Entrevista a Isabel Benjumea: ‘El PP ha perdido la gran oportunidad de regenerarse’

Artículo originalmente publicado el 12 de abril en La Gaceta


Rafael Núñez Huesca

Es muy crítica con “la deriva” en la que está sumido el que aún es su partido. Y habla de regeneración, de liberalismo, del mundo anglosajón, de España, y de la libertad, “el valor supremo”.

Madrileña de padre malagueño y madre sevillana, la directora del think tank Floridablanca reconoce estar “obsesionada” con la libertad. Es la pequeña de seis hermanos, tiene treinta y cuatro años y es empresaria.
Isabel Benjumea está perdidamente enamorada de la cultura anglosajona: “Mi padre vivió varios años en EEUU y quedó fascinado; nos trasladó esa fascinación desde muy pequeños”. Pasó una parte de su adolescencia en un colegio interno en Inglaterra, donde aprendió bien el idioma, y años después cumplió su sueño y emuló a su padre. Estuvo viviendo durante cuatro años en Washington, allí trabajó en el Banco Mundial. Rememora aquellos días con una mezcla de nostalgia y entusiasmo. Se refiere a Washington como la nueva Roma: “Cada día había una conferencia, allí descubrí el mundo de los think tanks, el mundo de las universidades americanas… todo está allí”.

-Alguien podría decir que tienes cierto complejo de inferioridad con respecto al mundo anglosajón. 

Es admiración. Es cierto que me siento totalmente atraída por la cultura anglosajona, por la literatura, el arte, la historia. Es cierto que siempre he visto con envidia cómo defienden su legado, pero soy una enamorada de la historia y la tradición española. Siempre he sido una persona muy orgullosa de España. Es más, la empresa que monté es consecuencia de mi amor por el patrimonio artístico y cultural español. Considero que hay que desarrollarlo y reivindicarlo. Admiro cómo lo defienden los ingleses, pero creo que nuestra cultura es fantástica e infinitamente mejor (sonríe y mira al entrevistador como queriendo tranquilizarlo).

-Dime una cosa que te disguste de las sociedades anglosajonas. 

La cocina. En el colegio interno lo pasé fatal, me alimentaba de la comida que me mandaban desde España.

-Eso lo daba por supuesto. Otra cosa.

Me impresionó el individualismo que vi en EEUU, muchas veces llevado al extremo. Aquí es diferente y eso es, creo, por la base de valores católicos de comunidad, de familia y protección; en EEUU no se da, por la base protestante, mucho más individualista. Mis amigos sólo veían a sus padres una vez al año en Acción de Gracias. Eso me costó aceptarlo.

-Y la vocación política, ¿cuándo aparece?

Siempre he sido la activista de la familia. Siempre he sido de implicarme y tomar parte, quizá por el miedo perder mi libertad; en eso siempre he sido un poco obsesiva. Y cuando vuelvo de EEUU mi vocación política se acentúa aún más.

-Te miras constantemente en el espejo anglosajón.

No siempre. La tradición alemana me atrae mucho. Me gusta aprender de otras culturas y otros modelos. Pero no tengo inconveniente alguno en decir que de todas las culturas que he conocido, la que más me fascina es la inglesa.

-Pues se le acaban de ir de la Unión Europea. 

Es una muy, muy mala noticia. Lamento profundamente que la Unión Europea, que es un gran proyecto, haya perdido al Reino Unido. Además, el Brexit se produjo a base de mentiras y medias verdades. Me preocupa la deriva nacionalista que parece estar tomando ahora el Reino Unido con Theresa May. Tahtcher se revolvería en la tumba. Y lo peor es que la salida traerá consecuencias. En Holanda, por ejemplo, ha estado cerca de salir un partido que promulgaba también la salida de la Unión. El proyecto europeo necesita una renovación, eso parece claro, aunque los líderes actuales parecen ignorar la situación. Y España tiene que asumir un papel de liderazgo en esa renovación.

-Y la última sobre Inglaterra: ¿qué hacemos con Gibraltar?

