Sectarismo y sangría en la sanidad, por Julián Illana

Artículo originalmente publicado el 11 de junio en Actualidad Económica


Provengo de una familia de cirujanos-barberos. Durante varios siglos, en distintas zonas de la provincia de Cuenca, mis antepasados ejercían labores relacionadas con esta profesión: extraían muelas, rasuraban la barba, blanqueaban los dientes con aguafuerte, realizaban pequeñas cirugías y aplicaban sangrías para “tratar” determinadas patologías. No eran médicos, pero, en las zonas rurales, eran las personas más capacitadas para dar atención sanitaria a la población.

Coincidiendo con la primavera, era bastante común que la gente acudiera a hacerse una sangría, pues se creía que sacando el exceso de sangre se equilibraban los “humores” del cuerpo y así se era más resistente ante las enfermedades.El paciente debía sumergir el brazo en agua caliente para que las venas resaltaran y apreciarlas mejor. Luego, el paciente se agarraba con fuerza a un poste donde las venas se hinchaban y el barbero hacía una incisión en la vena elegida (cada una era asociada a un órgano) para que la sangre brotara y cayera en un recipiente, que hacía las veces de medidor de la cantidad de sangre extraída, llamado sangradera.

Cuando los cirujanos-barberos ya no eran ambulantes y se establecían en un local, adoptaban como símbolo para colocar en sus puertas y que la gente los reconociera un cartel con una mano levantada de la que chorreaba sangre que caía a la sangradera.

Como las manchas de sangre del poste no resultaban especialmente agradables para los clientes, el poste se pintaba por completo de rojo y en él se ataban trozos de venda blancas para dejarlas secar después de los procedimientos. Entonces el gremio decidió cambiar el reclamo de sus fachadas y, en lugar de la mano chorreando sangre, colocaron el poste blanco y rojo que era más discreto para señalizar su establecimiento.

En algunas peluquerías tradicionales, aún pueden verse unos postes de barbero que identifican la actividad que se realiza dentro del local. Se trata de unas barras giratorias que tienen dibujadas tres tiras oblicuas de color blanco, azul y rojo.

La sociedad ha cambiado enormemente desde entonces. Ahora, los ciudadanos enfermos son votantes y contribuyentes. Desean conocer cuál es el destino de sus impuestos y cada vez exigen una mejor atención, pero no son conscientes, en su mayoría, de que el gasto sanitario es una sangría en el presupuesto de una nación como la nuestra. Cada año se destina más parte del presupuesto a la sanidad sin que mejoren los datos de calidad asistencial. Las autonomías son responsables de gran parte del gasto público y de casi la totalidad del gasto social. Sanidad y educación están transferidas, pero para pagar estas competencias las comunidades reciben de la Administración central un envío de dinero, recaudado vía impuestos, que supone aproximadamente un 70% del total. El resto se obtiene de tasas y otras figuras impositivas administradas por las propias regiones.

El pasado 1 de abril, el hospital de Alzira dejó de ser gestionado por el grupo Ribera Salud y pasó a manos de la Consejería de Salud de la Comunidad Valenciana. En el Acuerdo del Botánico, los partidos PSOE, Compromís y Podemos firmaron un pacto de gobierno en el que figuraba el compromiso electoral de no prorrogar la concesión de las áreas de salud gestionadas por la citada empresa.

Para demostrar que era necesaria esta actuación, solicitaron un informe a la Sindicatura de Cuentas. Las conclusiones generales están en la página 9, siendo la principal que el modelo de concesión ahorra un 25% a la Administración y ofrece mejor atención a los ciudadanos. El resto del informe señala que:

—En cuanto a la cartera de servicios (página 16), se puede comprobar que las concesiones tienen una media de 67 servicios; la Comunidad Valenciana, 48 de media en los comarcales, y en Alzira, en concreto, se tienen 74 especialidades, superando a cualquier hospital público de su categoría.

El porcentaje de pacientes satisfechos por departamento es superior en las concesiones, que están por encima de la media de la comunidad (página 56). Vinalopó es el departamento con mejor tasa de satisfacción.

Las concesiones tienen una menor demora media que el resto en atención quirúrgica (página 60), consultas externas (página 62) y porcentaje de pacientes atendidos en tiempo en urgencias (página 63).

—Los hospitales con modelo de concesión cuentan con una mayor dotación tecnológica (página 106).

—Las concesiones tienen menor cápita en la comparativa gasto sanitario per cápita concesiones-media de la comunidad (página 135).

