Floridablanca, un año después (artículo en ABC)

Artículo originalmente publicado el 3 de febrero enabc

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El pasado 21 de enero Floridablanca cumplía su primer aniversario. Cuando hace un año un grupo de jóvenes profesionales decidíamos lanzar una iniciativa para la difusión del ideario liberal-conservador en España, nuestro diagnóstico sobre la situación política era claro: se estaba produciendo un avance de las posiciones de izquierda ante la indiferencia del centro-derecha, que había renunciado –inexplicablemente- a dar la batalla de las ideas. El surgimiento de una nueva formación de corte populista bolivariano y la deriva radical del socialismo post-Zapatero, amenazaban seriamente  la senda de recuperación que con tanto sacrificio había emprendido el país, poniendo en riesgo también la estabilidad política que habíamos disfrutado en España durante toda la etapa democrática.

un año floridablanca

Creíamos, por tanto, que había que hacer varias cosas. En primer lugar, había que hacer pedagogía de las ideas. Había que explicar y difundir, de una forma accesible a todos, los principios y valores liberal-conservadores propios del centro-derecha español. En los últimos años, nos encontramos con que muchas personas que no se identificaban con las ideas de izquierdas habían perdido las referencias. Nadie se estaba  molestando en hacerles llegar un discurso coherente y alternativo de centro-derecha. En otras palabras, había que dar respuesta a la pregunta “¿qué es ser liberal-conservador?” que tantos se hacían. En política no puedes pretender que alguien te siga sin antes explicarle con claridad lo que piensas, sin antes convencerle. Nadie te debe el voto porque sí. Ese trabajo de pedagogía y difusión –eso que nos gusta llamar ‘la batalla de las ideas’- es fundamental.  Con ello, en Floridablanca pretendíamos dar continuidad a esa tradición de pensamiento que se remonta a los tiempos del reformismo ilustrado, pasando por las Cortes de Cádiz y el moderantismo de la Restauración. Un ideario que tiene en la libertad individual y en el patriotismo sus principios básicos, que defiende el libre mercado, y que hoy se centra en la defensa del régimen constitucional de 1978. Recuperar a los referentes ideológicos y políticos de esa tradición forma también parte indispensable de esa tarea.

Por otro lado, había que contribuir a la imprescindible renovación del centro-derecha. La crisis económica –que golpeó especialmente a los jóvenes y acentuó las desigualdades- y los casos de corrupción, crearon el caldo de cultivo propicio para el surgimiento de nuevos partidos (situados, claro está, en la izquierda radical o en el centro-izquierda). Partidos que bajo el eslogan de la regeneración democrática han sido capaces de atraer a grandes bolsas de votantes, especialmente jóvenes y desencantados. Había, por tanto, que recuperar la juventud. La identificación de los jóvenes con la derecha se sitúa hoy en mínimos históricos. También había que recuperar el talento, algo que pasa por la articulación de un gran proyecto político, integrador y atractivo. Ello no será posible si el que debe ser el gran partido de centro-derecha no abre sus estructuras, democratiza su funcionamiento interno y se acerca de nuevo a la sociedad, de la que se ha alejado progresivamente. En Floridablanca creemos que la democracia interna de los partidos es una cuestión de principio: una condición para su funcionamiento eficiente, que cuente con la aprobación de las bases para establecer el modelo de partido que se quiere para el futuro, tanto en lo que hace a las ideas como a los equipos.

A lo largo de este año, esa preocupación ante el avance de las posiciones de izquierdas ha tenido su traslación en los resultados electorales. Hoy ya no es solo una hegemonía en el debate público, sobredimensionada y acaparadora,  amplificada hasta lo impensable por determinados medios de comunicación, sino que su presencia es institucional. La izquierda ha mejorado sus resultados en todas las citas electorales celebradas desde entonces –europeas, autonómicas y locales, andaluzas, catalanas y generales- , gobierna en algunas de las principales ciudades de España –entre ellas Madrid, Barcelona o Cádiz- y aún es posible que el populismo bolivariano, que busca fragmentar España, forme, paradójicamente, parte del próximo gobierno de la Nación. Ante esta realidad, mucho más grave que la de hace un año, el diagnóstico se ha mostrado correcto. Por ello, debemos continuar con la pedagogía, explicando por qué nuestras ideas son las mejores para la prosperidad de los individuos y para el país en su conjunto; y debemos continuar insistiendo en lo necesario que es volver a construir un partido que sea la casa común del centro-derecha, abierto, integrador y democrático. Un partido reflejo de la historia de España y de la sociedad de hoy.

Por ello, un año -y más de 180 artículos después- creemos que el proyecto de la red Floridablanca tiene más sentido que nunca. Son muchos los retos a los que nos vamos a enfrentar en los próximos meses, en los próximos años, pero como dijo el clásico, el futuro es de los valientes.

Isabel BenjumeaDirectora de Floridablanca

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