Gibraltar español, claro. El Gobierno de España tiene que aprovechar lo que ha ocurrido para reclamar la soberanía sobre el peñón. Pero para reclamar la soberanía, no para procurar un efecto mediático. Hace falta menos consignas y más eficacia. Yo espero que recuperemos Gibraltar muy pronto.

-Hablabas antes de Wilders en Holanda, ¿y Marine Le Pen? En unos días son las presidenciales francesas.

Ha generado mucha expectación y me preocupa lo que propone. Y también que tenga tantos seguidores. Le Pen, en realidad, es la consecuencia de la crisis del centro derecha, que ha abdicado en gran medida de valores como la libertad y responsabilidad. Se está viendo con Fillon, que ha resultado ser una gran decepción.

-¿Y sobre Donald Trump qué opinión tienes? Porque forma parte de esa corriente política que está poniendo patas arriba el sistema.

Pues con Trump me ocurre que tiene alguna cosas que me gustan, y muchas que me disgustan. Entre las primeras está, por ejemplo, su coherencia. Está cumpliendo con lo que prometió, y eso no es algo a lo que estemos acostumbrados. Me gusta que haya tenido el valor de defender la vida. Y también que no tenga problemas para, por fin, intervenir en Siria. Me preocupa mucho, sin embargo, el uso que ha hecho de las mentiras y su perfil agresivo, tan presto siempre a desprestigiar a cualquiera que le lleve la contraria, incluidos a sus compañeros del Partido Republicano. Y aborrezco, claro, su desprecio contra los inmigrantes latinoamericanos y las mujeres. Y me preocupa, por su puesto, que haga bandera del proteccionismo económico. Yo soy una convencida de las bondades del libre comercio.

-¿Crees entonces que la globalización está trayéndonos beneficios? 

La globalización es un proceso que no se puede parar. No se pueden poner puertas al campo. El mundo se está globalizando y hay dos maneras de afrontarlo: intentar impedirlo encerrándote en ti mismo, que resulta inútil. O saber leer el proceso, adaptarse, y procurar aprovechar las oportunidades que ofrece.

 

EL PARTIDO POPULAR, HOY

“Floridablanca ya es lo que reclama para el Partido Popular: un grupo compuesto por gentes que pertenecen a las diferentes familias del centro derecha; algunos son más liberales, otros más conservadores, hay defensores del humanismo cristiano…”. Así describe Isabel la vocación de “casa común” del think tank que ella misma confundo con vocación de influir en el PP. Hoy, dos años después, Floridablanca ha crecido y, a pesar de entender que el PP “ha perdido una oportunidad maravillosa” para resetearse, seguirán haciendo pedagogía. Dentro del partido pero también fuera. Han ampliado su horizonte. Floridablanca “está más vivo que nunca”, cuenta cada vez con más colaboradores y redoblarán sus esfuerzos por lograr la convergencia y el entendimiento entre todas las familias de la derecha. Sólo así, dice, será posible articular “un discurso mayoritario” que vuelva a vencer.

-¿Cuál es el mínimo común denominador ideológico entre los integrantes de Floridablanca?

Mi sección favorita de la página web es, precisamente, ‘Ser liberal-conservador’; allí procuramos explicarlo de manera más o menos exhaustiva. Mire, nosotros tomamos un riesgo que era etiquetarnos como liberal-conservadores, un término que sólo se usa en España. En Inglaterra seríamos simplemente conservadores. Era una etiqueta muy denostada y nadie sabía lo que significaba exactamente. Por eso hacemos pedagogía del liberal-conservadurismo y reivindicamos sus ideas: la defensa del individuo, la libertad como concepto y las libertades en general, los principios humanistas cristianos, la unidad de España, la economía libre de mercado, el respeto por el Estado de derecho, un marco legal sencillo y reducido, un Estado limitado que no se inmiscuya en la vida de los ciudadanos… En definitiva, los principios que tradicionalmente defendió el Partido Popular, los principios que ponen en sus estatutos.

