La transformación de las ciudades: ¿del Estado-nación a la ciudad-Estado?

Las ciudades han sido desde sus orígenes centros de innovación económica, política, urbanística, cultural y social. Siempre se han nutrido de los flujos crecientes de población que buscaban en ellas oportunidades laborales y de negocio y, en definitiva, mejores condiciones de vida. Los grandes cambios que se han dado en la historia han germinado, o se han producido, en las ciudades. No hay sino recordar las polis griegas, la urbe por antonomasia (Roma), las ciudades-estado italianas y las cunas de los grandes movimientos revolucionarios de los siglos XIX y XX.

En efecto, las ciudades han sido los enclaves en los que se han concentrado los mayores cambios sociales de nuestra historia. Motores de las economías de los países y proveedoras de bienes y servicios públicos decisivos para el bienestar y la cohesión social de sus habitantes y visitantes, su capacidad de absorción de población ha demostrado ser enorme.

Pero las ciudades del mundo también enfrentan desafíos comunes, motivados por el aumento de la población urbana. La ONU estima que el número de quienes en ellas residen alcanzará los 6.300 millones en 2050, desde los 3.600 registrados en 2010. Aunque las cifras oscilan, se considera que entre el 66 y el 80% de la población mundial vivirá en ciudades.

Entre esos retos se hallan la polarización del crecimiento económico, a veces generador de desigualdad, el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero y la disminución de los presupuestos públicos disponibles. El World Economic Forum (WEF) prevé que las inversiones en infraestructuras asociadas al crecimiento de las ciudades deberían rondar los 3,7 billones de dólares anuales hasta el año 2050, pero no todos los países están en disposición de asumirlas.

¿Cómo se pueden organizar las ciudades y cómo hacerlas más “habitables” o “vivibles”?

Para José Antonio Ondiviela, director de Smart Cities Solutions en Microsoft, las ciudades están ocupando un lugar cada vez más importante a nivel internacional, convertidas en grandes centros de atracción e influencia, que han llegado a adquirir mayor relevancia que los propios Estados en los que se encuentran. El resultado es una guerra (incruenta) entre grandes urbes por atraer a los ciudadanos con talento, esto es, a las denominadas clases creativas, que constituyen el 30% de la población, a través de la regla de las tres T (tolerancia, talento y tecnología). Ese nuevo paradigma implica un giro copernicano que vuelva a situar al ciudadano en el centro de la ciudad, involucrado en la toma de decisiones gracias a las posibilidades que ofrece la tecnología 4.0.

Juan José Güemes, presidente del Centro de Innovación y Emprendimiento del IE Business School, precisa que la gran batalla que marcará el futuro de las ciudades, grandes o pequeñas, será su capacidad para generar calidad de vida y retener el talento de los más brillantes; cómo se lograrán tales objetivos es el gran reto al que tienen que hacer frente empresarios, ciudadanos y poderes públicos.

Luca Selva, co-fundador de Think Young, se centra en qué supone para los jóvenes el crecimiento de la población mundial y las ventajas que generan la movilidad y la revolución digital. La sociedad civil ha de ser consciente de los cambios que se están produciendo, aumentar la participación de los ciudadanos y hacerlos más competitivos.

El concepto de smart city, si bien no es único ni necesariamente universal, consta de un denominador común: la utilización de las TIC.

Las smart cities generan una colosal avalancha de información ¿Existen los instrumentos necesarios para tratarla y ordenarla?

Según José Antonio Ondiviela la informática de nube, o industria 4.0, permite gestionar una ingente cantidad de datos, tanto los generados por la ciudad como por las redes sociales y los propios ciudadanos, y contribuir a tomar decisiones mejor informadas. El problema, sin embargo, de una política basada exclusivamente en el dato es que nos olvidamos del individuo. En su opinión, es perentorio humanizar la gestión, para lo que considera esencial involucrar a los ciudadanos, teniendo en cuenta su opinión, haciéndoles “co-creadores”.

Juan José Güemes prevé que la maduración de ciertas tecnologías modificará el paisaje urbano y obligará a revisar algunas conductas sociales y la propia forma de “vivir” las ciudades: así sucederá, por ejemplo, con la implantación de los coches autónomos y la producción de energías renovables.

Luca Selva introduce en el debate el concepto de “generación Z” (los nacidos en la segunda mitad de los noventa) y la importancia de los instrumentos que utilizan, pues generan una conectividad cada vez mayor entre todos los elementos de las ciudades y sus dispositivos. Resalta la relevancia de preparar a la sociedad ante los cambios que están por venir, promovidos por los continuos avances tecnológicos.

Ciudades como Londres han establecido sistemas de vigilancia muy avanzados, que generan el problema de la ponderación entre los intereses en juego ¿Cómo se puede solventar, si existe solución, esta disyuntiva? Surgen también problemas entre los poderes públicos y las empresas privadas: ¿cómo se combina la iniciativa privada con la gestión pública de los servicios?

José Antonio Ondiviela enfatiza la partnership entre lo público y privado, resaltando la relevancia de la especialización (en especial, la educativa). En cuanto a la ciberseguridad, señala que es imprescindible la protección de los datos de los ciudadanos y de su privacidad, además de educarlos en el manejo de su propia información.

Juan José Güemes considera clave la colaboración entre lo público y lo privado, entre otras razones porque la tecnología evoluciona más rápido de lo que un no especialista puede llegar a comprender. La regulación suele ser demasiado lenta para adaptarse a los cambios. De ahí que sea indispensable delegar en el sector privado la gestión de ciertas “competencias tecnológicas”.

Luca Selva reflexiona sobre el diálogo entre jóvenes, el sector privado y las administraciones públicas, incidiendo en la creación de un ecosistema adecuado, el acceso a la financiación, el riesgo y la educación.

La desigualdad es uno de los problemas más acuciantes que deben afrontar las ciudades, pues las disparidades entre los propios barrios y unas u otras áreas o zonas son enormes. El caso de Francia es paradigmático, pues han aparecido verdaderos guetos dentro de las ciudades.

¿Cómo se puede afrontar ese problema? ¿Qué herramientas podrían evitar la desigualdad?

José Antonio Ondiviela realza la importancia de las clases medias y propone la desaparición del efectivo como una de las posibles soluciones para evitar el fraude.

Juan José Güemes sostiene que la desigualdad no es un problema en sí mismo: sí lo es la pobreza y la exclusión social. Para combatirlas, las ciudades han de reforzar las políticas públicas y fomentar la educación.

 Luca Selva habla de los conocidos como “ninis” y aporta datos de los costes que suponen para la sociedad.

¿Cómo será la ciudad dentro de treinta o cuarenta años?

Para concluir, los tres ponentes ofrecieron su visión de cómo será la ciudad dentro de los próximos treinta o cuarenta años. José Antonio Ondiviela prevé una metropolitización de los países, como ya está sucediendo en Italia y en otras regiones, de modo que las ciudades se conviertan en polos de creatividad y de competitividad de los millenialls, a quienes corresponde construir una ciudad más atractiva. Juan José Güemes pone a Madrid como ejemplo de urbe de éxito. Luca Selva propone acentuar la europeización de las ciudades, siendo los jóvenes quienes lideren este proceso.

 

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