El mundo que nos viene, de Josep Piqué, por José Ruiz Vicioso

 

Quizá los hombres siempre han vivido pensando que la suya era una época de cambio. El futuro, por definición, supone incertidumbre y muchas certezas de hoy mañana se revelan dudosas e inestables. La Historia es una sutil combinación de continuidades y rupturas, y las relaciones de poder también están sometidas a su implacable imperio. “Solamente lo fugitivo permanece y dura” dijo el clásico. Aunque la incertidumbre no sea algo exclusivo de nuestro tiempo, lo que sí es propio de nuestra era es la velocidad con la que los cambios se producen. En este mundo en vertiginosa transformación, resulta muy oportuno detenerse por un momento a analizar hacia dónde vamos, qué procesos, actores y acontecimientos de hoy pueden determinar el mundo que seremos.

Precisamente eso es lo que pretende el último libro de Josep Piqué. El mundo que nos viene constituye un lúcido análisis de las grandes tendencias geopolíticas que van a determinar el nuevo orden mundial. Un mundo que transita ya hacia un bipolarismo imperfecto y asimétrico (Estados Unidos y China), probablemente como estación intermedia hacia una mayor multipolaridad. Un mundo cuyo eje se traslada hacia el Este -con el estrecho de Malaca como centro de gravedad- y que por tanto no podrá pensarse en términos exclusivamente occidentales. La tesis principal del libro es que en ese escenario en el que ninguna potencia será capaz de imponer su visión al resto, los valores occidentales deben seguir formando el sustrato fundamental del nuevo orden global, del mundo post-occidental.

La demografía, la revolución digital, el proceso de urbanización o el reciente repliegue anglosajón (administración de Trump en los EE. UU. y Brexit en el Reino Unido) son las macrotendencias que consolidan el protagonismo creciente de Asia-Pacífico. Un contexto complejo en el que se aprecia una división clara entre los partidarios del internacionalismo liberal -multilateralismo y libre comercio- y las potencias “iliberales” -unilateralismo y proteccionismo-.

Piqué demuestra un conocimiento minucioso de los principales acontecimientos y conflictos que recorren el globo. Bajo un punto de vista realista, nos da un panorama muy completo de las regiones protagonistas del mundo. Un principio recorre el libro: “la historia siempre vuelve y la geografía siempre está ahí”. Partiendo de eso, nuestro exministro de Exteriores explica la apuesta de China por ampliar su influencia geoestratégica global a través de iniciativas de tipo económico, financiero y comercial (con la Ruta de la Seda como ejemplo paradigmático), mediante la reformulación de una arquitectura multilateral alternativa a la nacida tras la Segunda Guerra Mundial o su ambiciosa estrategia de defensa y seguridad; el papel de Rusia, que lucha por trascender sus capacidades de potencia regional, con dos fortalezas: su dominio de recursos energéticos y su vocación de controlar las rutas del Ártico; la ambivalencia de Turquía, que en los últimos años ha reorientado su política exterior hacia el mundo musulmán, volviendo la espalda a Europa; o la amenaza del yihadismo en el variado y complejo mundo islámico.

La perspectiva histórica, el carácter de las culturas políticas y el peso de la geografía son los factores que explican la configuración de relaciones de poder a escala global. Sin embargo, no se dejan de lado fenómenos nuevos y de distinta naturaleza como las guerras híbridas, los retos de la ciberseguridad o las estrategias de desestabilización a través de las fake news.

Como catalán, español y europeísta convencido, Piqué hace una encendida defensa del proyecto de integración europeo como un ejemplo de éxito en la convivencia. Para él, Europa es el antídoto contra un nacionalismo/populismo enfrentado a los valores de las sociedades abiertas: democracia, libertad, igualdad, tolerancia, solidaridad. La Unión Europea representa todo eso y por ello la salida a la crisis que atraviesa no puede ser sino profundizar la integración. Quizá a este optimismo podrían planteársele algunas dudas, referidas sobre todo a las posibilidades de cimentar un demos cohesionado sobre tantos países tan diferentes (¿cuáles son las fronteras de Europa?), o respecto a las complejidades inherentes a una gobernanza a veintisiete. Algo, esto último, de lo que el autor es plenamente consciente.

Piqué tampoco ignora el papel que América Latina puede y debe jugar en la síntesis post-occidental. No solo por su importancia económica (casi un 10% de la población total del planeta, la mayor reserva de recursos naturales del mundo) o su condición de región bioceánica. América Latina comparte los valores de Occidente. Ante el mencionado repliegue anglosajón, el vínculo atlántico entre Europa y América ha de reforzar su carácter iberoamericano.

El libro tiene dos virtudes indudables: la claridad y la capacidad de síntesis. Piqué nos presenta de un modo accesible pero riguroso el panorama de las relaciones internaciones y las grandes tendencias geopolíticas del mundo que nos viene. Una lectura más que recomendable para todo aquel que quiera aprender algo sobre ello.

José Ruiz Vicioso

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