El final de un ciclo político

EFE

La moción de censura al Gobierno del Partido Popular y la investidura de Pedro Sánchez abren una etapa muy preocupante que estará marcada por la inestabilidad y el conflicto político. Esta situación requiere un análisis riguroso de las causas que nos han traído hasta aquí.

Ya la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado constituyó un mal augurio para el futuro de la Nación. El PNV, que apoyó los PGE porque iban “a contribuir al pronto levantamiento del 155 en Cataluña” (y a cambio de sustanciosas concesiones económicas), ha decidido pocos días después la caída del Gobierno. Y el PSOE, que votó en contra de los mismos, los asumirá ahora para gobernar con una coalición de partidos cuyo único punto de unión es acabar con el régimen constitucional de 1978.

Lo primero que demuestra esta moción de censura es el problema del PSOE con la idea de nación. Una cuestión que viene de lejos. Zapatero puso la semilla con la reforma del estatuto de Cataluña. Y Pedro Sánchez, movido por un ansia de poder que parece no tener límites, ha anunciado la consumación del proyecto de su antecesor asumiendo la plurinacionalidadSu investidura ha sido posible gracias a los votos de Bildu, Podemos, PDeCAT, Esquerra Republicana de Cataluña y el Partido Nacionalista Vasco, algo que debería avergonzar a cualquier demócrata que crea en la libertad y en la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley.

La perspectiva de un Gobierno sustentado por estos grupos radicales permite esperar políticas centradas en imponer un discurso cultural hegemónico, algo que el Partido Popular no ha querido afrontar durante estos seis años. Por un lado, Sánchez no ha presentado un programa de gobierno, como era preceptivo, pero podemos intuir cuáles serán sus prioridades a tenor de lo defendido por sus socios. Una acción política de lo simbólico (republicanismo, memoria histórica, ideología de género…) para cambiar las mentalidades sociales en un determinado sentido. Nos dirigimos a un escenario en el que el gobierno buscará una polarización de la sociedad en cuestiones abstractas. Por otro lado, no sabemos a qué acuerdos concretos ha llegado Sánchez con las formaciones políticas que le han apoyado, las hipotecas que tiene en el grave asunto de Cataluña o las cesiones que tendrá que hacer.

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Resulta por ello muy difícil de entender por qué el expresidente Rajoy-y el Partido Popular- no han hecho todo lo posible para evitar este duro trance. Mariano Rajoy prefirió allanar el camino a la investidura de Pedro Sánchez con tal de no presentar su dimisión. La justificación de Mª Dolores de Cospedal es realmente sorprendente: llegados a este punto, no se trataba de garantizar que el PP pudiera seguir en el poder, sino de impedir que las fuerzas disolventes eligieran en un golpe de mano al presidente que mejor sirve a su agenda. En este sentido, no es lo mismo apoyar una moción que votar una investidura. Por eso mismo, el PP debería haber forzado a la oposición a explicitar lo que les vincula como proyecto político en una investidura, no en una votación meramente negativa de moción.

La deriva del Partido Popular en estos últimos años y su vacío ideológico ha sido el precedente necesario a este duro fin de ciclo. Algo que era de todos conocido desde la irrupción en el Parlamento Europeo de nuevas fuerzas políticas en 2014, y de lo que ha venido alertando Floridablanca desde hace más de tres años. Pero el Partido Popular se ha obstinado en no renovarse, en arremolinarse de forma acrítica en torno a un líder incapaz de entender que la supervivencia política no es sólo cuestión de aguante y que las elecciones no pueden ganarse sólo por miedo, sino defendiendo ideas y ofreciendo a los ciudadanos un proyecto de país.

De nada sirven ya el atrincheramiento ni el victimismo ni los sollozos. Sí cabe, sin embargo, preguntarse cómo es posible que una organización política haya vinculado su patrimonio, su historia y su futuro a un equipo dirigente que ha despreciado propuestas, críticas y avisos, que ha confundido a los amigos con los adversarios y que ha hecho de la indolencia su seña de identidad.

La asunción del análisis y las responsabilidades no se pueden ni deben postergar más. El Partido Popular, si no quiere instalarse en la irrelevancia, tal y como ya le ha pasado en Cataluña y en otras regiones españolas, tiene que afrontar sin más dilaciones un auténtico proceso de refundación que sustituya al actual equipo dirigente.

En definitiva, y aunque la moción de censura sea un mecanismo legítimo establecido en la Constitución, parece poco justificable que aquellos que dicen representar a “las mayorías sociales” les hurten a los españoles la posibilidad de manifestar sus preferencias ante una crisis política determinante para el futuro de nuestro país. Sólo mediante la celebración de elecciones generales se podrá abrir un nuevo ciclo político que permita a España afrontar con la fortaleza necesaria los desafíos que tiene por delante. Elecciones que supondrían una oportunidad definitiva para que los partidos del centro-derecha clarifiquen de una vez sus posiciones y nos ofrezcan a los españoles un verdadero programa político para el futuro de nuestra Nación.

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  • Manuel Sánchez Cánovas

    Cuidado con el geriátrico de Florentino Portero, lo mismo que el de Jaime Mayor Oreja (¿no se quién me manda invitaciones para que vaya a sus charlas tabernáculo?)… Mientras no haya reforma de las AAPP; democracia interna en el PP, y el PP no proponga un sistema electoral x circunscripción uninominal con candidato único, hiederán a chachullo de PPSOE (PP más el PSOE), en modo ladrón AFORADO, de reparto del botín. Ya huelen, ¡todos!.

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