Friedrich A. Hayek

Abril 10, 2015

hayek-colorPocos autores han sido tan importantes y vehementes en la defensa de las ideas de la libertad como Friedrich August von Hayek (Viena 1899-Friburgo 1992). Quizá el intelectual más influyente en el pensamiento liberal desde la Segunda Guerra Mundial hasta nuestros días, F.A. Hayek fue autor de referencia de líderes como Ronald Reagan o Margaret Thatcher, y sus ideas y obras han marcado e influenciado el pensamiento político de millones de personas en el mundo. A lo largo de su larga vida, Hayek desarrolló una incansable labor divulgativa sobre la importancia de la defensa de las libertades individuales, la preservación de las sociedades libres y abiertas y de la economía de libre mercado, labor que impregna todas y cada una de sus obras y conferencias, así como las diversas asociaciones y fundaciones para la divulgación de las ideas liberales que contribuyó a crear y desarrollar, como la célebre Mont Pelerin Society o el Mises Institute.

La miseria de la Viena de postguerra provocó un fuerte impacto en el joven Hayek, e hizo que fuera un pensador con una enorme conciencia social, que estudió economía y desarrolló sus obras -como él mismo siempre afirmó- desde la firme voluntad de mejorar las condiciones de vida de las clases más desfavorecidas. En sus inicios universitarios se sintió atraído por las ideas socialistas, las cuales parecían ofrecer una rápida solución al problema de la pobreza, considerándose a sí mismo un “socialista fabiano”. Pero en la Universidad de Viena sucedió un acontecimiento que marcaría su vida y su pensamiento: asistir a las clases y ser alumno y pupilo aventajado de otro grandísimo referente liberal como Ludwig Von Mises. Fue este último quien se ganó al joven Hayek para la “causa de la libertad”, como él la llamaba. La lectura de la obra “Socialismo” de Mises en 1922 le infñuyó profundamente y le hizo abrazar las ideas liberales de la escuela austríaca de economía. Como el propio Hayek reconoció: “Para ninguno de los jóvenes que leímos ese libro cuando apareció el mundo volvió a ser igual”.

Despuntó muy pronto como uno de los académicos más brillantes de la Universidad, y en 1931, el economista británico Lionel Robbins le invitó a ocupar un puesto académico en la prestigiosa London School of Economics. Allí ganó pronto cierto renombre y sus fervientes ideas de defensa de la libertad económica y del libre mercado, y su crítica al intervencionismo estatal hicieron que se le considerara el natural rival y antagonista intelectual del por aquel entonces ya gigante John Maynard Keynes. Las dificultades económicas en la Europa de Entreguerras y, posteriormente, de la Segunda Gran Guerra y su terrible postguerra, hicieron que las ideas de Keynes se impusieran en la práctica. El pueblo demandaba acciones directas de los gobernantes y del Estado para mejorar las difíciles condiciones que atravesaba, y la propaganda contra el libre mercado y la economía capitalista, a quien se achacaban todos los males de la Crisis del 29 y de las condiciones de los ciudadanos con menos recursos, calaron hondamente en las sociedades occidentales. El socialismo avanzaba no sólo en los países socialistas sino también en el seno de las democracias liberales. A izquierda y a derecha los partidos políticos proclamaban eslóganes consistentes en un aumento del tamaño y las competencias del Estado hasta entonces nunca visto.

Ludwig Von Mises y Friedrich Hayek

Ludwig Von Mises y Friedrich Hayek

En 1944, en este contexto, publica Hayek un libro destinado a hacer historia y, sin duda alguna, uno de los libros más influyentes de nuestro tiempo: The Road to Serfdom (Camino de Servidumbre).[1] Y no sin intención,  lo dedicó “a los socialistas de todos los partidos”. El propósito del libro es alertar sobre los riesgos que entraña el aumento del control de la economía por parte del Estado y a demostrar que la planificación económica conduce necesariamente al totalitarismo, es el camino inequívoco a la servidumbre. Capítulo tras capítulo, Hayek ofrece en él argumentos que demuestran cómo la libertad económica y la libertad con mayúsculas van inseparablemente unidas de la mano, y cómo no se puede coartar la una sin acabar con la otra. El retroceso de la economía de libre mercado y de los mecanismos de control del poder de las democracias liberales, en aras de un Estado del bienestar omnipresente que planifique y controle nuestras vidas, están necesariamente unidos a la pérdida de las libertades y al avance del totalitarismo.

