Antonio Maura

Octubre 28, 2015
(Foto: Kaulak, Creative Commons)

(Foto: Kaulak, Creative Commons)

Antonio Maura y Montaner nace el 2 de mayo de 1853 en un caserón del barrio palmesano de intramuros periférico, en La Calatrava. Nadie debió de pensar entonces los encomiables logros que cosecharía en su vida pública y personal aquel niño. En aquella isla de Mallorca, aislada por la geografía y por el idioma, casi más pendiente del comercio con las costas francesas que el que le podía brindar nuestra península, se hacía muy difícil el trasvase de sus habitantes a Madrid. La muerte de su padre, cuando tan sólo contaba 12 años, forzará su marcha a  estudiar a leyes a la capital del Reino en momento político convulso: la caída de Isabel II en septiembre de 1868, con “La Gloriosa”.

Tras momentos de dudas, pues pensó formarse en ciencias, se matricula en derecho. Será la biblioteca de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación donde se forme como el brillante jurista -sobre todo en laudos, dictámenes y arbitrajes así como el más amplio derecho de familia- que llegó a ser. Sus comienzos, en el bufete de Manuel Silvela y en el de Germán Gamazo le sumergen en las corrientes codificadoras, llegando a ser, años más tarde, presidente de la sección de derechos forales de la Comisión de Codificación. Pero, sobre todo, le permitieron entrar en contacto con la familia Silvela, liberal-conservadora y con los Gamazo, liberal-fusionistas, que representaban los intereses agrarios del campo castellano. Por ello su irrupción en la política representando a los liberales fusionistas en 1881 como diputado a Cortes por la circunscripción electoral de donde era originario, Palma de Mallorca, no le fue extraña. A esta circunscripción empleó sus afanes durante cuarenta y dos años, hasta el cierre del Parlamento por el general Primo de Rivera en 1923. Fue un convencido de la utilidad del Parlamentarismo, llegando a ser vicepresidente del Congreso. Era defensor del turno de partidos, la maquinaria que don Antonio Cánovas del Castillo puso en marcha con don Práxedes Mateo Sagasta. Y lo era por la estabilidad que confería al régimen de la Restauración durante la regencia de doña María Cristina. Estabilidad necesaria para evitar los embates políticos que vivió en sus primeros años en la capital, durante el Sexenio Revolucionario.

Antonio Maura joven (Foto: Mundo Gráfico, Madrid, Spain, 1925–12–16)

Antonio Maura joven (Foto: Mundo Gráfico, Madrid, Spain, 1925–12–16)

Destacará en el partido liberal fusionista muy pronto. Su juventud no es óbice para que Sagasta le proponga un ministerio, que rechaza, en 1889. Aceptará la cartera de Ultramar en 1892 y se embarca, siguiendo su afán regeneracionista, en un proyecto de Ley para dar autonomía a Cuba y Puerto Rico. Para impulsar sus empeños se constituye el partido reformista cubano. Su convencimiento en la necesidad de concienciar y activar la participación cívica de la ciudadanía, lo que él llamaba “la masa neutra”, le hacen querer reformar la administración municipal en la gran Antillla y Puerto Rico. El proyecto fue rechazado por el Congreso por ser excesivamente avanzado. Dimite en 1894. Durante cinco meses en 1894-95, ejerce su vocación de jurista como Ministro de Gracia y Justicia. La inestabilidad de los gobiernos del turno hace que no logre frutos en tan corto plazo de tiempo. En junio de 1902, tras la muerte de Germán Gamazo, esta facción del partido liberal fusionista se pasa al partido liberal-conservador, siendo su representante máximo Maura a partir de 1903, tras su Ministerio de Gobernación. Éste ha pasado a la historiografía como el que organizó unas elecciones ejemplarmente limpias, en las que pretendió “el descuaje del caciquismo”- otro de sus grandes empeños.

Ya como jefe del partido liberal-conservador en 1903 -tras la dimisión de Francisco Silvela- enarbola sus ideas en el primer gobierno del que preside el Consejo de ministros durante el año 1904: Tras el desastre del 98, hay que aplicar políticas contundentes, “La revolución desde arriba” para poder hacer reformas “rápidamente”, “brutalmente”. Concienciado de la importancia de la Marina, aporta sus tres leyes fundamentales para recomponer nuestra Escuadra y desarrollar nuestra industria naval, hasta entonces en manos del Reino Unido. Su convicción de regenerar la administración le hace preparar y discutir en las Cortes, muy largamente, su ley de Administración Local. Preocupado por dar a conocer a la nación al joven Rey Alfonso XIII prepara un viaje a Cataluña pese a las advertencias de su peligrosidad. El viaje será un éxito y continúa en las Baleares, en Levante y Andalucía, pero tendrá un atentado anarquista en Barcelona.

