Fortalecer la OTAN, defender Occidente, por Javier Fernández-Lasquetty

Este texto fue presentado por su autor en el Estoril Political Forum celebrado del 26 al 28 de junio de 2017, organizado por el Instituto de Estudos Políticos de la Universidad Católica Portuguesa

Foto: Estoril Political Forum

Foto: Estoril Political Forum

En los últimos meses se habla mucho sobre cómo fortalecer la OTAN con la nueva administración Trump, quién debe aportar la financiación, etc. Pero vayamos en orden. Todos esos son debates sobre las consecuencias. Son importantes, sí. Pero antes que ello está el principio. Y el principio es la defensa de Occidente. No entendido como espacio geográfico, ni como un grupo concreto de naciones, sino asumido como un conjunto de valores y principios: la libertad personal, la responsabilidad individual, el Estado de Derecho, la separación entre el poder político y el poder religioso, la igualdad entre hombres y mujeres. Todo eso que reconocemos fácilmente y que podemos encontrar en Londres o en Sidney, en Varsovia, en Tel Aviv o en Guatemala, pero que desgraciadamente no encontraremos ni en Teherán ni en Pionyang.

Y eso es lo grave. No está nada claro que los occidentales tengamos ahora una visión compartida de qué significa Occidente, ni mucho menos de que haya que defenderlo.

El principal enemigo de los occidentales es que una cultura de autoodio a Occidente ha impregnado casi todo el espacio cultural, intelectual y académico desde hace décadas. Y para defender el Occidente hacen falta al menos dos condiciones:

  • Creer en los valores occidentales: la libertad, la responsabilidad individual, la propiedad y el imperio de la ley.
  • Creer que esos valores son moralmente superiores a los de quienes los desafían en este momento, sea el terrorismo yihadista, sea el neocomunismo populista, o sean las autocracias invasivas.

Y esa batalla contra el auto-odio al Occidente es previa, y debe darse en donde tiene sus raíces: la cultura y la academia.

En 1940 solo un político, Winston Churchill, tuvo el coraje de actuar conforme a esos principios. Pocos académicos e intelectuales tuvieron ese mismo valor de identificar principios y valores con acción. Precisamente en 1940, uno de esos académicos, Ludwig von Mises, escribió que “la democracia es el corolario de la economía de mercado en los asuntos internos; la paz es su corolario en la política exterior”. Es decir, que democracia, paz y economía de mercado son instituciones de la sociedad abierta, de la libertad, y que todas ellas se basan en la cooperación voluntaria.

La OTAN es la expresión de la cooperación voluntaria entre estados para proteger la paz que permite a los individuos vivir libres.

¿Sirve para algo OTAN en 2018? La gente piensa que sí. Un estudio de Pew Research de mayo pasado dice que hay un fuerte apoyo general a la OTAN: 62% en EE.UU., 67% en Alemania, 60-62% en Francia y Gran Bretaña, etcétera. Increíblemente el apoyo más reducido se da en España, 45%. Tener la izquierda más antioccidental de Europa tiene esas consecuencias.

Pero los problemas de la OTAN están a la vista, y no han empezado con la llegada de Trump a la presidencia. Ni tampoco empezaron cuando Barack Obama orientó su política exterior bajo dos premisas: la primera fue dejar de prestar atención a Europa, y lo hizo; y la segunda fue la decisión de “ir por detrás”. Ahora vemos las consecuencias: Europa más atacada, Israel más amenazada, Oriente Medio en plena guerra civil, y Rusia interfiriendo de manera cada vez menos disimulada.

La OTAN está tan desorientada como los occidentales y como los líderes europeos y americanos. ¿El problema es quién paga las facturas? Es absolutamente cierto que los europeos no tenemos ningún derecho a comportarnos como free-riders (gorrones, diríamos en castizo) en materia de seguridad.

Sin embargo, la OTAN no es el sistema de pagos de un condominio, como se deduce de la manera en que habla el presidente Trump. Esa visión de la alianza es muy preocupante.

Y la OTAN tampoco es un viejo extintor de incendios que tenemos en casa para sentirnos tranquilos en caso de que haya un fuego, como parecen pensar muchos líderes europeos.

La OTAN es una alianza política, y por tanto es la expresión de unos valores de libertad que sostienen nuestro modo de vida. Si el artículo 5 del Tratado de Washington dejara de proteger la libertad de unos millones de occidentales, la libertad del resto no duraría demasiado.

Hay cuestiones abiertas sobre las que se necesitan debate y decisiones. Ha habido algún buen trabajo para pensar el futuro de la OTAN como una alianza de libertad. Me refiero a la propuesta que promovió hace unos años la Fundación FAES, de José María Aznar. Pero no se ha avanzado casi nada después.

¿Debe la OTAN incluir a países que tienen la libertad como premisa, como Israel, Australia o Japón? Es un debate que se necesita hacer.

¿Debe la OTAN combatir el yihadismo? Cada uno de sus miembros lo está haciendo. Combaten en los mismos escenarios, sin formar una fuerza única, todos igual de desorientados en la elección de aliados locales.

¿El terrorismo yihadista se puede combatir con los mismos instrumentos legales y operativos con los que se combaten los homicidios o cualquier delito común?

Ya vemos: el problema no es si se debe gastar en Defensa el 2%. El problema es si lo que se gasta sirve para algo. Si sirve, sobre todo, para proteger la libertad de los individuos en una sociedad abierta.

La realidad es que Europa está muerta de miedo. Y ahora vemos que los Estados Unidos ya no son una excepción: también han entrado en el torbellino del miedo. Miedo a la globalización, miedo a la competencia, miedo a que la gente no sepa escoger bien sus decisiones. Ese miedo que los estatistas de todos los partidos llevan inoculando cuidadosamente a los occidentales desde hace décadas.

 Este mes de junio se han cumplido 30 años del discurso que pronunció Ronald Reagan ante el Muro de Berlín. “Tear down this wall”, exigió el presidente norteamericano, que era un optimista porque creía en la libertad. Y el Muro fue derribado por la gente dos años después, como fruto de la acción humana, pero no del designio o del plan de ningún ser humano.

La idea de la superioridad moral y material –pero sobre todo moral- de la libertad frente al colectivismo comunista era la idea central de ese discurso y de todo el legado que Ronald Reagan dejó de su presidencia.

Tal vez eso nos sirva para llegar a buenas conclusiones en el debate sobre cómo fortalecer la OTAN, y cómo defender Occidente.

Javier Fernández-Lasquetty

VICERRECTOR DE LA UNIVERSIDAD FRANCISCO MARROQUÍN

Etiquetas:

FLORIDABLANCA CAFÉ

Implícate

Desde Floridablanca necesitamos tu apoyo moral y material para poder llevar a cabo nuestro proyecto

Implícate

Archivos

Categorías