror al contrario cuando, en el fondo, se han convertido en cromos intercambiables de lo que posiblemente sea el triste final de fiesta de una época y un estilo.

Y con ello no desaparece la estabilidad sino que se abre camino a otra, no menos eficiente pero si mas trabajosa, menos mecánica y consiguientemente más imaginativa, menos dada a la satisfacción de la clientela y forzosamente mas dedicada a promover en la misma sociedad una actitud de colaboración participativa. Esa es la aventura y el riesgo de la nueva geometría, más que nunca necesitadas de una presencia social permanentemente abierta al aplauso o a la crítica, al debate, al consenso o al disenso, pero sobre todo atenta a recuperar para el país lo que la ciudadanía en este momento añora y reclama: la limpieza, la claridad, la eficacia, la cohesión y la unidad de propósito que hacen a los países dignos de ser habitados y a sus habitantes objeto en encomio y envidia.

Constitución 1978  © Barcex. Licensed under CC BY-SA 4.0 via Wikimedia Commons

Constitución 1978 © Barcex. Licensed under CC BY-SA 4.0 via Wikimedia Commons

En los tiempos que se avecinan, según todos los indicios cargados por la novedad de la multiplicación, la clave no estará en el lamento por la leche derramada sino en el juicio que merezcan los nuevos electos para conjugar las necesidades de una comunidad en trance de diversificar los objetos de sus preferencias electorales.

Y en el viaje, que seguramente contemplará desplazamientos y nuevas ubicaciones, conviene recordar la necesidad de atenerse a los paradigmas que han hecho a la nación española y al mundo en que nos ha correspondido vivir el espacio de libertades y de, al menos relativa, prosperidad mejor que los siglos recuerdan. El nuestro, conviene adelantarlo, está en el espíritu y en el texto de la Constitución de 1978, en la continuada reclamación de su vigencia, en el recordatorio de su oportunidad y en la negativa a alterar sus parámetros fundamentales. Precisamente aquellos que están haciendo posible que los españoles, ciudadanos libres e iguales de una nación indivisible, prefieran tener más opciones de las que hasta ahora les ofrecía el pastel partidista.

Y el paradigma mundial, al que España se debe desde el mismo momento en que realizó su transición hacia la democracia, incluye la supremacía de los sistemas basados en la opinión publica, en el respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales, en el funcionamiento de un sistema de mercado, en el respeto, en fin, de las normas del derecho internacional contenidas en la Carta de la Naciones Unidas y en el Acta Final de Helsinki.

Es cierto: tenemos ante nosotros la incertidumbre de un nuevo paisaje. No es la primera vez que los españoles se enfrentan con éxito al reto de lo desconocido. ¿Qué otra cosa al fin y al cabo fue la modélica transición hacia la democracia, para admiración de propios y extraños y siempre guía de nuestros recuerdos y comportamientos? Y aquel fue sobre todo el tiempo del pueblo español. Como lo vuelve a ser ahora. Que nadie pretenda ensuciarlo con las cantilenas del temor o las gastadas arengas de los gerifaltes de antaño. Nos sobran los cínicos, los pusilánimes, los sabelotodo. Nos faltan los políticos con visión estratégica, voluntad de liderazgo y capacidad de entrega. No hay ninguna razón para pensar que los españoles no puedan encontrarlos. Están entre ellos. Entre nosotros.

 Javier Rupérez

[Embajador de España]

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floridablanca_final_round_azul_smallFloridablanca pregunta

¿Está la estabilidad del país amenazada con un posible fin del bipartidismo? ¿El protagonismo de nuevas opciones políticas enriquece el debate o lo hace encallar? ¿La entrada de nuevos partidos terminará con el clientelismo o sólo continuará bajo nuevas siglas?


 

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