La rugosidad de Isaiah Berlin, por Luis Torras

Isaiah Berlin fotografiado por John N. Crossley en 1985

Isaiah Berlin fotografiado por John N. Crossley en 1985

Con la conmemoración del vigésimo aniversario de la desaparición de Isaiah Berlin, muchos de sus ensayos han vuelto a ser reeditados, sinónimo de reivindicación. Sus escritos, de lectura exigente, de saber enciclopédico, de frases largas, hasta cierto punto cargadas, siguen siendo un valioso instrumental para la reflexión sobre una gran variedad de temas. Destacan los ligados a la idea de la Libertad, con mayúscula, donde Berlin acuñará el efectivo término de “libertad negativa” (“Dos conceptos de la libertad”), la historia de las ideas –filosofía de la historia donde destaca especialmente “El erizo y el zorro”-, una contumaz crítica al comunismo (“El socialismo y las teorías socialistas”, entre otros muchos otros), o sus interesantes ensayos sobre el marxismo ruso (“La historia intelectual rusa”, “Un revolucionario sin fanatismo”, “La filosofía de Karl Marx”, también por mencionar algunos de los más sugerentes).

Se trata de una obra que ha tenido una gran influencia en las diferentes esferas del pensamiento y resultaría presuntuoso condensar la riqueza intelectual de Berlin en un artículo. Esperando contar con la complicidad del lector, me voy a limitar a simplemente compartir algunas de las reflexiones que me ha evocado la relectura de Berlin a propósito de la edición de Taurus, El sentido de la realidad.

Si hay una palabra que caracteriza la obra y pensamiento de Berlin, esa palabra es rugosidad. Su extensa obra es, por lo general, de formas fractales: un texto de Berlin se me asemeja a una sección aleatoria de Costa Brava. Esta forma compleja, hasta cierto punto ambigua, con algún que otro punto ciego y también con alguna que otra contradicción, es como el propio fuste torcido de la humanidad. Se trata de una obra poco doctrinal, –Berlin no destaca por tener un pensamiento sistemático–, pero sí por su gran capacidad ensayística, como sucede con Orwell o Camus en otros ámbitos. Sus ensayos son tremendamente ricos en matices, construidos con una amplia paleta de colores donde sobresalen (como sucede con muchos grandes filósofos) numerosas citas literarias.

Como intelectual liberal y riguroso (en alguna ocasión él mismo destacará su vocación científica, aunque sabemos del carácter polémico de esta proposición), Berlin sitúa siempre la acción del hombre en el centro de su obra. Berlin fue un hombre de gran erudición. Una de sus grandes líneas de trabajo será la filosofía de la Historia, el sentido de la historia más allá de la “lógica de los hechos” y los límites de su propio estudio. Para el empeño de tal empresa, Berlin, aunque con estilo literario muy diferente, transcurre por los mismos senderos que los pensadores de Viena (también llamados economistas) F.A. Hayek o Karl Popper, evitando caer en la “fatal arrogancia”. Hayek pone el acento en nuestra incomprensión del orden espontáneo ex ante, Berlin lo hace ex post.

De hecho, hago esta mención tan específica porque, con esta visión tan rica y sanamente prudente, profunda, pero al mismo tiempo humilde de la historia y de la experiencia humana en general, y el rico mapa de autores y conceptos que maneja Berlin, sorprende mucho que apenas dialogue con estos dos pensadores. De Popper, únicamente destaca una referencia en El sentido de la realidad y otra más en El poder de las ideas (editado por Página Indómita y pendiente de reseñar), ninguna a Hayek. Digo que sorprende porque algunos de los argumentos utilizados por estos tres pensadores (Berlin, Hayek y Popper) son pasmosamente próximos.

También sorprende que no cite a Ludwig von Mises, quien sistematizó una crítica completa al socialismo real (imposibilidad del cálculo económico) en 1922, tema al que Berlin, judío de origen ruso, dedicará gran parte de su vida y obra. Michael Ignatieff tiene una completa biografía del personaje, que precisamente tengo pendiente para ganar perspectiva sobre los porqués de algunos agujeros negros notables en una galaxia intelectual tan rica. En todo caso, Berlin, como muchos otros pensadores de su generación (por ejemplo, Raymond Aron), si bien fueron unos firmes anticomunistas, infravaloraron enormemente la libertad en su dimensión económica. Una incongruencia en la que hoy siguen cayendo no pocos periodistas y creadores de opinión en general, siempre muy sensibles a la hora de defender la libertad de prensa, pero en cambio hostiles para con la libertad de empresa, cuando ambas son dos formas de expresarse y crear en libertad.

La comparación entre el “renacentista” Hayek y el “barroco” Berlin (con la disculpa de que las comparaciones son siempre odiosas), resulta clarificadora para entender la obra y propia contribución de Berlin. Si los textos de Hayek, y esto es un apunte muy personal, siempre de formas simples y claras, resultan iluminadores, la rica obra de Berlin tiene la virtud de despertar nuevas conexiones neuronales, alumbrando nuevas galaxias mentales y relacionando ideas con otros muchos pensadores –Berlin ensancha los horizontes intelectuales del más erudito–, lo que permite una mejor comprensión del fondo de la cuestión. Los ensayos de Berlin permiten una mayor riqueza y profundidad a la hora de abordar las grandes cuestiones relacionadas con el pensamiento, el estudio de la historia y la filosofía.

Es como si pensadores ya citados como Hayek, Popper o Mises –podríamos citar a otros como Tocqueville (también una referencia marginal en el universo de Berlin y en cambio de estilo muy claro) –, escalaran el Everest por la cara sur (entiendo que es el recorrido fácil), mientras Berlin estuviera escalando la misma montaña, pero por su cara más difícil y exigente. Por momentos, resulta lógico preguntarse por qué tomó este camino existiendo vías más directas. Sin embargo, en otros muchos momentos, uno se da cuenta que el contumaz y laborioso trabajo de Berlin permite tener una visión cartográfica de la montaña mucho más completa. Por ese trabajo ya vale la pena poner en valor su gran figura y aproximarnos a su rica y exigente obra.

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