El microfeminismo, por Vauvenargues

Social Justice Warrior (Foto: MyF McMahon / flickr)

Social Justice Warrior (Foto: MyF McMahon / flickr)

Uno de los problemas más importantes de la izquierda radical contemporánea es su incapacidad para modular los juicios morales. Esa incapacidad es típica de todo pensamiento maniqueo: el mundo está compuesto de luz y de tinieblas. Así, la estructura del mundo no solo impide la templanza en los juicios, sino que, además, incapacita para reconocer que en la vida hay un espacio neutro, libre de lucha. Esto produce lo que todos conocemos: los social justice warriors no pueden relajarse, extienden su griterío todo lo que pueden, y en cada mínimo espacio están jugándose el sufrimiento de la humanidad.

Un ejemplo claro de esto es el feminismo de hoy. Todo micromachismo participa de la violencia contra las mujeres. El micro, por supuesto, no hace mención a una culpabilidad mínima, sino a la aparente levedad de la acción que, en realidad, coopera con gran responsabilidad en los peores crímenes. La técnica que utilizan consiste, entonces, en extender la evidente repulsa que producen los peores actos a todo un espacio mucho mayor, consiste en hacer que la evidencia del juicio moral a los primeros se esparza cuanto sea posible.

Los gritones, AKA social justice warriors, dicen tener una especial awareness, dicen vivir con un grado de consciencia superior sobre la realidad que los rodea. Esa superior consciencia es intelectualmente barata, no requiere grandes lecturas ni sofisticaciones sino una voluntad real de ver lo que otros aparentamos no ver. Pero, en verdad, ocurre todo lo contrario. Los gritones son completamente incapaces de ejercer la comparación, única forma de apreciar las realidades humanas, incapaces de saber lo que es la opresión y lo que no es, lo que es el bienestar y lo que no es, incapaces de entender el necesario sustrato histórico y cultural de las ideas que ellos mismos han adquirido, incapaces, en suma, de valorar el proceso civilizatorio. Todo esto ha producido una infantilización que ha denigrado las viejas causas de la izquierda, convertidas ahora en frivolidades indistinguibles de lo verdaderamente importante.

Esta clamorosa asimetría ha sido un rasgo constante en los juicios de la Nueva Izquierda, especialmente cuando se trataba de comparar las situaciones occidentales con las no occidentales. Así, por ejemplo, ninguna de todas las feministas que martillea en mi newsfeed de Facebook con el horror de los hombres que piropean a las mujeres o que las desnudan con la mirada (oh, malditas pasiones humanas) se ha hecho eco de la increíble epopeya vivida por la pareja de chicas recientemente llegadas de Turquía, “que no tienen sino palabras de agradecimiento para el gobierno español”. Su terrible experiencia podrá seguramente esclarecerles la crucial diferencia entre la verdadera moral y el estúpido moralismo.

¿Y? Aquí tenemos la falsa consciencia de la izquierda.

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