¿Qué ha pasado y qué puede pasar ahora?, por Ben Harris-Quinney

¿En qué momento unos resultados electorales inesperados comienzan a ser previsibles? Los últimos doce meses nos han colmado de resultados inesperados, todos ellos aparentemente impredecibles.

Una premisa que podría haber ayudado a predecirlos, por lo menos en lo que hace al Reino Unido y a EE.UU., es que la política de la “tercera vía” centrista inventada por Blair y Clinton está acabada.

Pero la clase política, naturalmente, continúa negándose a admitir lo evidente y se sorprende, una y otra vez, al comprobar que la falta de visión es castigada por el electorado. De hecho, ya están intentando reescribir la historia a la desesperada, aduciendo que May perdió porque apoyó el Brexit y se había escorado en exceso a la derecha. Lo curioso es que cuando los ciudadanos veían en May a la principal defensora de algunos valores conservadores y del Brexit, la intención de voto que las encuestas le daban estaba por las nubes. Como demuestra la cronología de los hechos, fue el lanzamiento del desastroso manifiesto Tory lo que representó un torpedo en la línea de flotación de la campaña de May.

Una campaña que ha revelado lo que sucede al despojar al Partido Conservador de sus esencias y cuyos resultados son producto del creciente desdén que sus líderes sienten por sus miembros y votantes; una deriva que comenzó en 2005, cuando Cameron tomó el timón de la nave. Desde entonces, el Partido no ha sido gobernado por conservadores, sino por personas que creen que el pensamiento conservador puede incluso ser peligroso. Para sus propios intereses. Después de todo, es ese pensamiento el que llevó al Brexit y a tres gobiernos de Margaret Thatcher, unos acontecimientos que suelen poner a los chicos de Notting Hill en el paro.
De ahí que, durante la última década, el Partido Conservador haya visto cómo el número de afiliados, otrora el mayor del mundo, se ha reducido hasta convertirse en la sexta parte del      que tiene el Partido Laborista, y cómo los políticos y asesores de sólidas convicciones conservadoras han sido relegados a sus márgenes. Solo el auge del UKIP en 2013 tras la aventura de Cameron con los matrimonios homosexuales hizo que los asustadizos jefes del Partido tomaran medidas: promover el referendo sobre la permanencia en la UE, enviar a jóvenes universitarios londinenses al interior del país para explicar a las bases lo que debían o no hacer—la perfecta receta para el fracaso—, y tratar de meter debajo de la alfombra los escándalos del “Tatler Tory” y de la financiación electoral del partido.

Mientras se sucedían estos despropósitos, el que por entonces era considerado como un comunista sin ninguna posibilidad de éxito, Jeremy Corbin, empezó a recordarle a la gente que el Partido Laborista solía consistir en algo, solía defender algunas causas, y así fue construyendo un genuino movimiento de base. A pesar de que los grandes medios de comunicación se han burlado de Corbin y de que, sin lugar a dudas, destruiría la economía británica de llegar al poder, el líder laborista genera verdaderas pasiones. Por primera vez en mucho tiempo, las elecciones del 8 de junio mostraron cómo muchos tímidos votantes laboristas que negaban ante los encuestadores que fueran a votar por Corbin acababan haciéndolo.

En el discurso que di en la London School of Economics tras la victoria de Trump expliqué que solo era una coincidencia que el enfado general contra la clase política y el desprecio al centrismo hubieran beneficiado a la derecha, tanto en el Reino Unido como en EE.UU. La izquierda se podría beneficiar de igual manera. Corbyn, Pablo Iglesias y el estadounidense Bernie Sanders, entre otros, así lo han entendido; de ahí que estén tratando de vender las virtudes del socialismo a millones de jóvenes. Por ello, veo casi inevitable que se elijan gobiernos socialistas en Reino Unido y EE.UU. en la próxima década.

Los conservadores no pueden luchar contra este movimiento desde el centro. Como en los años 1970, solo podrán vencer desde la derecha. May y los dirigentes del Partido Conservador tratarán de hacer lo que siempre hacen, cortar algunas cabezas de turco y mantener el mismo rumbo. El final del camino que les espera será tan abrupto como el que se encontró el Partido cuando era dirigido por Edward Heath.

En los últimos años, el Bow Group, junto con otras organizaciones conservadoras y miembros de base, ha desarrollado un plan para fomentar la libertad y la democracia en el Partido Conservador. Para reconstruir sus bases e ideología. Dicho plan ha sido hasta el momento ignorado. Si continúa siéndolo, el Partido Conservador perderá las próximas elecciones generales y el Reino Unido caerá presa del socialismo.

Proponemos que cambien las reglas del Partido Conservador para que sus afiliados puedan elegir al líder por lo menos cada cinco años y al presidente cada año, y para que también puedan libremente seleccionar a sus candidatos y contribuir a las líneas políticas del partido. Los grandes movimientos políticos siempre han comenzado desde la base. Para poder revitalizarse y recuperar la iniciativa, el Partido Conservador necesita más que nunca una “grassroots revolution”.

Ben Harris-QuinneyApp-Twitter-icon

Presidente de The Bow Group, el think-tank conservador más antiguo del Reino Unido

FLORIDABLANCA CAFÉ

Implícate

Desde Floridablanca necesitamos tu apoyo moral y material para poder llevar a cabo nuestro proyecto

Implícate

Archivos

Categorías