La nota de Josep

Notas_pie

Fue Jean Jacques Rousseau quien en su obra Del Contrato Social (1762), elaboró el concepto de la voluntad general. Esta idea -“cada uno de nosotros pone en común su persona y todo su poder bajo la suprema dirección de la voluntad general; y nosotros recibimos corporativamente a cada miembro como parte indivisible del todo”- ha tenido una larga influencia en la historia del pensamiento político, no solo como fuente de los episodios más oscuros de la Revolución Francesa, sino como precedente teórico de los totalitarismos modernos.

Son los independentistas catalanes quienes parecen haber asumido ahora el concepto de la voluntad general rousseaniano como su principio político básico. Si en Rousseau la voluntad general está por encima de la voluntad de sus miembros, es única, indivisible y jamás puede errar, para el independentismo catalán una supuesta e imaginada voluntad del pueblo de Cataluña tendría las mismas características absolutas: Ante ella no hay leyes, ni tribunales ni garantías propias del Estado de derecho.

Así lo demostró Carles Puigdemont cuando al tomar posesión como presidente de la Generalidad manifestó fidelidad únicamente a la “voluntad del pueblo de Cataluña”. Una novedosa fórmula populista, que obviaba la necesaria lealtad al Rey, a la Constitución y al resto del ordenamiento jurídico de quien pretende ostentar un cargo público en España. Asimismo, entre otras muchas intervenciones, Carme Forcadell manifestaba hace unos meses que la sentencia del Tribunal Constitucional que anulaba la resolución independentista “no anula la voluntad del pueblo de Catalunya.” Y ayer mismo se produjo un nuevo atropello en nombre de esa supuesta e imaginada voluntad del pueblo de Cataluña cuando en el parlamento autonómico se aprobaba una resolución para celebrar un referéndum de independencia en 2017.

Se trata de un nuevo episodio en la serie de la infamia que estamos viviendo. No importan la Constitución, ni los derechos y libertades de los españoles (catalanes incluidos) ni la separación de poderes (Justicia) ni el principio de igualdad ante la ley, porque lo único que anima a las fuerzas independentistas es la vocación totalitaria que esconden tras ése artificio político que llaman “voluntad del pueblo de Cataluña”. Los perores aprendices de Rousseau, los independentistas catalanes.

FLORIDABLANCA CAFÉ

Implícate

Desde Floridablanca necesitamos tu apoyo moral y material para poder llevar a cabo nuestro proyecto

Implícate

Archivos

Categorías