Para Hayek, dejar la economía en manos de un planificador central supone renunciar a la libertad en aras de una supuesta igualdad de resultados: “La supuesta liberación económica que los planificadores nos prometen significa precisamente que seremos relevados de la necesidad de resolver nuestros problemas económicos y que las penosas elecciones que éstos a menudo exigen serán hechas para nosotros. Como, bajo las condiciones modernas, para casi todas las cosas dependemos de los medios que nuestros semejantes nos suministran, la planificación económica exigiría la dirección de casi todo en nuestra vida”[2].

El Estado de Derecho es la garantía de la libertad en lo político, y de la economía de libre mercado en lo económico, de manera que “El principio rector que afirma no existir otra política realmente progresista que la fundada en la libertad del individuo sigue siendo hoy tan verdadero como lo fue en el siglo XIX.”[3] Aunque Hayek siempre se definió a sí mismo como un liberal clásico, y llegó a polemizar con autores conservadores como Michael Oakeshott a través de ensayos como su célebre Por qué no soy conservador, el libro tuvo una trascendencia enorme en todo el espectro liberal-conservador de los países anglosajones, influyendo a multitud de dirigentes y miembros destacados de los partidos Republicano en EE.UU y Conservador británico. En Estados Unidos, se convirtió en el libro de referencia de la denominada posteriormente Revolución Conservadora Americana, el movimiento que comenzó en los años 30 y culminó con la llegada al poder de Ronald Reagan en 1980.

Camino de Servidumbre tuvo un importante impacto entre la intelectualidad americana. A los meses de su primera publicación, Readers Digest lanzó un millón de ejemplares que se distribuyeron por todo el país, y Hayek estaba dando conferencias por toda la geografía de los EE.UU. Las críticas no podían ser mejores desde las filas liberal-conservadoras: “Uno de los mejores libros de nuestra generación, comparable a Sobre la Libertad de Stuart Mill” (Henry Hazzlit), “Una de la mayores declaraciones liberales clásicas de nuestra era” (John Davenport), “Un antes y un después en una era crítica, como los Derechos del Hombre, de Thomas Paine” (Mortimer Smith).[4] La red de think tanks liberales clásicos y conservadores de Washington difundieron su pensamiento y lo tomaron como un autor de referencia desde entonces hasta nuestros días. Al otro lado del Atlántico, la propia Margaret Thatcher escribiría más tarde que “la más poderosa crítica de la planificación socialista y del Estado socialista que nunca había leído hasta entonces (final de los años 40), y al que desde entonces siempre he vuelto a menudo es Camino de Servidumbre de F.A. Hayek”.

Friedrich Hayek, (Wikimedia Commons)

Friedrich Hayek, (Wikimedia Commons)

Junto a sus trabajos puramente económicos, gracias a los cuales obtuvo el Premio Nobel de Economía en 1974, Hayek publicó otras obras de gran influencia, como The Constitution of Liberty en 1960 (Los fundamentos de la libertad), en la que describe cuál ha de ser el rol del Gobierno y el funcionamiento del Estado en una sociedad libre, Law, Legislation and Liberty, tres volúmenes publicados de 1973- a 1979, (Derecho, Legislación y Libertad) o, mucho más tarde, en 1988, The Fatal Conceit (La Fatal Arrogancia), todos ellos de gran difusión y en los que desarrollo sus ideas sobre el orden espontáneo y la asignación de los recursos en el libre mercado, o sobre cómo han de funcionar las instituciones en las sociedades libres, han influenciado a muchos otros autores liberales que vinieron detrás de él, y sentaron las bases de un nuevo resurgir del liberalismo clásico en el mundo académico, económico y político.

Hayek, a diferencia de la mayoría de los autores de su tiempo, creía que la sociedad libre y los millones de decisiones individuales que las personas toman a diario y constituyen aquello que llamamos el libre mercado, y la garantía de la libre competencia y la defensa de la propiedad privada, son instrumentos mucho más efectivos para generar riqueza que la intervención del Estado y de la clase política. Creía que los individuos que interactúan e intercambian bienes y servicios en una sociedad libre son más capaces de regir sus propios destinos que una burocracia que tomara todas las decisiones por ellos. Creía que la mejor manera de mejorar las condiciones de vida de los más pobres era mediante un sistema político y económico que incentivara al individuo a emprender y a crear riqueza en igualdad de oportunidades y compitiendo libremente con los demás. Creía en un Estado que velara por el mantenimiento de unas condiciones iguales para todos, que fomentara la iniciativa privada, eliminara los privilegios e incentivara al emprendedor y al trabajador, frente a otros modelos en los que los altos impuestos y la excesiva burocracia asfixian la iniciativa privada o, peor, frente a los modelos que en aras de buscar la supuesta igualdad material acaban con la libertad.

