No hay una única política económica posible, por José María Rotellar

A menudo se instala en la sociedad, como un virus, el mantra tan repetido por la izquierda que asegura que no hay más política económica posible que la del gasto público, subsidio permanente e impuestos crecientes. Sin embargo, es completamente falso que sólo se pueda aplicar una única política económica. De hecho, que se aplique una u otra provoca resultados muy diferentes. Por ello es preciso señalar bien las diferencias entre una política económica intervencionista y una liberal. La primera suele aplicarla la izquierda, y la segunda es el cuerpo doctrinal económico de la ideología liberal-conservadora. Son, por tanto, distintas políticas, y distintas políticas dan distintos resultados.

No es lo mismo aplicar políticas liberales, basadas en que las administraciones sean austeras, busquen la eficiencia, cumplan con el objetivo de déficit, bajen impuestos y eliminen trabas para permitir a los ciudadanos, profesionales y empresarios contar con más dinero en sus bolsillos y decidir cómo consumir, ahorrar o invertir -en definitiva, tener una mayor libertad de decisión-, que tomar las decisiones diametralmente opuestas, propias de las políticas intervencionistas, que priorizan el incremento de gasto público sufragado con mayores impuestos y una mayor intervención del sector público en las decisiones sobre la vida de los individuos.

Ahora bien, más allá del contenido ideológico -que por supuesto importa-, se debe analizar qué consecuencias tienen unas y otras políticas. Eso se puede ver claramente si comparamos el mismo período de tiempo de dos gobiernos que emplearon una política económica distinta en dos economías similares. Si analizamos la economía de dos regiones como Madrid y Cataluña en el mismo período de tiempo en el que se aplicaron dos políticas económicas muy divergentes, como sucedió entre 2003 y 2010 (una liberal-conservadora en la Comunidad de Madrid y otra intervencionista en Cataluña), podemos corroborar hasta qué punto distintas políticas ofrecen distintos resultados.

Durante aquellos siete años, en Cataluña se aumentaba el gasto, se subían impuestos para su cobertura y se intervenía más en la economía, con mayores restricciones en la actividad empresarial. Por otro lado, en la Comunidad de Madrid, se bajaban y eliminaban impuestos a cambio de reducir el gasto, y se liberalizaba la economía, con la supresión de obstáculos y trámites burocráticos. Ambas regiones utilizaban su margen de competencias para aplicar políticas completamente distintas, cosa legítima, que nos sirve para contrastar qué resultados provocaron desde el punto de vista de los servicios públicos ofrecidos en esos siete años, del nivel de gasto e impuestos empleados para ello, y de la intensidad de la intervención en la economía, que fueron los siguientes:

  1. La Comunidad de Madrid impulsó el doble de centros de educación infantil que Cataluña, mientras que el presupuesto total catalán era el doble que el madrileño.
  2. La Comunidad de Madrid construyó el doble de hospitales que Cataluña, mientras que Cataluña recibía el doble de inversión del Estado que Madrid.
  3. Las camas hospitalarias en la Comunidad de Madrid aumentaron el doble que en Cataluña, mientras que en Cataluña la deuda era más del doble que en Madrid.
  4. En la Comunidad de Madrid se incorporaron tres universidades más que en Cataluña, mientras que en Cataluña el déficit en aquellos años creció 3 puntos más que en Madrid.
  5. La Comunidad de Madrid construyó cinco veces más líneas de metro que Cataluña, mientras que Cataluña en 2010 tuvo un déficit más de cinco veces superior a Madrid.
  6. La Comunidad de Madrid construyó 14 veces más centros de salud y 14 veces más kilómetros de metro que Cataluña, con cero euros en obra pública nueva por parte del Estado en Madrid en aquellos años, mientras que en Cataluña creció la inversión del Estado más de un 14%.
  7. Las plazas de residencia en la Comunidad de Madrid aumentaron 40 veces más que en Cataluña, mientras que la inversión por habitante del Estado en Cataluña en aquel período fue más de un 40% superior que en Madrid.

Estas dos formas de gestión dieron, por tanto, resultados diferentes: la Comunidad de Madrid se convirtió en motor económico de España, en su mayor economía desde 2009 -pese a su menor extensión y población-, fue la única región que cumplió con la estabilidad presupuestaria y mostró una mejor resistencia a la crisis, lo que le ha permitido liderar desde entonces la economía española. Cataluña, sin embargo, estuvo estancada toda la década, especialmente desde 2003, fue la más endeudada y dejó de ser la región española de referencia económica.

Se trata de dos políticas diferentes, ambas legítimas, pero cuya comparación acaba con ese mantra antes mencionado con el que la izquierda martillea constantemente. Ni hay sólo una política económica posible, como defienden los intervencionistas, ni por gastar más se consiguen mejores servicios y resultados: no se trata de gastar más, sino de gastar bien, eficientemente, para conseguir más con menos. Vemos, por tanto, cómo sí que hay más de una política económica, cómo distintas políticas dan distintos resultados, y cómo es la política económica liberal la que genera el entorno económico que permite obtener mejores resultados.

José María Rotellar

DOCTOR EN ECONOMÍA Y PROFESOR DE ECONOMÍA DEL COLEGIO UNIVERSITARIO CARDENAL CISNEROS Y DEL MÁSTER DE ACCIÓN POLÍTICA DE LA UNIVERSIDAD FRANCISCO DE VITORIA

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