-Ese fue el proyecto del Partido Popular, ¿qué ha ocurrido? 

Que la dirección actual los ha olvidado. Nuestro trabajo es reivindicarlo, crear un proyecto político sobre la base de esos valores.

-¿Y desde cuándo ha traicionado el PP esos principios?

Hay un hito que es 2008, en un mitin en Elche. Allí se invita a los liberales y a los conservadores a abandonar el partido.

-Ponme ejemplos de esas renuncias.

Durante estos cuatro años el PP no ha hecho política. Lo que ha hecho es gestión económica. Y el mejor ejemplo de que no se ha hecho política es el avance de los posicionamientos de izquierda en España.
Si uno mira en el CIS diez años atrás cuáles eran los posicionamientos de los jóvenes, (entendiendo como joven a gente de 40 hacia abajo) y mira ahora las respuestas, ha habido un avance impresionante del centro izquierda y de la izquierda. Por supuesto ya eran mayoritarios, pero ahora son la absoluta mayoría. Los posicionamientos liberal-conservadores son hoy residuales. Y eso es una muestra clara de que se ha renunciado a dar la batalla de las ideas.
El segundo hito se da precisamente con la llegada al gobierno. Rajoy toma posesión y se dejan de lado esas banderas, esas señas de identidad tan presentes cuando la época de Zapatero: España, la vida… Y además se produce una política económica con subidas de impuestos que no aborda las reformas necesarias para la administración.

(Mariano Rajoy es reelegido presidente del PP sin oposición)

-¿Tampoco en economía ha acertado el PP? Haces una enmienda a la totalidad de la obra de Gobierno.

No. La recuperación económica es un hecho y el que lo niegue está ciego. Pero es el inicio.

-¿Entonces, en lo económico han obrado bien?

Los resultados les están avalando, pero si se quedan sólo en lo que han hecho, habrá sido insuficiente. Los datos del paro son muy buenos. La reforma laboral está bien, pero hay que ir más allá. Ahora quedan las bajadas de impuestos, la reducción de la administración, avanzar en la reforma laboral, en costes de despido, en salario mínimo, en cotizaciones sociales… queda muchísimo.

-¿Y en qué ha abdicado el PP en lo respectivo a la unidad nacional?

Si lo que está haciendo ahora Mariano Rajoy con Cataluña lo hubiera hecho el primer día, otro gallo cantaría. Si la actual contundencia se hubiera aplicado desde el primer día, no hubieran llegado tan lejos como han llegado.

-La versión terrorista del separatismo, ETA, se acaba de desarmar. O eso dicen.

La cuestión de ETA es capital. Nosotros hemos celebrado multitud de actos y conferencias en las que abordábamos el asunto y seguimos enormemente comprometidos. El problema es que se tiene la percepción de que ETA está derrotada y que hay que mirar al futuro. Es una falta enorme de responsabilidad, es abandonar el relato de la verdad y cederle ese espacio a los asesinos y sus amigos, que blanquean todo lo que supuso aquello. ETA hoy está más cerca de alcanzar sus objetivos políticos.
En Floridablanca reivindicamos la verdad, la dignidad y la justicia. Ese desarme es un paripé y una operación de propaganda. Ni una sola de las armas entregadas se utilizaron en los más de trescientos crímenes que están sin resolver.

-De manera que la política económica no ha sido del todo mala y la política con respecto a los nacionalismos ha mejorado… ¿y respecto de los valores?

No se ha hablado de valores. El PP incumplió su programa electoral. No han hablado de ideas y no han entrado en la batalla frente al avance del populismo. Si los esfuerzos que dedicó el PP en esta campaña electoral en desprestigiar a Ciudadanos los hubiera dedicado a desprestigiar a Podemos… hubiéramos visto qué pasa. Hay que dar la batalla a la izquierda (lo dice como un eslogan, cansada). Y eso no se ha hecho.

-La vocación de Floridablanca, en tanto aspira a reunir en un solo partido a todo el centro derecha, ¿aspira también a integrar a Ciudadanos?

