Contra la democracia y contra España

Tras el 26J

Foto: Javier Vidueira / Floridablanca

España se encuentra en un momento crítico. Nuestro régimen constitucional de derechos y libertades está amenazado. El secesionismo ha encontrado en los partidos antisistema (Podemos, IU y demás confluencias) su mejor aliado. Ambos comparten un enemigo, la España constitucional, y persiguen un mismo objetivo para alcanzar sus fines, quebrar el orden constitucional. Los antisistema han hecho de la causa secesionista una oportunidad política para: (1) hacerse eco de las falsedades del secesionismo y colaborar en la tergiversación de los hechos y del lenguaje (la democracia sólo es votar, hay presos políticos, España es un Estado represivo, etc.) y (2) generar tensión social con el objeto de confrontar la sociedad y romper la convivencia cívica.

Los partidos antisistema se nutren del caos y el desorden para establecer su propio orden. Un orden en el que los individuos no son sujetos de derechos y libertades por el hecho de ser personas, sino por su afinidad ideológica. El pluralismo -característica de las democracias liberales- es un obstáculo para la implantación del totalitarismo. De ahí que Cataluña sea la coartada de los antisistema, como lo demuestran las distintas manifestaciones de violencia, presión y amedrentamiento de la CUP, el apoyo de ETA al referéndum ilegal, la presencia de antisistemas de toda Europa y, cómo no, la liquidación de la oposición democrática en el Parlamento de Cataluña.

El camino adoptado por los secesionistas en convergencia con los antisistema no es una reivindicación democrática. Es una afirmación antidemocrática que rompe con la tradición occidental de corte liberal, que se caracteriza por el respeto a los derechos individuales y la dignidad de la persona, la separación de poderes y el libre mercado. Es, en definitiva, una ruptura con la vocación europea nacida de la posguerra y una alineación con los regímenes de corte totalitario (la ideología como verdad oficial, unión partido/Estado, etc.), cuya manifestación contemporánea la encontramos en la democracia bolivariana de Chávez y Maduro, donde “se vota”, hay presos políticos y la ley se aplica arbitrariamente.

Por todo ello, lo que está en juego en Cataluña afecta a todos los españoles, a quienes pretenden desposeer de sus derechos, y a la supervivencia de la propia Nación española y del proyecto europeo. Porque a lo que nos enfrentamos no es una algarabía, sino a una operación dirigida contra el orden constitucional que no tiene más objeto que dilapidar lo conquistado por todos los españoles y, por extensión, por todos los europeos: la democracia liberal.

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