Lecturas sobre Cataluña (III): “Historia mínima de Cataluña”, por José Ruiz Vicioso

Afirma Jordi Canal al comienzo de esta Historia mínima de Cataluña su intención de “explicar la historia de Cataluña con normalidad, sin prejuicio, de manera desapasionada y no lineal, en su contexto, y, asimismo, atendiendo a su complejidad.” Frente al catálogo de historias, noticias y crónicas sobre Cataluña y los catalanes que desde finales del siglo XIX se han escrito atendiendo más a “lo que debió ser” que a “lo que fue”, nos encontramos ante un magnífico esfuerzo de rigor histórico, espíritu crítico y afán desmitificador en una síntesis que nos permite recorrer la historia de ese espacio que hoy es Cataluña, desde los primeros asentamientos humanos hasta la actualidad.

Aunque es difícil señalar un momento preciso en el que Cataluña aparece como entidad política, el catalanismo que surge durante el florecimiento cultural de la Renaixença (1830-1880) hunde sus raíces en los siglos de la Edad Media. Canal trae a colación una significativa cita de Cambó recogida por Gaziel. Para el líder de la Lliga, “la piedra de toque para saber si un hombre es verdaderamente patriota está en saber si siente la Edad Media.” Efectivamente, en los siglos medievales aparecen los elementos que han conformado el imaginario nacional catalán y que se han esgrimido como fundamento de derechos y aspiraciones de carácter cultural (primero) y político (después).

La enseña catalana -la senyera– está documentada desde mediados del siglo XII. Pese a la hermosa historia de su legendario origen -el rey franco que dibuja con la sangre del conde Wilfredo el Velloso unas barras sobre el blasón dorado de este-, debemos tener en cuenta que en la época los escudos eran emblemas familiares o dinásticos, no territoriales. Solo en el siglo XX la cuatribarrada se convierte en bandera de Cataluña. La lengua ha sido otro elemento decisivo de la realidad cultural catalana. El acceso de la lengua catalana a la escritura se remonta al siglo XI. Al igual que en el conjunto de la península existe una realidad multilingüe, en Cataluña el catalán ha coexistido siempre con otras lenguas (latín, castellano, aragonés…) también consideradas como propias por una porción más o menos amplia de la población. Sin querer olvidar los intermitentes periodos de injusta represión del catalán, no podemos olvidar que la pluralidad lingüística ha sido una constante histórica en el Principado. También en esta época (siglos XIII y XIV) se produjo la épica expansión catalana por el Mediterráneo, la compilación de los Usatges y el surgimiento de instituciones como la Diputación del General, después conocida como Generalitat. En todo caso, destaca Canal, la génesis de la Cataluña medieval, al igual que ocurre con el resto de pueblos peninsulares, está irremisiblemente ligada al proceso de la Reconquista, a la confrontación permanente con el Islam.

Si nos fijamos en la evolución de las relaciones políticas entre gobierno central y autoridades locales/regionales (catalanas) durante la Edad Moderna y la Edad Contemporánea entenderemos que, como ha destacado siempre sir John Elliott, estas relaciones han alternado momentos de tensión y momentos de colaboración. Por ello, la distorsión que el nacionalismo ha hecho, reduciendo esa evolución a una historia de enfrentamiento, resulta del todo errada. No es así. Interpretar los hechos de 1640 o de 1714 aplicando categorías y vocabulario político de tres y cuatro siglos después resulta anacronismo ideológicamente interesado.

No es casualidad que para cierta historiografía catalana Fernando el Católico, cuyo reinado fue decisivo para la historia de Cataluña, haya quedado oscurecido por su dimensión española -mediante la unión dinástica con Castilla- y europea -Maquiavelo vio en él al ejemplo de príncipe del Renacimiento-. Tampoco es casualidad el escaso interés en destacar la participación de Cataluña en la empresa común de la Guerra de Independencia contra el francés (1808-1814). Afirma Canal que este episodio pasa inadvertido “porque los catalanes se implicaron decididamente en la construcción de la nueva nación española.” Así lo acredita tanto la aparición de juntas populares como la participación de catalanes en las Cortes de Cádiz.

La Transición (1975-1978) puede destacarse como el último momento brillante de esa historia de colaboración. La participación de dos representantes catalanes en la comisión de redacción de la Constitución de 1978 y el entusiasmo popular por el restablecimiento del régimen autonómico (Estatuto de autonomía de 1979) demuestran el compromiso mostrado por los catalanes con el destino común de España. Un compromiso que, desgraciadamente, quiso enseguida torpedearse mediante una política de nacionalización (Pujol y sucesores, 1980-2017) que se ha hecho sobre el enfrentamiento entre la identidad catalana y la identidad española. Dos identidades que deberían ser complementarias y no excluyentes.

Nos encontramos ante un libro necesario. Era necesaria una síntesis de estas características, accesible al gran público y de indudable calidad, que contara la evolución histórica del Principado no desde el esencialismo o la ideología de facción, sino desde el rigor del oficio de historiador que aspira al equilibrio, a la mayor objetividad posible. Un libro cuya publicación celebramos, y cuya lectura recomendamos a todo aquel que quiera acercarse con verdadero afán de aprender a la fascinante historia de Cataluña.

José Ruiz Vicioso

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