El empleo vuelve a estar en riesgo, por Jaime Martínez Muñoz

El mercado laboral español vuelve a ser el foco principal de interés por parte de economistas y empresarios a raíz de los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) y el Ministerio de Trabajo. En efecto, hace dos semanas el INE desvelaba su última Encuesta de Población Activa (EPA) relativa al tercer trimestre de 2018, que en líneas generales viene a confirmar cómo las expectativas de crecimiento económico están ya impactando negativamente sobre el mercado laboral español. Ante todo, es cierto que las cifras globales marcan la senda continuista de creación de empleo, con más de 19 millones y medio de ocupados, y una reducción del paro que por fin se sitúa por debajo del 15%, en concreto hasta el 14,5%.

Esta senda ha sido confirmada también por el Ministerio de Trabajo, que el pasado lunes informó de un registro récord de las afiliaciones a la Seguridad Social en el mes de octubre, con un total de 130.360 afiliados. Asimismo, el paro en octubre arroja un saldo de 52.194 personas, el menor de la serie histórica teniendo en cuenta el fin de la temporada estival.

No obstante, si analizamos el comportamiento de estas magnitudes y su evolución a lo largo de los últimos años, se perciben tres claros signos de ralentización en nuestro mercado de trabajo:

  • Creamos menos empleo: La variación trimestral de ocupación en 2018 es de 183.900 personas, siendo el peor dato desde el año 2015. De hecho, si comparamos esta variación con la del pasado año 2017, la creación de empleo desciende un 22%.
  • La calidad del empleo creado empeora: Los nuevos asalariados en el trimestre alcanzan los 176.300 trabajadores, de los cuales, aquellos con contrato temporal son 151.000 frente a 25.300 que tienen contrato indefinido. Esto supone que la temporalidad sobre los nuevos contratos es del 86%.
  • La reducción del desempleo se enfría: El descenso del número de parados en el tercer trimestre es de 164.100 personas, siendo la reducción más pequeña desde el año 2014.

Asimismo, existen otros indicadores que inciden negativamente en la sostenibilidad del empleo que se está creando, lo cual compromete la recuperación de la economía real española en el medio plazo:

  • La creación de empleo público dobla a la creación de empleo privado: El empleo público se incrementa un 1,6% en el tercer trimestre frente al 0,8% de incremento de empleo privado. Este gap es especialmente importante teniendo en cuenta la situación de las finanzas públicas del Estado español, que tiene el mayor déficit público de toda la Unión Europea (3,1% del PIB en 2017) y una deuda pública que aún ronda el 100% del PIB (98,1% del PIB en 2017)
  • Dependencia en sectores sensibles al ciclo económico:La construcción es el segundo sector con mayor creación de empleo en el trimestre (después del sector servicios), una tendencia que podría cambiar drásticamente ante un giro de la política monetaria

La razón de esta ralentización tiene explicación en diversos factores que se producen tanto a nivel internacional como nacional:

Primero, desde el punto de vista internacional, es preciso tener en cuenta el agotamiento de los vientos de cola de la economía española, a saber, los bajos precios del petróleo y, especialmente, los bajos tipos de interés, una situación que, a tenor de las últimas declaraciones del Banco Central Europeo, podrían cambiar radicalmente a partir del verano de 2019, con una subida progresiva de los tipos para mantener el objetivo de inflación. Asimismo, la guerra comercial iniciada por Trump, la incertidumbre del Brexit en Reino Unido y el rechazo de los presupuestos de Italia por parte de Bruselas repercuten en una revisión a la baja del crecimiento económico de Europa y España, y por ende, en un menor empleo.

Segundo, desde el punto de vista de las expectativas sobre la economía española, no podemos soslayar el grave deterioro del marco institucional de España, que desde hace más de un año hace frente a la crisis secesionista de Cataluña y a la amenaza de un Gobierno débil para atajar las reformas aún pendientes, dependiente de diversas formaciones políticas cuyas propuestas para encarecer la contratación (subida del salario mínimo interprofesional, aumento de las cotizaciones sociales…) y de desincentivar la producción y el emprendimiento (subidas del impuesto de sociedades e impuestos sobre el capital), están impactando muy negativamente sobre las expectativas de las empresas españolas, cuyo tejido está compuesto en más del 99% por PYMES.

Es urgente un giro radical sobre la política económica que se está planteando por parte de nuestros actuales dirigentes políticos, o de otro modo el esfuerzo realizado por familias y empresas durante la última década podría resultar en vano, y las consecuencias altamente perjudiciales.

Jaime Martínez Muñoz

 

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