Terrorismo y CUP, por Javier Rupérez

No hace falta ir muy lejos para descubrir que, con una u otra formulación, el terrorismo es descrito como una “forma violenta de lucha política mediante la cual se persigue la destrucción del orden establecido o la creación de un clima de terror e inseguridad susceptible de intimidar a los adversarios o a la población en general”. De hecho, el Código Penal español en su versión de 1995 y en la más reciente reforma de 2015, en su capítulo VII, título XII, libro II, artículos del 571 al 580, recoge y amplia esa idea para otorgarle forma jurídica en nuestro ordenamiento legal. Sus detalles, que merecen amplia y profunda lectura y contundente aplicación, recogen las experiencias nacionales e internacionales en la lucha contra esa plaga, tanto en sus versiones nacionalistas como religiosas, y pretende, como no podía ser menos, poner a coto a esa forma tan criminal como insidiosa de convertir la acción delictiva en narración épica.

Los de la CUP que andan por las calles de algunas ciudades españolas, quizás no por casualidad gobernadas por ayuntamientos cercanos a sus planteamientos ideológicos, quemando autobuses, pinchando bicicletas y montando algaradas anti turísticas no pueden ser tenidos por muchachos descarriados sin oficio ni beneficio sino como lo que sus propias pancartas indican: huestes aguerridas que con la violencia pretenden alterar el orden constitucional vigente y la consiguiente paz ciudadana. Eso no es una broma juvenil sino una manifestación de terrorismo, por sus formas y por sus intenciones. Y si alguien busca la prueba del algodón no tiene más que dirigirse al mundo de terrorismo nacionalista vasco, en sus versiones Bildu, Sortu o simplemente Otegui, para comprobar la satisfacción solidaria que esa nueva “kale borroka” provoca en sus filas.

Claro que la fachada de la barbarie, la llamada “turismo fobia”, provoca alarma entre todos aquellos que con razón temen por las correspondientes pérdidas económicas en un sector fundamental de la vida española. Pero convendría que nadie se confundiera: estamos ante una nueva e incipiente manifestación terrorista. Bien harían los responsables correspondientes en tomar nota. Naturalmente empezando por todas aquellas fuerzas políticas que, como en el ayuntamiento de Barcelona, comparten lecho con la CUP: BComú, ERC y PSC. A cada cual lo suyo.

Javier Rupérez

EMBAJADOR DE ESPAÑA, DEL CONSEJO ASESOR DE FLORIDABLANCA

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