Motivos para un Congreso Abierto

Manifestación frente a la sede del PP reclamando la fórmula "un militante, un voto" en 2008 (Foto: David/Flickr)

Manifestación frente a la sede del PP reclamando la fórmula “un militante, un voto” en 2008 (Foto: David/Flickr)

Los resultados obtenidos por el Partido Popular en las últimas elecciones generales, así como el tiempo transcurrido entre la celebración de éstas y la formación de Gobierno, han hecho patente lo que ya estaba latente. El PP va camino de la irrelevancia, sin proyecto político y sin un discurso claro y reconocible en términos ideológicos.

Floridablanca propuso la convocatoria de un Congreso abierto que bajo la fórmula un afiliado-un voto permitiera iniciar la ineludible renovación, recuperar la vocación de mayoría y aunar en torno a un proyecto político y no en torno al poder.

Hasta la fecha, la respuesta se ha limitado a decir que, dicho Congreso no es prioridad para el partido y que se celebrará después de la formación de un nuevo Gobierno, sin fijar ninguna fecha concreta a pesar de que estatutariamente debía haberse celebrado en 2015.  Ante el cuestionamiento algo más que implícito de la falta de transparencia de este tipo de Congresos y las llamadas a su democratización, se ha esgrimido que los congresos del Partido Popular ya son abiertos. En realidad, éstos se realizan a través de compromisarios electos por las organizaciones territoriales y compromisarios natos (miembros de la Junta Directiva Nacional y de la Comisión Organizadora[1]). Es decir, lejos de facilitar la participación de los afiliados y militantes en la elección de los candidatos, facilita que la elección pueda ser dirigida.

En nuestra opinión, la celebración de un Congreso abierto no se puede postergar más.

En primer lugar, porque la ausencia de autocrítica y el incumplimiento constante de los estatutos[2] por parte de la actual directiva, hace indispensable que el Congreso abierto sea convocado cuanto antes, para que los militantes, afiliados y simpatizantes puedan expresar su opinión y participar en el presente y futuro del Partido Popular.

En segundo lugar, porque el desarrollo de un Congreso abierto es un proceso paralelo que no obstaculiza la formación de un Gobierno. Su convocatoria, como es bien sabido, no tiene por qué coincidir con la formación de Gobierno. Además, la democracia interna es una cuestión de principios y no de “momentos”.

En tercer lugar, parece evidente que de ir a unas nuevas elecciones habría que elegir un nuevo candidato. La lógica invita a pensar que si el programa y las últimas listas electorales – donde figuraban el candidato y su equipo de Gobierno – no consiguieron el respaldo de una mayoría suficiente de españoles, la confianza del elector no va a recuperarse sin acometer cambios sustanciales. La debacle del PP en las elecciones generales no responde a un mero trasvase de votos hacia otras fuerzas políticas emergentes que ahora puedan resultar menos atractivas o útiles. El origen del problema fue la incapacidad del PP de hacer política, de ser consecuente con sus ideas y de presentar un proyecto esperanzador para España. Sólo un Congreso abierto que encumbre a un nuevo líder y equipo directivo con visión, principios y sentido de Estado podrá salvar al centro-derecha. Algo que España necesita urgentemente.

En cuarto  lugar, porque en las democracias liberales la participación ciudadana en las instituciones se articula principalmente a través de los partidos políticos, de lo que se deduce que cuanto mejor funcionen los partidos políticos mejor servicio podrán prestar a la ciudadanía. Hay, además, una confluencia de intereses entre lo que demanda la sociedad española y lo que reclaman los afiliados, militantes y simpatizantes del Partido Popular. Los españoles han exigido en más de una ocasión que los partidos se abran a la sociedad, que se democraticen. Una de las señas de identidad del Partido Popular es la defensa de la libertad: militantes, afiliados y simpatizantes no entenderían que no se les permita participar y gozar de la necesaria discreción para poder elegir a sus líderes. La época de las tutelas paternalistas debe acabar.

En quinto y último lugar, la celebración de un Congreso abierto es el mejor modo de retomar la iniciativa política. Sólo así se podrán asentar las bases de un proyecto político de ideario claro e identificable, que renueve la confianza de los españoles, que aúne todo lo que está a la derecha de la izquierda y que ofrezca un programa político con perspectiva histórica y visión de futuro.Sello

Notas

[1] Estatutos del Partido Popular, 17 Congreso Popular, Páginas 48 y 49

[2] El Congreso ordinario debía haberse celebrado en febrero del año pasado, que de acuerdo con los estatutos “se celebrarán cada tres años” (Pág. 46); las Juntas Directivas no se han reunido ordinariamente, “una vez al menos, cada cuatro meses” (Pág.54); etc.

 

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  • J.Eduardo

    La necesidad de un proceso abierto, bajo la premisa de un militante un voto, es de una obviedad demoledora, toda vez que se entienda que un partido político representa la expresión de las intenciones de grupos de ciudadanos en cuanto al gobierno de sus instituciones. Si lo que se quiere es construir relaciones de poder y establecer mecanismos de control del mismo en base a personas, es decir, en función de los intereses de esas personas, el resultado es lo que tenemos, fórmulas para perpetuar la “partitocracia”.

    Hay sin embargo otro asunto relevante además de favorecer la participación ciudadana, lo que está detrás de la mayor representatividad. En vez de dejar el poder en manos de unos pocos, que lo acomodarán a su beneficio, ampliar el espectro de personas que pueden aspirar al mismo haría que por medio de la desconcentración existan mayores posibilidades de control, pero sobre todo se posibilitaría una mayor limitación del mismo, que debería ser lo más importante. Por encima de cualquier cosa que se pretenda hacer la limitación del poder debería ser la norma básica de cualquier persona decente, sí decente.

    Pero un tercer aspecto a tener en cuenta es que ya que se tiene la vanidad de querer presentarse a representante ciudadano (vanidad inevitable), al mismo tiempo se debería tener la humildad elemental para entender que es imprescindible igualmente cierto componente aristocrático de la política, en el sentido etimológico del término, el poder ejercido por los mejores, lo que obligaría a mirar fuera de los partidos y atraer de manera temporal a personas notables para ejercer los puestos de responsabilidad aquellos que tengan verdadero conocimiento, en vez de los conmilitones.

    En estos momentos no es menos necesario pero sí más urgente hacer una llamada a muchas personas que podrían colaborar, personas con una trayectoria profesional notable que podrían involucrarse por un corto espacio de tiempo en sus trayectorias personales, no apelando a su vanidad sino a su sentido práctico y a sus convicciones raramente defendidas consecuentemente. Si se hacen necesarios cambios sólo los pueden llevar a cambio personas distintas, que estas sean los hijos de la comodidad y el ventajismo sólo lo pueden evitar los mejores.

  • Alonso Quijano

    Estos políticos hacen sus pactos y acuerdos diciendo que son interpretes de los ciudadanos que les ha votado. Pero sus votantes se quedan perplejos al ver que su voto termina en manos de quien nunca pensaron. Parece que nos representan porque fuéramos menores de edad y que realmente no sabemos elegir algo tan importante. Pero en Portugal y Francia entre otros la elección del Presidente no necesita intermediarios. La elección del Presidente debe ser directa por los ciudadanos (sin intermediación de los diputados) en circunscripción única a doble vuelta si en la primera ninguno alcanza el 50% a la semana se repite la votación entre los dos mejores. Y no se da lugar a este esperpento.

  • Alonso Quijano
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