¿Es posible un feminismo liberal?, por Alejandro Ruiz París

John Stuart Mill and Harriet Taylor; paintings by George Frederic Watts, 1873, and an unknown artist, circa 1834

Resulta sorprendente que ningún líder político dentro del espectro liberal conservador cogiese la bandera de un feminismo liberal de cara a las movilizaciones del día 8 de marzo (Día Internacional de la Mujer). Como dice George Lakoff en Don´t think of an elephant, “reframing” (reenmarcar) es cambiar la sociedad. En política, los marcos mentales moldean las políticas sociales así como las instituciones que formamos para llevarlas a cabo. Por lo tanto, si cambiamos los marcos, cambiamos la sociedad. Algo similar expuso el teórico marxista Antonio Gramsci al hablar de hegemonía cultural.

Con la renuncia del centro derecha a enmarcar el debate feminista dentro de los valores liberales y de hablar desde su perspectiva moral, el 8 de marzo fue capitalizado por el mensaje de izquierda anticapitalista. En el imaginario colectivo, redes sociales y en las aperturas de los telediarios quedaron imágenes de manifestaciones multitudinarias en las principales ciudades de España lideradas por un manifiesto que proclamaba la lucha contra el imperialismo y la alianza entre el patriarcado y el capitalismo que quiere a las mujeres dóciles, sumisas y calladas.

La responsabilidad de esta capitalización reside en los líderes políticos (hombres y mujeres) que, en los días previos a la movilización, renunciaron de la etiqueta feminista, hablaron de huelgas a la japonesa – en lugar de explicar que no se cree en este instrumento- y no supieron erigirse en guías de un propio “framing” con el que dar la batalla hegemónica en este asunto. Lucir un lazo morado en la solapa del traje es decir “Don´t think of an elephant”. Es utilizar su lenguaje y reforzar su marco.

Y no será por falta de referentes históricos en el mundo de las ideas. Uno de esos referentes históricos son John Stuart Mill y su esposa, Harriet Taylor Mill, quienes escribieron El Sometimiento de la Mujer (1869). El texto es una defensa de la libertad individual como elemento que contribuye a la eliminación de los obstáculos que impiden el desarrollo de la personalidad de las mujeres y el pleno ejercicio de sus capacidades. Es la aplicación del “laissez faire” a la problemática femenina. Recuperemos esta aproximación al feminismo. Mostremos que el manifiesto No nacemos víctimas es el que ha de liderar la defensa de la mujer; y no una visión paternalista, exclusiva y excluyente que trata a las mujeres como menores de edad.

Clara Campoamor y Victoria Kent

Contra esta visión paternalista luchó Clara Campoamor. La diputada del Partido Radical, ahora monopolizada por la izquierda por su republicanismo, enfrentó a lo largo de sus intervenciones en las cortes republicanas una visión de la ciudadanía en términos de igualdad universal, reconociendo de este modo la genealogía política del pensamiento liberal de Mill en su defensa de una visión igualitaria de la mujer como individuo racional y autónomo. Libertad e igualdad eran los principios fundamentales para el ejercicio de los derechos políticos que Campoamor defendió sin distinción de sexos. Este es el feminismo que hay que recuperar en nuestro país. La libertad y la igualdad son los principios con los que hay que romper las barreras que aún puedan existir. Con él es con el que hay que construir el marco que cambiará la sociedad de los problemas que aún le aquejan. Clara Campoamor, a diferencia de una paternalista Victoria Kent, así lo vio. Son dos visiones diferentes que se repiten a lo lardo de la Historia y donde el pasado 8 de marzo ganó la de Kent.

Por eso es más necesario que nunca que los referentes políticos del centro derecha beban de este feminismo liberal. El liberalismo contribuye a la creación de riqueza porque crea oportunidades. Es con el liberalismo con el que el centro derecha español tiene que crear su propio discurso, su propio marco y su propio lenguaje para ofrecer alternativas e ilusiones sobre cómo conseguir que la mujer pueda desarrollarse plenamente conforme a sus capacidades y apetencias. Si no se crea un discurso propio en este ámbito, los problemas de la mujer seguirán monopolizados por la izquierda y se estará reforzando un marco comprendido dentro del manifiesto contra el imperialismo y la alianza entre el patriarcado y el capitalismo. En definitiva, la batalla por la hegemonía cultural gramsciana será ganada por aquellos que promueven la tutela de todos y cada uno de los ámbitos de nuestra vida.

Alejandro Ruiz ParísApp-Twitter-icon

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