Un libro nada común, por Julia Escobar

Recuerdo que mi madre, cuando alguno de sus hijos decía o hacía algo extraordinario, fuera de lo común, movía la cabeza, entre preocupada y admirativa, y, abriendo mucho los ojos, decía: “este niño no es normal”, lo cual desconcertaba grandemente a quien eso oía, porque no ser normal no era una cosa muy bien vista en la época, tampoco en ésta. Pues bien, puedo afirmar sin la menor duda que el libro con el que Santiago de Mora-Figueroa y Williams, marqués de Tamarón, nos ha regalado recientemente no es en absoluto normal. No lo es en ningún sentido, y de ello se hace eco él mismo reconociéndolo en el título: “Entre líneas y a contracorriente”. No se puede ser más claro. Más que título de libro de ensayos, que es lo que cabría esperar de un erudito como su autor, es casi una declaración de principios y basta con leer la dedicatoria del primer volumen para ver que así es. Como no es un libro que se pueda encontrar fácilmente en las librerías, creo que vale la pena reproducirla: “A Conchita Guzmán Lopátegui, conservadora republicana, maestra de escuela depurada en 1939, socorrida por tres falangistas que le encomendaron la educación de sus hijos. Tal vez sin darse cuenta, me enseñó a pensar a contracorriente y a escribir entre líneas, y a intentar hacerlo sin odio. Que Dios la tenga en su Gloria.”

Asimismo, el 18 de octubre de 2016, día en que Tamarón cumplía 75 años, el diario ABC publicó, sin que él estuviera prevenido de ello, un artículo suyo que se titulaba también “Entre líneas y a contracorriente” (entrada del 2 de noviembre, Vol. III), en donde cualquier parecido entre el contenido y la vida de su autor era pura coincidencia, de no ser que en él se referían unos hechos que partían precisamente de la fecha en que había nacido, 18 de octubre de 1941. Y es que, más a menudo de lo que nos gustaría admitir, la vida nos escribe. Tal vez por eso, llámese blog, bitácora o cajón de sastre -ese mítico cajón donde cabe todo, que es como se ha traducido al español los Zibaldone de Leopardi-, esta obra es casi un organismo vivo que ni siquiera habiéndolo “congelado” en el formato libro, pierde su contenido proteico, pues no se nos ahorra nada de la esencia misma del género, ni siquiera el grafismo, tan necesario en muchos de los temas aquí tratados (la serie “San Jerónimo” no sería lo mismo sin las magníficas ilustraciones de la extraordinaria iconografía sobre el padre de los traductores, que debería serlo también de los escritores) y la presencia activa de los comentaristas -lo que convierte esta obra en una obra coral- de los que hay un índice onomástico tan riguroso como el índice onomástico, propiamente dicho, cuya gran extensión es fiel reflejo de la cultura, conocimiento de lenguas y erudición del autor.

En ella cabe desde lo ya publicado: capítulos de su novela “Rompimiento de Gloria”, cuentos de “Pólvora con aguardiente”, de “Trampantojos”, ensayos del “Guirigay nacional”, su extensa colaboración en “El peso de la lengua española en el mundo”, conferencias, necrológicas, entrevistas que le hacen en diferentes medios, críticas de libros suyos, hechas por otros, y críticas suyas a obras ajenas, y artículos de opinión y actualidad, publicados en periódicos y revistas nacionales y extranjeras, en sus respectivas lenguas, hasta el comentario ocasional o el seguimiento de un tema que se repite en sucesivas entradas (“La insobornable contemporaneidad”, “La cursilería”, “La corrección política”, “La crema de la intelectualidad”); colaboraciones de otros autores cuya relevancia quiere destacar; poemas contemporáneos y clásicos y versiones de poemas a diferentes idiomas, todo esto incluido en series, cuyos títulos son también otras tantas declaraciones de principio: “Botones de muestra”, dedicada a los libros y a la obra de ciertos autores, “Citas desde la caverna” (“alegra descubrir al cabo de los años, que uno tuvo un maestro desconocido”, dice refiriéndose en una entrada de 2010 a Nicolás Gómez Dávila, en “El maestro que fue”),  y numerosas entradas en las que se refleja su gran preocupación por la naturaleza, donde denota una actitud declaradamente militante.

Basta con ver los índices, los subíndices, las divisiones y subdivisiones para entender que se trata de una labor casi babélica de deconstrucción de una obra. Porque es toda una obra la que aquí se expone, de esa manera extraña y laboriosa. Una especie de obra a la inversa, como ese pozo de Babel que Kafka quería a toda costa que la humanidad hiciera, tal vez para encontrar los cimientos de nuestra insuficiencia. Un tapiz que reflejara en su dibujo no sólo la obra de su autor, sino que incluyera los gestos y actitudes de quienes lo contemplan, ya sea con admiración, o con censura, como esa fábula de la obra de arte y el espejo situado frente a ella, en donde lo que realmente queda de la obra original es su reflejo en el azogue, enriquecida por el pasmo de los espectadores que la contemplan.

Marqués de Tamarón, Entre líneas y a contracorriente, Bitácora 2008-2018, Amazon Publishing, marzo 2018, 3 Volúmenes, 1277 páginas.

Julia EscobarApp-Twitter-icon
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