¿Existe un agravio en infraestructuras en Cataluña?, por Jorge Aísa

Las infraestructuras ayudan a vertebrar los territorios y reducir tiempos de transporte, aumentar los intercambios comerciales, que se traduce en un mayor número de transacciones económicas y en una mejora de la movilidad de los ciudadanos. La necesidad de una mayor inversión en infraestructuras en Cataluña por parte del Gobierno de la Nación viene siendo una de las consignas más repetidas por los diferentes gobiernos nacionalistas de la Generalidad de Cataluña. Veamos lo que esto tiene de cierto.

Uno de los pilares de la Marca España son nuestras infraestructuras, con empresas constructoras como referente internacional. Nos podemos sentir orgullosos de ser el primer país de Europa en kilómetros de líneas de tren de alta velocidad y el segundo del mundo, después de China. España cuenta con 3.240 km, con la primera puesta en servicio de la línea Madrid–Sevilla en abril de 1992. Hasta once años después, con la inauguración del tramo Madrid–Zaragoza–Lérida en octubre de 2003, no llegó la alta velocidad a Cataluña. Ahora bien, este retardo se ha visto recompensado desde 2013, siendo Cataluña la única región española con todas sus provincias conectadas a través de alta velocidad. Ello permite a los habitantes de Cataluña no sólo estar conectados con el resto de España en tiempo récord -con servicios como el Barcelona–Sevilla en 5h30-, sino también disponer de un servicio regional de alta velocidad.

Esta conexión regional, operada por Renfe Viajeros, permite desplazarse en vehículos de servicios comerciales AVE pero comercializados mediante la marca AVANT. Gracias a ello, el precio final de estos trayectos roza el descuento del 50% con respecto a la tarifa de AVE, que puede llegar a alcanzar una reducción del 80% a través del Abono Tarjeta Plus. En términos geoeconómicos, contribuye al desarrollo económico de Barcelona al mismo tiempo que facilita a las personas seguir viviendo en otros puntos de la región, por lo que no solamente se evita la despoblación del interior hacia Barcelona, sino que la implantación del sector servicios se despliega por las cuatro provincias catalanas.

En lo referente a la red de carreteras, se puede constatar que en primera posición por kilómetros de autovías, autopistas libres y autopistas de peaje, se encuentra la provincia de Barcelona, que cuenta con 783 km. En segundo lugar, se halla Madrid con 78 km menos de este tipo de vías rápidas, a pesar de que la estructura de las carreteras en España es principalmente radial y parte de Madrid, la capital de España.

En cuanto al transporte aéreo, también las cuatro provincias catalanas cuentan con su propio aeropuerto, pese al coste ineficiente de algunos de ellos. Además, las tasas aeroportuarias por pasajero de vuelos internacionales desde el aeropuerto de El Prat es un 20% inferior a las establecidas para Barajas, de modo que el coste final del billete es menor, lo que puede significar un elemento determinante para los turistas en la decisión de su destino.

Y si hablamos del transporte marítimo, cabe destacar que el puerto de Barcelona recibió 758 cruceros durante el año 2016, situándose en primera posición a nivel europeo. Con respecto a las mercancías, este puerto ocupa la tercera posición a nivel nacional, por detrás de los de Algeciras y Valencia, en número de toneladas de mercancías en contenedores, con 20.971.785 Tn.

Esta posición de liderazgo ha sido posible gracias a la inversión realizada por el Estado en Cataluña, que en el período 2006–2015 fue de más de ocho mil millones de euros, situándose como la primera comunidad autónoma con mayor obra adjudicada, con un 17,77% del total del presupuesto. En cambio, si se analiza la inversión destinada por los gobiernos de la Generalidad de Cataluña entre 2011–2016, aparece en este caso liderando el ranking pero por la cola, con un 0,40% de su presupuesto destinado a infraestructuras frente al 1,95% de la Comunidad de Madrid, que ocupa la primera posición. De hecho, Madrid recibe la menor inversión en infraestructuras por parte de los Presupuestos Generales del Estado, ya que llegó a caer un 46% durante gran parte de la crisis frente al incremento de más del 20% en Cataluña.

Por ello, podemos concluir que Cataluña cuenta con unas infraestructuras de primer nivel con respecto al resto de regiones españolas, e incluso en comparación con las del resto de Europa, gracias al trabajo realizado por los diferentes gobiernos de la Nación. Si bien puede ser lógico que toda región quiera mejoras siempre, el grado inversiones en infraestructuras realizadas en Cataluña la sitúan en una posición que no cabe queja alguna por parte de la Generalidad. Por el contrario, los gobiernos regionales de Cataluña no solamente han destinado recursos ínfimos a infraestructuras, sino que los han gestionado de manera nefasta. Cabe resaltar, que 1km de la línea 9 del metro de Barcelona ha costado 145 millones de euros, frente a los 18 millones de euros de media de 1 km de AVE. Es decir, esfuerzo inversor y eficiencia en Cataluña de la Administración General del Estado, frente a inversión nula y elevado coste por parte del gobierno autonómico catalán, que disfraza de victimismo su propia incapacidad.

Jorge Aísa

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