Es que una de las cosas que decimos es que los que se han ido tienen que volver. Ya sean de Ciudadanos, de Vox o del partido que sea… o los que se han quedado en su casa. Sólo se puede crear un partido de centro derecha con vocación mayoritaria con opciones de ganar si están todos. Y sólo podrán estar todos si ese partido tiene unas estructuras en las cuales permite el debate de ideas, la democracia interna, la participación, dotarse de mecanismos de rendición de cuentas y de fiscalización eficientes. Es decir, unas estructuras que permitan la confluencia de diferentes familias y posiciones.

-¿Y cómo ves al PP en este inicio de legislatura?, ¿crees que la acabarán?

Si algo hemos aprendido en estos dos años es lo difícil hacer predicciones. Lo único que sé es que el partido hará lo imposible por acabar la legislatura. Se está viendo con las continuas concesiones al centro izquierda. Por ejemplo con los presupuestos, que son cualquier cosa menos liberal conservadores. Están instalados en un discurso triunfalista tras haber logrado la investidura y haber pasado por los diferentes congresos regionales sin que se produjeran grandes revoluciones internas. Me preocupa que creen que tienen los deberes hechos. Básicamente porque no es cierto.

-Al respecto de esos congresos regionales a los que aludes, lo cierto es que finalmente se han producido. Y han sido abiertos, con un voto por cada militante. En Madrid, en Baleares y en Cantabria ¿Satisfechos con la experiencia?, ¿crees que se han hecho bien?

Varias conclusiones: el PP ya no puede sostener que tiene 890.000 afiliados. Las cifras están hinchadas y lo saben. Se ha demostrada, entre otras cosas, con la escasísima participación de los congresos. Hay que actualizar el censo.
Y por otra parte, sí, se ha votado, pero no ha habido igualdad de armas entre los candidatos. No se ha producido ningún debate de ideas, no ha habido debates entre los diferentes candidatos. En Madrid a Luis Asúa no se le ha permitido confrontar su programa ideológico con Cifuentes. Y en Cantabria la situación ha sido mucho peor, allí el modelo Maíllo ha generado una situación impresentable y que muchos temíamos: el aparato ha enmendado en la segunda vuelta al candidato escogido por la militancia. De manera que sí, se han dado pasos, pero son de todo punto insuficientes.

 

EL CONSERVADURISMO (Y EL LIBERALISMO)

-¿Qué es ser conservador?

Es el continuismo histórico, es decir, conservar lo bueno que tenemos y que hemos heredado pero sin renunciar a mejorar constantemente, sin romper con la herencia. Y luego hay un poso de valores como la familia, el Estado, la defensa de las instituciones.

-¿Y por qué habría de ser buena la tradición?

Hablamos de conservar lo bueno de la tradición. Vivimos en una sociedad en la que se quiere romper con todo. Por ejemplo, ahora se quiere romper la herencia de la Transición. Se cuestiona constantemente la Transición. Y no fue perfecta, eso lo sabemos todos, pero querer denostarla constantemente es peligrosísimo.

-¿Y ser liberal?

Es defender la libertad.

-Pero los valores conservadores y los valores liberales pueden colisionar perfectamente. 

Puede. Pero hay un mínimo en el que todos están de acuerdo. Un conservador discutiría mucho con un liberal en relación, por ejemplo, al tamaño del Estado. Y seguramente no llegarían a un punto de encuentro. De modo que sí, pueden colisionar, pero hay que ser posibilistas.

-La imagen arquetípica de un conservador es la de un señor adinerado, que fuma en pipa frente a una chimenea. Al fin y al cabo sólo la gente que tiene cosas que conservar pueden decirse conservadores. Un señor que esté en el paro y al que han desahuciado de su vivienda no tiene nada que conservar. 

No. Hay mucha más gente liberal-conservadora de la que dice serlo. Muchos no saben que lo son. El conservador no es el rico del pueblo.

-¿Qué papel juega la religión en el conservadurismo?

