¿Es Occidente una Ciudadela?, por Francisco José Soler Gil

Jean Auguste Dominique Ingres, Apotheosis of Homer, 1827

Quede dicho desde la primera frase que este artículo no trata acerca de la Valla de Ceuta. La Valla de Ceuta es una solución provisional a un problema particular al que tarde o temprano habrá que buscarle alguna solución de más alcance. Pero no es el tema de este artículo.

Lo que me gustaría es llamar la atención sobre la mentalidad de ciudadela sitiada por los bárbaros que está extendiéndose cada vez más en los países occidentales, y sobre todo en los europeos. El mundo, violento, turbio y amenazador, estaría poblado por civilizaciones hostiles y pujantes; civilizaciones irremediablemente insensibles a valores como la libertad de pensamiento, la tolerancia religiosa, la igualdad de derechos entre hombre y mujer, o entre personas de etnias diferentes, etc. Y lo único que podríamos hacer en este escenario es tratar de aislarnos. Tratar de defender nuestras naciones occidentales, mientras aún se pueda, contra la pérdida de la propia identidad que nos amenaza. En el fondo del auge nacionalista al que estamos asistiendo en Europa últimamente se encuentra esta mentalidad de ciudadela sitiada. Y con ella la añoranza de la aldea feliz, lejos de la frontera, separada del mundo exterior y sus peligros. Donde todo se conserva como tendría que ser.

Ahora bien, ¿es Occidente en realidad una ciudadela? ¿Es una civilización particular, que tenga que defender sus valores particulares dentro de un territorio particular, claramente identificado? Ninguno de los tres pilares básicos de la civilización occidental (a saber: el derecho romano, la filosofía griega y la religión cristiana) nos dan pie para pensar así. La idea imperial romana, el imperio de un mismo derecho sobre pueblos de diversas etnias y lenguas y fondos culturales, es una idea expansiva. Con potencial de universalidad. Por eso, fijar un “limes” amurallado a este movimiento de universalización del derecho, y comenzar el declive del imperio, fue una y la misma cosa. En cuanto a la filosofía griega, fue precisamente ella, en su periodo helenístico, la que definió el ideal de comunidad universal humana. Los filósofos usaron por primera vez el término “cosmopolita”, y lo fundaron en el logos humano común, proporcionando así una base teórica a los estados plurinacionales, y generando una aspiración a la universalidad de la civilización que alienta en el espíritu filosófico desde Diógenes de Sinope hasta Kant. ¿Y qué decir de la religión cristiana, con su énfasis en que todos los hombres somos imagen de Dios, y queridos y redimidos igualmente por Él, de manera que “ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno” (Gal:3,28)? De ahí la igualdad. De ahí la libertad y la fraternidad. De ahí la dignidad y los derechos humanos. La religión cristiana es una religión universal para una civilización con aliento de universalidad.

Eso es Occidente. Esa es la vocación (arrogante, si se quiere) de la civilización occidental: no ser “una” civilización entre otras, sino ser “la” civilización universal, el estadio de mayor plenitud en el desarrollo del hombre individual y la sociedad humana.

Evidentemente, esa vocación no implica anular cuanto de valioso han ido creando o descubriendo las diversas culturas y civilizaciones del mundo. Lo que implica es asumir esas aportaciones en la civilización universal, al mismo tiempo que se completa lo que a las distintas culturas y pueblos pueda faltarles para que sean capaces de integrarse en esa comunidad universal basada en el respeto a la ley, y a los derechos humanos que constituyen la base de la ley. Esa es la esencia de Occidente: integrar, civilizar, y no conformarse nunca con una fragmentación de la comunidad humana en compartimentos estancos que nieguen la fraternidad que deriva del logos común humano. Es decir, no conformarse nunca con un falso cosmopolitismo “multiculti”, o de  “alianza de civilizaciones”,  sin base en unos principios de derecho comunes. Ni conformarse con el surgimiento en su seno de guetos en los que no tenga vigencia la ley y los principios comunes.

Por tanto, la civilización (occidental, por supuesto), es de naturaleza expansiva. Y aunque sufra reveses, y el camino sea largo y complicado, puede ganar. Algo que perciben muy bien, por ejemplo, los islamistas, y que les lleva a reaccionar según su capacidad. Y que perciben también los ideólogos del aparato comunista chino, que hacen lo que pueden por frenar con violencia y censura el contagio de la civilización (occidental, por supuesto)… hasta que ya no puedan más.

En cambio, los que no parecen percibirlo son, irónicamente, los que se autoproclaman defensores de Occidente, y lo quieren defender a base de murallas, aislamientos y fragmentaciones que lo protejan del peligro exterior. Sin darse cuenta de que, al plantear esta vía de repliegue y encapsulamiento, están dejando de pensar “en occidental”, y fomentando justo la decadencia de la civilización que dicen amar y defender. Y no es sino triste que este enfoque gane popularidad incluso entre nosotros, herederos de una de las naciones que más han hecho por extender la civilización por todo el mundo, y han dejado una herencia de leyes, derecho y universidades a un continente entero.

A mi modo de ver, a estos “defensores” tan poco defendibles habría que recordarles que Occidente -salvando el problema demográfico, que sí que es gravísimo, y sí que podría convertirse en su talón de Aquiles-, está en condiciones de ganar a largo plazo la batalla por civilizar el mundo entero. Pero que, incluso aunque no lo estuviera, es mejor morir luchando a campo abierto por la extensión de la ley y los derechos humanos, que ir agonizando lentamente, y temblorosos de miedo, detrás de una muralla.

Francisco José Soler Gil

PROFESOR DE FILOSOFÍA DE LA UNIVERSIDAD DE SEVILLA Y MIEMBRO DEL GRUPO DE INVESTIGACIÓN DE FILOSOFÍA DE LA FÍSICA DE LA UNIVERSIDAD DE BREMEN

Etiquetas:

FLORIDABLANCA CAFÉ

Implícate

Desde Floridablanca necesitamos tu apoyo moral y material para poder llevar a cabo nuestro proyecto

Implícate

Archivos

Categorías