¿Hay un discurso liberal conservador para el siglo XXI?

La respuesta acerca de la posibilidad de un discurso liberal conservador para el siglo XXI exige de una serie de valoraciones y matices sobre qué es el liberal conservadurismo y qué ideas y actitudes definen lo que es y su vigencia. En esa tarea se embarcaron Javier Zarzalejos, director general de la Fundación FAES; Ferran Caballero, filósofo y articulista, y Jorge Martín Frías, editor de Red Floridablanca; en un interesante debate moderado por Gonzalo Altozano.

El siglo XX finalizó con una clara victoria del planteamiento liberal conservador

El siglo XX finalizó con una clara victoria del planteamiento liberal conservador si tenemos en cuenta la presencia de ideas como la democracia representativa, el Estado de derecho, los derechos fundamentales, la economía de mercado y la igualdad de oportunidades, entre otros.

El liberal conservadurismo tiene futuro necesariamente al estar enraizado en la naturaleza humana, al tratarse de un discurso construido sobre la experiencia común de las personas. Se basa, sobre todo, en experiencia acumulada en contraste con la socialdemocracia, que teoriza primero para luego ponerlo en práctica con las consabidas consecuencias.

¿Hay una oferta política liberal-conservadora?

En estos momentos hay cuatro “ofertas” políticas en toda Europa. Dos “nuevas”, que son viejas conocidas de los europeos, el nacionalismo y el populismo, que están alimentando la idea de las democracias iliberales. No es lo mismo ser demócrata que liberal.

Hay una izquierda que se quedó sin proletariado hace cuarenta años, que ha optado por dirigirse a la sociedad entendida como una suma de minorías que reivindican una identidad, esperando que de ahí salga la gran coalición social que les mantenga en el poder. El problema es que este tipo de discursos dificulta la capacidad de ofrecer un proyecto para el conjunto de la sociedad.

Y, por último, hay una propuesta política de sectores que tienen todavía reflejos “liberal conservadores” que centran su oferta en una conducción eficiente y eficaz del Estado. En Europa ha tenido éxito, como en Alemania. En España forma parte de la oferta política del Partido Popular. En el camino, se ha dejado lo que podía aportar la democracia cristiana. Sin embargo, y manteniendo su “reflejo” en la sociedad, se ha abandonado la actualización y el trabajo sobre un discurso liberal conservador que debería dar respuesta a los grandes retos políticos que son la conservación y el fortalecimiento de la democracia representativa y el papel futuro de la capacidad redistributiva del Estado.

En este sentido, Ciudadanos hace gestos que no llegan a concretarse en lo que sería propiamente una oferta liberal-conservadora y el PP, que hasta hace una década era su máximo representante, ha optado por dejar de ser la “casa común” del centro derecha que aglomeraba a liberales, conservadores, democristianos y centristas.

¿Cómo se explica el éxito del populismo y el nacionalismo?

El “éxito” del populismo y el nacionalismo no es fruto de una mala comunicación, sino de la incomparecencia de los adversarios. Es necesario reconstruir un discurso frente al nacionalismo y el populismo, porque, aunque pierdan elecciones, están condicionando la agenda política de Europa. No se puede olvidar que a la política se le responde con política, fortaleciendo la democracia representativa y estableciendo una oferta política que sea capaz de llenar el vacío de pertenencia que en muchos sectores de la sociedad europea se está produciendo por temor a la globalización. Esta es una tarea muy importante a la hora de construir un discurso liberal conservador.

Hay una desconfianza en la situación actual hacia la consistencia de las ideas liberal conservadoras unido a una cierta timidez a la hora de presentarlas en el debate público con algunos elementos preocupantes. Hay una presión censora cultural cada vez mayor para acallar ideas discrepantes respectos a determinados modelos que se instalan muy fácilmente. Modelos en lo que la izquierda suele sentirse muy a gusto y los liberal conservadores incómodos.

Por otro lado, uno de los problemas que tiene el liberal conservadurismo consiste en la dificultad de defender aquello que ya está instaurado (el Estado de derecho, la democracia representativa, etc.), por el hecho de que es menos ilusionante que luchar contra ello. En este sentido, y teniendo en cuenta la particularidad del pensamiento liberal conservador, es complicado porque exige que se implique constantemente en el debate apuntando aquello que está en riesgo y que merece la pena conservar. Esto explicaría la debilidad política del liberal conservadurismo a la hora de defender sus posiciones y tomar la iniciativa en el debate público.

Sin embargo, la experiencia nos ha demostrado que el liberal conservadurismo no está condenado a ser reactivo. Al contrario, la experiencia acumulada le permite adelantar problemas, confrontar ideas, hechos, etc. Los problemas que hemos padecido han sido por haber abandonado espacios, no haber entrado en los debates públicos y, lo que es peor, habernos resignado a no liderarlos.

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