En Floridablanca creemos que sus obras e ideas merecen ser revisitadas quizá hoy más que nunca, teniendo en cuenta el nuevo resurgir de aquellas viejas ideas que Hayek tanto combatió, y que vuelven a aparecer bajo nuevas máscaras y eslóganes en varios países Europeos, que vuelven a amenazar nuestras libertades como en los tiempos que vivió el maestro austríaco.

Quisiéramos también reivindicar Camino de Servidumbre como un libro fundamental, que debiera ser leído, releído y estudiado, aunque sólo fuera para inmunizar a las presentes y futuras generaciones contra la amenaza que para las libertades constituyen determinadas ideas, y preservar la cultura de la libertad y la sociedad abierta en la que vivimos. El siguiente fragmento de dicho libro, publicado en 1944, cuando la libertad se encontraba más amenazada que nunca en Europa, constituye a nuestro juicio un buen ejemplo de su obra y su pensamiento:

“El Estado de Derecho sólo se desenvolvió conscientemente durante la era liberal, y es uno de sus mayores frutos, no sólo como salvaguardia, sino como encarnación legal de la libertad. Como Immanuel Kant lo dijo (y Voltaire lo había expresado antes que él en términos casi idénticos), “el hombre es libre si sólo tiene que obedecer a las leyes y no a las personas”. Pero como un vago ideal, ha existido por lo menos desde el tiempo de los romanos, y durante los siglos más próximos a nosotros jamás  ha sido tan seriamente amenazado como lo es hoy. La idea de que no existe límite para el poder del legislador es, en parte, un resultado de la soberanía popular y el gobierno democrático.

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Se ha reforzado con la creencia en que el Estado de Derecho quedará salvaguardado si todos los actos del Estado están debidamente autorizados por la legislación. Pero esto es confundir completamente lo que el Estado de Derecho significa. Éste tiene poco que ver con la cuestión de si los actos del Estado son legales en sentido jurídico. Pueden serlo y, sin embargo, no sujetarse al Estado de Derecho. La circunstancia de tener alguien plena autoridad legal para actuar de la manera que actúa no da respuesta a la cuestión de si la ley le ha otorgado poder para actuar arbitrariamente o si la ley le prescribe inequívocamente lo que tiene que hacer. Puede ser muy cierto que Hitler obtuviera de una manera estrictamente constitucional sus ilimitados poderes y que todo lo que hace es, por consiguiente, legal en sentido jurídico. Pero ¿quién concluiría de ello que todavía subsiste en Alemania un Estado de Derecho?

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Decir que una sociedad planificada no puede mantenerse el Estado de Derecho no equivale, pues, a decir que los actos del Estado sean ilegales o que aquélla sea necesariamente una sociedad sin ley. Significa tan sólo que el uso de los poderes coercitivos del Estado no estará ya limitado y determinado por normas preestablecidas. La ley puede y, para permitir una dirección central de la actividad económica, tiene que legalizar lo que de hecho sigue siendo una acción arbitraria. Si la ley dice que una cierta comisión u organismo puede hacer lo que guste, todo lo que aquella comisión u organismo haga es legal; pero no hay duda de que sus actos no están sujetos a la supremacía de la ley[5]. Dando al Estado poderes ilimitados, la norma más arbitraria puede legalizarse, y de esta manera una democracia puede establecer el más completo despotismo imaginable.

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Si,  por consiguiente, las leyes han de permitir a las autoridades dirigir la vida económica, deben otorgarles poderes para tomar e imponer decisiones en circunstancias que no pueden preverse y sobre principios que no pueden enunciarse de forma genérica. La consecuencia es que cuando la planificación se extiende, la delegación de poderes legislativos en diversas comisiones y organismos se hace mayor cada vez”.

Fígaro | pseudónimo

Notas

[1] Friedrich A. Hayek, Camino de Servidumbre, (Alianza Editorial, 2002).

[2] Friedrich A. Hayek, Camino de Servidumbre, (Alianza Editorial, 2002). 126-127

[3] Ibid., 287.

[4] George Nash, The Conservative Intellectual Movement in America Since 1945. (Basic Books, 1976)

[5] Friedrich A. Hayek, Camino de Servidumbre, (Alianza Editorial, 2002). 115-117

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