La presencia femenina, por Francisco Javier García

Sellos de la Colección "Personajes españoles",1968

Sellos de la Colección “Personajes españoles”,1968

En los últimos tiempos el papel de la mujer ha ido cambiando en nuestra sociedad, adquiriendo cada vez más relevancia. Se suele admitir que las mujeres han ido tomando conciencia de su propia valía y de sus derechos desde la labor pionera de Mary Wollstonecraft (1759-1792).

Sin embargo, las cosas no son tan sencillas. Mucha gente conoce  mujeres del pasado que han sido plenamente conscientes de sus propios méritos y que han ejercido un poder efectivo en su  propio entorno, por ejemplo las reinas Isabel de Castilla,  Isabel de Inglaterra, o la emperatriz Catalina, la grande, de Rusia. En la Biblia hay otros dos ejemplos, la juez Débora y la reina de Saba. Siempre ha habido.

Por lo demás, la historia describe pueblos más o menos matriarcales como los integrantes de la confederación iroquesa que estuvieron en pleno vigor hasta el siglo siglo XVIII. También era importante el papel de las mujeres en la sociedad sármata (del siglo V ante de Cristo hasta el siglo III de nuestra era) y que probablemente haya dado origen a la leyenda de las amazonas, o en la celta, dado que la reina Boudica lideró una coalición de britanos contra los romanos en los años 60 y 61. Tampoco era irrelevante el poder de las reinas hititas (siglos XVIII a XIII antes de Cristo) cuyo nombre institucional era Tawanana, con poder efectivo en el palacio real en ausencia del rey, y con sobrado prestigio para que no se la ejecutara en algún caso en que cometió asesinato en miembros de la familia real.  En los Hechos de los Apóstoles aparece un ministro de la reina Candace de Etiopia, pero Candace debe ser un nombre genérico de reinas o reinas madres de la región de Nubia-Etiopia.

Con todo, los casos más llamativos son las reinas Hatshepsut de Egipto (siglo XV antes de Cristo) y la reina Wu Zetian de China (siglo VII). Ambas tienen varias cosas en común, ejercen el poder a la muerte de sus esposos y se consolidan en él amparadas por una religión determinada, el culto a Amón de Tebas en el primer caso, los budistas en el segundo. Al final de sus días ambas tuvieron que dimitir en favor de su sucesor natural (hijastro en el primer caso, hijo en el segundo).

De las innumerables  reinas regentes de todos los tiempos, una de las más conocida es Zenobia de Palmira (267-272)

Mención especial merece el caso de la escritora japonesa Murasaki Shikibu, que vivió a caballo de los siglos X y XI, miembro de la poderosa familia Fujiwara, y autora de “la novela de Genji”, un clásico japonés, el equivalente a nuestro  don Quijote.

Dentro de la cultura occidental cristiana ha habido muchas mujeres con autoridad propia  y no solo reinas (María Tudor, María Estuardo y Cristina de Suecia, Ana de Inglaterra), sino abadesas (desde santa Hildegarda a santa  Teresa, pasando por santa Brígida por citar unas pocas), y aun simples seglares como santa Catalina de Siena o santa Rosa de Lima.

En resumen, antes de la nuestra ha habido otras sociedades donde el papel de la mujer era importante y, además, en todo tiempo ha habido mujeres de gran valía personal que han brillado con luz propia. Como es natural, la historia no empieza en el siglo XIX.

Francisco Javier García Alonso

Catedrático de Química Inorgánica

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