—En lo relativo a la comparativa Departamentos Dotación Tecnológica (número de equipos en funcionamiento), Ratio de equipos por 100.000 habitantes, las concesiones tienen mayor dotación, y en cuanto a la valoración del Equipamiento Tecnológico, la concesión de Alzira ocupaba el segundo puesto de la comunidad, solo superada por el gran hospital de referencia de toda la autonomía, que es La Fe (página 138).

Las concesiones ocupan cuatro de los cinco primeros puestos de los 22 departamentos en la consecución de objetivos de salud, de acuerdo a los indicadores contemplados en los Acuerdos de Gestión de la Consejería de Sanidad, que miden más de 30 indicadores de calidad y eficiencia (página 145). Por lo tanto, no son solo factores de calidad percibida lo que hace que los pacientes estén más satisfechos.

Por si esto fuera poco, la memoria de la Consejería de Sanidad de la Comunidad Valenciana recoge datos interesantes como:

—La cartera de servicios del hospital de La Ribera es la cuarta mayor de toda la provincia de Valencia, solo superada por La Fe, el Clínico y el General (página 181).

—La Ribera tiene el menor índice de intervenciones quirúrgicas suspendidas de toda la Comunidad Valenciana (página 192).

—Por último, la Ribera es el tercer hospital de la Comunidad Valenciana con menor índice de cesáreas (página 196).

La Consejera de Sanidad de la Comunidad Valenciana afirmó en una reciente entrevista que la concesión a Ribera Salud “no sale más barata al contribuyente ni aporta más calidad asistencial”. Los datos no apoyan esa visión. Los beneficios de la gestión privada han sido confirmados por el propio gobierno valenciano, como demuestran la Memoria de Actividad de la Consejería de Sanidad y el Informe de la Sindicatura de Cuentas encargado por la actual consejería, pero también en numerosos informes realizados por prestigiosas instituciones como la Universidad de Berkeley o la Pompeu Fabra. El modelo de Ribera Salud es un caso de éxito que se estudia desde hace tres años en la Universidad de Harvard, y la más prestigiosa entidad certificadora internacional, la Joint Comission International, ha acreditado con su sello de calidad a varios de sus centros sanitarios.

El análisis anterior muestra que el motivo de la no renovación del contrato concesional a Ribera Salud del hospital de Alzira es estrictamente ideológico. No son capaces de analizar los datos y de buscar lo mejor para los ciudadanos; se limitan a decidir qué es bueno y qué es malo en consonancia con su marxismo trasnochado. Ahora que Dinamarca, Suecia o Reino Unido están dando pasos hacia una gestión más eficiente promoviendo reformas de corte liberal, en España algunos dirigentes se limitan al cortoplacismo electoral, aunque suponga un perjuicio evidente y demostrable a los ciudadanos. Recientemente se ha anunciado la contratación de 303 empleados más para el hospital de Alzira y se ha calculado que el gasto destinado será de unos 50 millones de euros más que en 2017. Habrá que esperar hasta el informe anual de la Consejería para saber si estas decisiones suponen unos mejores datos asistenciales.

La ley 15/97 permitió la aparición de nuevas formas de gestión sanitaria en nuestro Sistema Nacional de Salud. Esta ley fue aprobada en el Parlamento con los votos a favor de PP, PSOE, PNV, CiU y CC. En ella, se establecía que los hospitales y centros sanitarios podrían ser gestionados por cualquier tipo de entidades existentes conforme a derecho. En España conviven diversos modelos de gestión privada. Los más criticados y perseguidos son los existentes en la Comunidad Valenciana y en Madrid, aunque existan muchas otras fundaciones o consorcios sanitarios que gestionan centros en Asturias, La Rioja, Baleares, Andalucía y, sobre todo, en Cataluña.

En el complicado mundo de la gestión sanitaria, nos pierde el eterno debate, la eterna lucha ideológica. Es innecesaria. La mejor política sanitaria es aquella que consigue que la población tenga unos magníficos resultados en salud. Esperemos que, con el tiempo, podamos ver un pacto por la Sanidad entre las principales fuerzas políticas para lograr una planificación de la salud basada en criterios profesionales, y no en deseos de venganza o en discursos vacíos de contenido pero cargados de ridículo populismo. Hagamos posible que con la alternancia en la política sanitaria, al igual que en los postes de barbero, el rojo y el azul no resulten incompatibles sino complementarios.

   Julián Illana RodríguezApp-Twitter-icon

Médico de Familia y Gestor Sanitario, del equipo de Floridablanca

 

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