Los valores cristianos  juegan un papel muy importante. Pero hay que diferenciar entre el papel institucional de la Iglesia, que ha generado muchos encontronazos, y el papel de la religión. Pero los valores cristianos, sin duda, están en la base del pensamiento conservador.

-¿Qué merece ser conservado? Póngame ejemplos de valores en riesgo de desaparecer que deban ser conservados. 

Alguno lo que hay que hacer es recuperarlo más que conservarlo. Un ejemplo sobre el continuismo histórico del que antes hablábamos y que tan importante es para Floridablanca: por estos días se cumplen 400 años de la muerte de Shakespeare y de Cervantes. Sólo invito a la gente a comprobar qué se está haciendo en el Reino Unido y qué se está haciendo en España. Hay que volver a crear el sentimiento patriótico. Para eso habrá que recuperar referentes. Volver a contar la historia y contarla bien.

-¿Y la autoridad?, ¿qué me dices?, ¿está en crisis? Tiene mala prensa.

El problema con la autoridad es que haya un mal uso. Y lo ha habido. Ha habido abuso de la autoridad, así es mucho más complicado reivindicar la importancia de respetar las instituciones. Sólo volviendo al buen uso de la autoridad podremos reivindicarla.

-¿Quieres decir que el Franquismo hizo un mal uso de la autoridad, o del autoritarismo por mejor decir, y ahora resulta complicado vender el concepto de autoridad?

No hace falta irse tan lejos. En democracia se ha hecho un mal uso de las instituciones. Yo que he nacido en democracia, muchas veces tengo sensación de abuso o del mal uso, y la corrupción es el peor de los usos. Entonces dejas de respetar a la autoridad.

-¿Ser conservador es no querer cambiar?

Al revés.

-No me digas que ser conservador es querer cambios.

Las cosas siempre están en constante mejora. Usted se va a la definición del diccionario, pero el conservadurismo siempre está buscando la mejora de la sociedad y el constante avance. Recuperas lo bueno y aspiras a mejorar

-En el imaginario colectivo ese relato del que hablas se corresponde con el progresismo.

La clave está en no romper con lo anterior. El conservadurismo quiere cambios sin romper con lo anterior.

-¿Y quién dice qué merece ser conservado y qué merece ser liquidado? Por ejemplo, ¿merece ser conservada la Tauromaquia?

Eso más que un tema de tradición es un tema de libertad. Aquí a lo que asistimos es a un ataque a la libertad. A la libertad de poder disfrutar de una tradición. Una vez más, hay que reivindicar el valor de la libertad.

-Entonces, ¿tengo la libertad para drogarme? Desde un punto de vista liberal debería tenerla.

Es un asunto muy complejo y delicado. Yo le daría mi opinión personal, pero no debo.

-¿Por qué?

Porque yo defiendo un proyecto y soy la cara de un proyecto. No voy a hablar de las drogas.

-¿Y del aborto? Esto está en la calle. 

Cualquier sociedad que no defienda la vida es una sociedad abocada, en primer lugar, a la crisis demográfica. Toda sociedad que no quiera defender a los suyos tiene un problema. Pero no sólo es un problema con el feto, también con la persona. En estos momentos el país que menos defiende la vida es Venezuela. Allí mueren centenares de personas asesinadas todos los días. La primera labor de un Estado es la defensa de la vida, la defensa de sus ciudadanos. Y una sociedad que no procura frenar el aborto es una sociedad condenada a extinguirse.

-Es un tema que ha estado en boga esta legislatura y se le ha castigado mucho al PP por ello. ¿No tiene nada escrito sobre esto Floridablanca?

Abogamos por la libertad de voto.

-¿Cómo libertad de voto?

Es decir, que exista el voto en conciencia en el Congreso. Pero no solo con el aborto. Otros muchos temas son susceptibles del voto en conciencia.

-¿Y el matrimonio homosexual?

Voto en conciencia.

-¿Pero un liberal no debería respetar o incluso promocionar la libertad de que dos personas del mismo sexo se puedan casar?

