La cruz de la sanidad y la riqueza de las naciones, por Francisco Guijarro

Sala en el Hospital de Arles (Vincent Van Gogh, 1889)

Sala en el Hospital de Arles (Vincent Van Gogh, 1889)

No es casualidad que en cada centro sanitario se exponga la figura de una cruz. El objetivo buscado al exponer esta forma es que cualquiera pueda reconocer inmediatamente la naturaleza de las funciones que se llevan a cabo en él. Cambia el color, el tamaño y el diseño, pero se conserva la esencia del símbolo.

Si bien se conocen recintos donde se realizaban actos médicos con anterioridad en India, Egipto, Grecia, Roma… La estructura sanitaria moderna procede de organizaciones religiosas cristianas, que construyeron primero los Xenodoquios y posteriormente los Hospitalia. Eran casas de acogida para enfermos y pobres en las que los religiosos cristianos promovían las relaciones humanas basadas en la caridad. La consecuencia de este cambio de consideración al enfermo supuso la aparición de una asistencia organizada para toda la población, es decir, la creación del hospital como institución específica.

En el siglo XI (alrededor de 1048), época de las cruzadas, unos mercaderes de la República de Amalfi, recibieron el permiso del califa Husyafer de Egipto para construir un Hospital en Jerusalén con el fin de asistir a los peregrinos de cualquier fe o raza, junto a la iglesia del Santo Sepulcro. El lugar recién construido fue consagrado a San Juan Bautista. La comunidad monástica que dirigía el Hospital, consiguió estar bajo el amparo y la tutela de la Santa Sede mediante la bula del 15 de febrero de 1113 firmada por el Papa Pascual II. Se conforma entonces una orden laica religiosa conocida como Orden de San Juan de Jerusalén. Posteriormente, con la constitución del Reino de Jerusalén, la orden religiosa tuvo que asumir la defensa militar de los enfermos, sus centros médicos y las vías de comunicación.

Para distinguirse del resto de grupos asentados en Tierra Santa, el fundador de la Orden, el beato Gerardo, utilizó una cruz presente en la bandera de Amalfi, su tierra natal. Las sedes de la Orden pasaron del Castillo del Crac de los Caballeros a San Juan de Acre. Posteriormente, tras la expulsión de Tierra Santa en el siglo XIII, fundan un Hospital en Limassol (Chipre). En la isla dispusieron y gestionaron varios hospitales, casi siempre junto a la costa para que los barcos pudieran acceder a la asistencia sanitaria prestada por ellos.

Esta situación continuó hasta que el territorio se hizo inestable y consideraron más seguro establecer su sede en la isla de Rodas, ya en el siglo XIV. Formaron una potente flota que defendió a la cristiandad en numerosas batallas. La estancia en Rodas supuso una expansión de la Orden que recibió, durante casi dos siglos caballeros agrupados en las ocho “lenguas” que hablaban entre sí: Provenza, Auvernia, Francia, Italia, Aragón- Navarra, Inglaterra, Alemania y Castilla-Portugal. Tras seis meses de asedio y combates, los Caballeros se vieron obligados a rendirse ante Sulimán el Magnífico. Abandonaron la isla con honores militares y durante unos años se quedaron sin territorio.

En 1530 el emperador Carlos V cede la isla de Malta a la Orden, y se decide junto al Papa Clemente VII que permanecerían neutrales ante las guerras entre naciones cristianas. Por ello, no pudieron defenderse cuando Napoleón Bonaparte tomó la isla en 1798. Actualmente, la sede de los Caballeros de la Orden de Malta es el Palacio Magistral, situado en la via Condotti 68 de Roma y es un espacio con garantía de extraterritorialidad.

El Cruz de la Orden, también conocida como Cruz de Malta, es de color blanco y presenta una forma octogonal. Aunque se aceptan varias interpretaciones sobre su simbología, las más aceptadas son que el color blanco expresa la pureza de corazón y las ocho puntas de la cruz se refieren a las bienaventuranzas y marcan las obligaciones de los caballeros: Vivir en la verdad, tener fe, arrepentirse de los pecados, dar prueba de humildad, amar la justicia, ser misericordioso, ser sincero de todo corazón, soportar la persecución.

Los miembros de la Orden, tenían fama de disponer de conocimientos médicos avanzados para la época. Realizaban curas y acompañaban espiritualmente al enfermo incurable en el tránsito hacia la muerte. Cuando los cruzados y peregrinos atisbaban una Cruz de la Orden de Malta, sabían que al acudir a esa fortaleza recibirían atención sanitaria y cobijo. Podría considerarse que conformaron la primera red de hospitales de la historia.

La concepción de un sistema sanitario solidario, al que pueda acceder cualquier persona y que esté presente en el mayor número de localizaciones posibles, está íntimamente relacionado con el humanismo cristiano que, junto a Grecia y Roma, han dado origen a la existencia de la propia sociedad occidental.

Desde el centro derecha, los liberal-conservadores no debemos renunciar a la defensa de la sociedad del bienestar, ya que sería ir en contra de nuestra propia esencia cultural. En el ámbito político español se tratan temas dispares, aunque últimamente se está centrando el debate en la economía. Parece que es suficiente gestionar adecuadamente los parámetros que marcan el rumbo del empleo y el crecimiento económico, pero se deja de lado la evolución de un sistema sanitario público quebrado que, si no se toman las medidas oportunas, desaparecerá tal y como lo conocemos en menos de una década. Por ello, es necesario, urgentemente, reflexionar sobre el modelo de sociedad que queremos, y la organización sanitaria que nos podemos permitir. Sobre la gestión de los recursos necesarios, la financiación, el modelo, las reformas… se puede discutir y discrepar, pero no perdamos de vista lo verdaderamente importante; crear un entorno que ayude a que las personas puedan disponer de una buena salud, pues la salud de sus ciudadanos es la verdadera Riqueza de las Naciones.

Francisco Guijarro Castillo
FLORIDABLANCA CAFÉ

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