(Foto: Bibliothèque nationale de France)

(Foto: Bibliothèque nationale de France)

Miembro de número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, la presidirá en dos ocasiones; en 1903 ingresará como académico de número en la Real Academia Española, con un discurso sobre la oratoria, él, admirador de Demóstenes, que llegó a Madrid sin apenas hablar castellano ya que se educó en el habla vernácula de Mallorca. Su actitud vital, algo senequista, le llevó a no querer leer su discurso de ingreso como miembro de número en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas pues consideraba que estando en política activa era poco ético. Aceptó y preparó su discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, por sus extraordinarias dotes de acuarelista, sobre la protección jurídica del patrimonio histórico.

Su “gobierno largo” transcurre desde enero de 1907 hasta octubre de 1909 cuando cae a consecuencia de los sucesos de la Semana Trágica de Barcelona. Ese gobierno fue su intento de desarrollar legislativamente los cambios que necesitaba la sociedad española del momento que tenía un altísimo grado de analfabetismo. Su legislación social: la ley de Huelga, la ley del Descanso Dominical, la génesis del Instituto de Reformas Sociales y del Instituto Nacional de Previsión, la ley de Emigración; la discutida Ley de Administración Local… Esta serie de medidas querían regenerar España e industrializarla para trasladar al resto de la nación el desarrollo que iba adquiriendo Barcelona, pese a su inestabilidad por los conflictos sociales. Como consecuencia del movimiento del “Maura, No”, tras la Semana Trágica, tiene su segundo atentado anarquista en Barcelona en julio de 1910.

Su política exterior no fue expansionista, sino más bien defensora del “status quo” que las potencias europeas nos brindaron en el Protectorado de Marruecos y que tuvimos que mantener con un coste altísimo. Fue un convencido de la importancia de mantener relaciones fluidas con estas potencias aunque apoyó nuestra neutralidad en la guerra del 14, y fue gran defensor de fomentar vínculos con la América hispana así como el pueblo sefardita.

Composición fotográfica de Kaulak en la que se superpone la fotografía del político español Antonio Maura a la portada del periódico La Época en la que se anuncia su renuncia como líder del Partido Conservador

Composición fotográfica de Kaulak en la que se superpone la fotografía del político español Antonio Maura a la portada del periódico La Época en la que se anuncia su renuncia como líder del Partido Conservador

A partir de 1913, al dejar la presidencia del partido conservador en manos de Eduardo Dato, el Maura de “la revolución desde arriba” del “descuaje del caciquismo”, se convierte en el Maura “bombero de la Monarquía“, el del “por mí no quedará”. Surge en Zaragoza capitaneado por Antonio Goicoechea y por Ángel Ossorio y Gallardo el movimiento ciudadano que le apoya: el Maurismo, con una destacable organización a través de los Centros Instructivos y Mutualidades Obreras.

Dirigirá desde ese año hasta su muerte la Real Academia Española y presidirá el Consejo de ministros de tres gobiernos más. Primero el gobierno nacional de 1918, tras la grave crisis institucional que se padecía. Al ser un convencido de incorporar a Cataluña a la gobernabilidad de la nación, ofrece dos carteras a figuras del catalanismo: Francesc Cambó y Juan Ventosa. Presidirá a todos los líderes dinásticos: Eduardo Dato, Manuel García Prieto, al conde de Romanones, Santiago Alba. Adquiere, por ello, una autoridad no equiparable a ningún otro político. Los otros dos gobiernos que preside son uno en 1919 y en 1921 el gobierno de concentración nacional, tras el Desastre de Annual. Este último gobierno llega hasta marzo de 1922, pero al ser gobiernos de emergencia, de corta duración en el tiempo, no se puede desarrollar una política legislativa homogénea.

De ahí a su muerte transcurren algo más de tres años en los que no deja de tener intervención política aconsejando al movimiento maurista cuando se le reclama. Evacuando dilemas de este movimiento por la llegada de la dictadura de Primo de Rivera, la censura intercepta un escrito suyo donde se trasladaba su opinión sobre qué régimen se podría establecer que respetase los principios democráticos de participación ciudadana, lo que hace que el dictador se planteé procesar a Maura en reunión del Consejo de ministros del 7 de agosto de 1924. Cuando le llega la muerte repentinamente el 13 de diciembre de 1925 sus mejores afanes los dedicaba a dirigir la Real Academia Española.

Convencido legalista y dinamizador del civilismo en una sociedad que se abría a la participación popular, fue un defensor del Parlamentarismo. Su pulcritud y ética fueron descalificadas por algunos como arrogancia y soberbia. Sus desvelos le recompensaron con ser investido caballero del Toisón de Oro en junio de 1920.

Alfonso Pérez-Maura de la Peña | secretario general de la Fundación “Antonio Maura
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