Floridablanca no defiende exclusivamente los postulados liberales. O los conservadores. O los humanistas cristianos. Floridablanca defiende que tiene que haber un espacio donde todos convivan, y la manera para que todos convivan es que en esos temas tan personales y en muchos casos sujetos a la conciencia de la persona, tiene que haber libertad de voto. Un voto en conciencia. Son asuntos que transcienden la disciplina de voto.

-Háblame sobre la educación. Los famosos cheques escolares que reclama el liberalismo ortodoxo. 

Nosotros somos posibilistas y procuramos adaptarnos a la realidad y sistema españoles. Lo primero que defendemos, más allá del cheque escolar, que yo personalmente defiendo, es replantearnos si tiene sentido que la competencia de Educación esté en manos de las Comunidades Autónomas. La segunda pregunta que hay que hacerse es si nuestro sistema educativo es un sistema de éxito. Antes del cheque hay que entrar en qué estamos haciendo. Luego ya vendrá la pedagogía de las ideas.

-Prohibición del tabaco.

Yo no fumo y odio el olor a tabaco con todas mis fuerzas. Pero si en España se vende tabaco legalmente y se cobra impuestos por ello, lo que no se puede es estigmatizar a aquellos que fumen. ¿Por qué no puede haber un bar sólo de fumadores? Y que la gente decida si quiere ir o no quiere ir. El mercado le regulará y él decidirá.

-La mano invisible.

Exacto.

-Un liberal a lo que aspira es a reducir el tamaño del Estado.

Sí.

-Y en España tenemos un Estado sobredimensionado. 

Sí. Hay muchísima duplicidad.

-Y con un desafío balcanizante o fragmentador, ¿reducir la musculatura del Estado no es una temeridad? Hacer al Estado más débil, ¿no podría ser contraproducente?

Reducir el tamaño del Estado no es hacerlo más débil. A lo mejor con una sobredimensión el Estado lo que pierde es la capacidad de verdad para reaccionar. Si para todo hay que pasar siete filtros hasta poder tomar una decisión es mucho más débil que un Estado con una alta capacidad ejecutiva. Hay que tener una serie de instituciones muy fuertes y con gran capacidad, punto.

-¿Y cuáles son esas instituciones?

Justicia, Hacienda, Defensa y Exterior. Mire, que en España tengamos policía local, policía autonómica, policía nacional y Guardia Civil, no es lo más eficiente. A eso me refiero.

-¿Y la Educación? No la nombras, ¿no debería estar en manos del Estado?

Nosotros pedimos que no dependa de las autonomías, que sea de calidad y que permita elegir a los padres cómo quieren educar a sus hijos.

-¿Pero debería estar en manos de la administración pública?

Tiene que haber un plan nacional de educación y luego ya intentaremos aspirar a más cosas. Y conste que esta es una opinión mía.

-Parece lógico que un liberal defienda el ejercicio del derecho de autodeterminación de los pueblos.

Nosotros estamos a favor de la unidad de España y completamente en contra del derecho de autodeterminación.

-Multiculturalismo, ¿está fracasando?

Lo que hay es un complejo de la cultura Occidental frente con respecto a otras culturas. No se está defendiendo correctamente nuestros valores culturales.

-¿La cultura Occidental es superior?

Es mejor. Aquí hay más libertad. Yo creo que es mejor vivir en un país Occidental que en uno que no lo sea. Sobre todo, como es mi caso, siendo mujer. Y soltera.
Hay un problema de estigmatización por decir estas cosas; cosas, por otra parte, perfectamente obvias. Mire, todo aquél que quiera vivir en España tiene que aceptar las normas del juego españolas, que son las que nos hemos dado. Y tendrá que vivir en nuestro marco de convivencia. Por supuesto, la libertad religiosa aquí nadie la está cuestionando. Usted puede practicar perfectamente su religión, pero cosa distinta es que usted quiera imponer su modelo de convivencia, que es opuesto al occidental.

