La importancia de no gastar lo que no tienes, por Javier Vidueira

Hace tiempo que dejamos atrás la crisis económica. Para el partido del Gobierno, hace años; para la prensa, meses; y para el ciudadano de a pie, depende de a quién preguntemos. No obstante, lo que es indiscutible es la mejora sustancial de los principales indicadores económicos. Tan solo hace unos días, España alcanzaba la cifra de 19 millones de ocupados, unos datos que no se veían desde 2009.

Hemos dejado atrás los duros ajustes presupuestarios y estamos mejor que en años pasados, pero debemos ser cautelosos porque queda mucho por hacer. La deuda pública española se encuentra entre las más altas de la zona euro (99% del Producto Interior Bruto) y nos mantiene atados a nuestros compañeros en el barco de los malos gestores, el de los PIIGS. Sin embargo, los irlandeses, respetuosos con su lengua y apoyados en coherentes políticas liberales, han corregido ese exceso de “íes” en la palabra inglesa para “cerdo” y se han salido de la lista por méritos propios; siendo Grecia, Italia, Portugal y España, por este orden, los países que más deuda pública acumulan de la Unión Monetaria.

Ya sabemos que la deuda pública viene, básicamente, de pedir el dinero que no tenemos para pagar lo que queremos o debemos. Y no está de más recordar que el déficit público es la diferencia entre todos los ingresos y todos los gastos de la Administración Pública. Cuando no se pueden cubrir los gastos con los ingresos surge la necesidad de pedir dinero prestado. Pasa en cualquier familia y no es distinto para la economía de un país. España, después de la crisis, mantiene el déficit público más alto de toda la zona euro (4,51% del PIB). Pero no sería justa esta comparación si no tuviéramos en cuenta algunos factores decisivos.

Es hora de mencionar el concepto de déficit primario para entender la realidad económica que subyace entre los datos económicos habituales. El déficit primario es el mismo déficit público del que descontamos el servicio de la deuda. Dicho de otra forma, es la diferencia entre los ingresos y gastos del estado sin contar el pago de intereses de la deuda. Si lo reflejamos en una familia sería, por ejemplo, la diferencia entre sus ingresos y gastos habituales sin tener en cuenta el pago de intereses de la hipoteca.

El déficit primario nos da una idea bastante clara de la capacidad de mantener la deuda contraída, ya que si gastamos más de lo que ingresamos sin tener en cuenta los intereses de la deuda (y su fluctuación), a la larga sólo podríamos endeudarnos más para seguir pagando.

¿Cómo ha evolucionado el déficit primario en España?

Déficit primario (%PIB) Fuente: BCE

DÉFICIT PRIMARIO (%PIB) Fuente: BCE

En el gráfico superior podemos apreciar la apuesta de los gobiernos liberales del PP, a finales de los años 90, por rebajar el peso del Estado (sus gastos) y lograr el superávit primario, que se mantuvo hasta que en el año 2007 comenzó la crisis económica, durante la cual llegó a descender hasta un dramático 10% de déficit. Hasta entonces, el superávit había permitido al gobierno financiarse con sus propios ingresos y endeudarse cada vez menos.

Deuda Pública (%PIB) Fuente: Datosmacro

DEUDA PÚBLICA (%PIB) Fuente: Datosmacro (Datos 2017: II trimestre)

De hecho, en el año 2007 España mantenía un nivel de deuda notablemente inferior al de Alemania (35,60% frente al 63,70%). Sin embargo, Alemania ya estaba inmersa en su periodo de ajustes, lo que le permitió depender en menor medida de la deuda externa y llegar a 2017 con un 66% de deuda sobre PIB, frente al 99% de deuda española. Esa reducción del gasto en Alemania contribuyó de forma decisiva a que salieran airosos de la crisis económica que tantos estragos causó –y sigue causando- en España.

Hoy el déficit primario en España se muestra más contenido, en el 1,70% del PIB. Eso quiere decir que aún seguimos dependiendo del exterior para financiar nuestros gastos. Hemos mejorado a base de golpes, pero el horizonte no se presenta fácil. Recordemos que el déficit primario elimina de la resta el pago de los intereses de la deuda. Hoy los intereses son cero, gratis, pero ya no por mucho tiempo. La Reserva Federal de EEUU ha comenzado a subirlos y el Banco Central Europeo suele ir detrás en estas decisiones. Seguir dependiendo de la deuda externa no es una buena opción.

Hay alternativas para evitarlo: reducir los gastos del Estado, impulsar la colaboración público-privada en comunidades autónomas y municipios, favorecer el crecimiento económico eliminando todas las trabas posibles al tejido productivo (ya sean impuestos a la actividad económica, a la contratación de trabajadores o a los autónomos) y asegurar un clima político de confianza y estabilidad, libre de arrebatos populistas y nacionalistas. No olvidemos que las magnitudes de la deuda se miden respecto al Producto Interior Bruto y todo lo que implique potenciar el crecimiento del PIB debería ser la prioridad de cualquier Gobierno.

Javier Vidueira

ECONOMISTA. RESPONSABLE DE COMUNICACIÓN E IMAGEN CORPORATIVA DE FLORIDABLANCA

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