Lecturas sobre Cataluña (II): “Cataluña en España. 1714-2014: La forja de los mitos nacionalistas”, por José Ruiz Vicioso

En el “proceso de construcción nacional” que el nacionalismo catalán ha impulsado en las últimas décadas, la reescritura interesada de la Historia ha constituido una pieza clave. Como es bien sabido, una enorme cantidad de recursos públicos han sido destinados a financiar libros, conferencias, congresos y producciones audiovisuales dirigidas a construir un relato histórico a la medida de las aspiraciones independentistas.

Como ha recordado Carmen Iglesias[1], en una época en la que precisamente “se ha puesto de moda el estribillo de que todo es relato, y por tanto, relativo” debemos destacar la importancia del rigor en el estudio y la divulgación de la Historia. No se puede contar cualquier cosa, ni de cualquier manera. Existen unos parámetros de rigor histórico, de importancia objetiva de unos hechos sobre otros, y aunque sobre el suelo de los hechos quepan diferentes interpretaciones, no se puede hacer pasar por Historia lo que es manipulación interesada o mera distorsión caprichosa del pasado.

Cataluña en España. 1714-2014 La forja de los mitos nacionalistas” recoge los artículos del simposio organizado por La Aventura de la Historia con motivo del tricentenario de 1714. Una jornada que tuvo como objetivo la denuncia de los mitos establecidos en torno a una fecha -el 11 de septiembre de 1714- que el nacionalismo ha sublimado como referente emocional y eje argumental de su discurso soberanista.

Como se demuestra en estas páginas, el 11 de septiembre de 1714 no es otra cosa que la fecha que marca el final de la Guerra de Sucesión a la Corona española entre borbónicos (partidarios de Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV de Francia) y austracistas (partidarios del archiduque Carlos de Austria). Un conflicto que tuvo múltiples dimensiones: fue una guerra dinástica, una guerra civil, una guerra internacional, una guerra comercial, una guerra religiosa. Ni siquiera en su dimensión de conflicto nacional puede reducirse a un simplista y maniqueo enfrentamiento entre Cataluña y el resto de España. Como destaca el profesor García Cárcel, director de la jornada, “ni el austracismo se puede reducir a Cataluña ni el borbonismo a España. Hubo austracismo en Castilla y, por supuesto, en los distintos territorios que componían la Corona de Aragón, como también hubo borbonismo en Cataluña. La Cataluña resistente en 1714 está prácticamente reducida solo a Barcelona”. El decreto de Nueva Planta posterior fue consecuencia del llamado “viraje catalán” de 1704, el cambio de bando de una parte de las elites catalanas que traicionaron la fidelidad al rey Felipe V, del que habían obtenido importantes concesiones en las cortes de 1701-1702 (desde el reconocimiento de su ordenamiento jurídico propio a beneficios comerciales). La nueva planta administrativa, por cierto, facilitó el crecimiento y el dinamismo de la economía y la sociedad catalanas durante el siglo XVIII.

Pero es que, además, la guerra de Sucesión fue un conflicto de dimensión internacional. Las decisiones de las potencias europeas contaron mucho en la trayectoria de la guerra. La guerra se dirimió entre dos coaliciones internacionales (España y Francia frente a la Gran Alianza formada por el Imperio, Inglaterra, las Provincias Unidas, Prusia y otros estados alemanes y, más tarde, Portugal y Saboya). Los enfrentamientos, de hecho, comenzaron en el continente en 1702, y solo en 1704 se trasladaron al territorio peninsular. Fue también un acontecimiento europeo -el acceso del archiduque Carlos al trono de Austria- lo que provocó el fin de la guerra y el inicio de las negociaciones de paz.

En este sentido, resulta especialmente interesante la ponencia de Carmen Sanz Ayán, que analiza la dimensión económica del conflicto como una guerra de intereses comerciales entre Francia, Inglaterra y Holanda. Las posibilidades que ofrecía el comercio con los virreinatos americanos y el tráfico de esclavos en el Atlántico iban a ser motivaciones centrales para la participación de las potencias marítimas. Intereses que se vieron después reflejados en el Tratado de Utrecht con el célebre asiento de negros y el navío de permiso.

Esta obra, editada por Sociedad Civil Catalana, nos ayuda a conocer con seriedad y rigor una fecha y unos acontecimientos que, como estudia Jordi Canal, en los últimos años -y no antes- se han convertido en la seña de identidad del victimismo político histórico del nacionalismo catalán. La derrota de un austracismo -equiparado torticeramente al nacionalismo de hoy- es invocada como base de una victoria futura.

Solo cuando nos tomemos en serio la necesidad de dotar al sistema educativo de unos contenidos uniformes y nos esforcemos en elaborar un discurso cultural nacional, seremos capaces de contrarrestar los momentos de debilidad del Estado en los que aflora esa rauxa o capacidad autodestructiva tan negativa para la propia sociedad catalana y para el conjunto de España.

[1] Ver vídeo

José Ruiz Vicioso

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