-Y qué opinas sobre las leyes antidiscriminatorias. Ya sabes, esas que fuerzan, por ejemplo, a contar con un número mínimo de mujeres.

Voy a mi ejemplo concreto: yo soy empresaria y he contratado a todo mujeres. ¿Me van a imponer un número de hombres contratados? Lo que usted tiene que garantizar es la igualdad de oportunidades, pero las cuotas no son la solución.

-Alguien dirá que como no existe tal igualdad de oportunidades, o es imperfecta, por eso hay que establecer cuotas.

Es que ellos buscan el igualitarismo, no la igualdad.

-¿Cuál es la diferencia?

Que tienes que competir. Es decir, la igualdad de oportunidades es que tú ofreces formación, acceso a los recursos y cada individuo toma la decisión de competir o no.

-Las ayudas a los necesitados, ¿cómo las ve un liberal-conservador? ¿hay que erradicarlas?

Ha de haber un mínimo de asistencialismo. El Estado tiene que tener unos mínimos. Pero eso es muy distinto con sobreproteger a tu población con servicios públicos.

-¿En EEUU existe esa asistencia mínima?

A mi me decían que a la gente la dejaban morir a la puerta de las instituciones. Y no. La discusión del sistema sanitario americano daría para una entrevista completa. Pero hay un mínimo. En EEUU tienes unas instituciones que han nacido desde la sociedad, financiadas con el dinero de los americanos, que son maravillosas. Hay una conciencia social espectacular. La sociedad toma parte y cuida de los suyos. Lo que pasa es que aquí damos por sentado que la sociedad no va a cuidar de los suyos.

-Si un servicio público es deficitario, ¿lo quitamos?

Una liberal conservadora le diría: el Estado tiene la obligación de que cada céntimo que gaste de dinero público tiene que ser gastado de la manera más eficiente. Y tiene que asegurarse que ese servicio lo preste aquél que lo haga de la manera más eficiente. A mi me llama mucho la atención el empeño con que la prestación del servicio sea público. Una cosa es que el Estado pague por ese servicio, ¿pero por qué tiene que ser prestado por funcionarios? Primero hay que cuestionarse si el servicio es necesario. Los autobuses lo son. Segundo, garantizar que el dinero se gaste de manera eficiente. Y tercero, rendir cuentas.

-¿Pero puede asumir un déficit? Un liberal dirá que no.

Sí, pero un liberal-conservador diría que ahí debería producirse un diálogo entre sociedad y Estado para entender qué necesidades quieren ser cubiertas y cuáles no. Porque ahora no se dialoga. El Estado decide qué necesidades deben ser cubiertas. En cualquier caso, reconozco que habría mucho debate interno. Un debate, por cierto, que es sanísimo.

-Hay un relato según el cuál el libre mercado y las ideologías conservadoras promueven las desigualdades.

La desigualdad es la palabra favorita de la izquierda. Hay un informe muy bueno de la Fundación FAES sobre desigualdad. Y demuestra cómo España es el segundo país con más gasto público de la UE y el país en el que el ascensor de movilidad social está más parado. Es decir, nos gastamos más que nadie en asistencia, en Educación, en Sanidad, en servicios y el resultado es uno de los más bajos de Europa para intentar luchar contra esa llamada desigualdad. Luego habría que plantearse si una mayor libertad, una mayor flexibilización, una reducción del gasto público y una gestión más eficaz podría evitar el desestancamiento de la movilidad social en España.
Y hay otro trabajo muy interesante que es el del Instituto Juan de Mariana contestando al informe de Oxfam que habla sobre desigualdad en España. El de Oxfam es un informe lleno de erratas, demagogo y que no se parece en nada a un estudio científico.

-Libertad sin paz o paz sin libertad. Tiene usted que elegir.

La libertad hay que defenderla. La libertad es un valor amenazado. Hay que defenderla constantemente. Hay que ser militante de la defensa de la libertad. Por lo tanto elijo libertad sin paz. La libertad es el valor supremo.

-¿El mayor de todos?

Sí.

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