España como argumento, por Jorge Martín Frías

Artículo originalmente publicado el 21 de enero en Actualidad Económica


Ya es oficial. En Andalucía hay una alternativa democrática a los ejecutivos socialistas. Han sido necesarios 36 años para que el centroderecha (a pesar de que Ciudadanos haga esfuerzos para alejarse de esta categoría) llegue al Gobierno. La tarea no era fácil. El socialismo ha cultivado redes clientelares a través de subvenciones, subsidios, favores y un largo etcétera, que favorecieron la instauración de un nuevo caciquismo de la izquierda, ya sea ejerciendo el poder en las instituciones o controlando y ampliando la clientela desde los movimientos asociativos.

Todo ese mundo idílico que el socialismo español presentaba como la sublimación de la igualdad, la mayor de las mentiras orquestadas a la luz de todos los indicadores económicos y sociales, ha caído ante la suma de los escaños del Partido Popular, Ciudadanos y Vox. Pero el mayor problema del socialismo andaluz no ha sido su propia gestión, unida a la corrupción. Lo que ha sentenciado a los socialistas con el banquillo de la oposición ha sido la nación y la Constitución.

Las formaciones políticas del centroderecha han sido claves, sin lugar a dudas. Pero la mayor fuerza movilizadora ha sido la idea de nación. Las fuerzas disolventes de la unidad no han alcanzado a vislumbrar el patriotismo que habita en los españoles. Si el PSOE, Podemos, Bildu, ERC o el PdCat, hubieran sospechado que una identidad en forma de idea, la nación española, tenía tanta fuerza y presencia como la demostrada, seguro que habrían modulado todos y cada uno de los desprecios que han hecho. Para mayor escarnio de estos, lo que va a debilitar su poder no va a ser la gestión de la economía y los servicios públicos, sino la idea que han tratado de arrinconar, de minar poco a poco y de transformar hasta convertirse en su antítesis. Su idea de España es la no-España, pero la idea de España es más atractiva que antes. Frente a la sociedad cerrada, tribal, sanguínea y con miedo a la libertad del nacionalismo, el secesionismo, el PSOE y demás fuerzas políticas, se contrapone el espacio de lo posible, de lo tolerable, del pluralismo, de las libertades y los derechos ordenados (para que no entren en conflicto) y de la sociedad abierta y plural. La tendencia predominante hoy es la idea de una España inclusiva en contraste con los proyectos excluyentes.

En Andalucía ha ganado España como argumento. La nación como narrativa de lo que somos y la Constitución como posibilidad de un futuro en concordia. Sin embargo, también hay motivos para la preocupación. De lo acontecido en Andalucía podemos intuir cambios a nivel nacional en las distintas administraciones, pero en Cataluña, País Vasco y Navarra el secesionismo y el nacionalismo se mantienen fuertes ante la ausencia (de momento) de una oposición articulada en torno a un proyecto compartido de fondo. El caso Valls es una prueba de ello. El ex primer ministro francés está repitiendo los errores habituales de la progresía biempensante al creer que se trata de conciliar dos partes, cuando el único proyecto conciliador es el que representa los valores de España como nación y su Constitución. Ahí tienen cabida todas las ideas y convicciones, pero sin imposiciones y persecuciones. En libertad y en igualdad.

Jorge Martín Frías App-Twitter-icon

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