El poder, ¿para qué?, por Jorge Martín Frías

Artículo originalmente publicado el 18 de julio en Expansión


El resultado definitivo de las llamadas “primarias” del PP marcará el futuro del centro derecha español y el papel de esta organización dentro de un espacio político cada vez más abierto a la competencia. Hasta hace relativamente poco, gran parte de los implicados en la contienda por la presidencia del Partido Popular afirmaban –seguramente no de modo ingenuo– que el PP era el centro derecha y el centro derecha era el PP. Esta afirmación tiene más que ver con el deseo que con la realidad: el espacio electoral a la derecha del PSOE se encuentra fragmentado, y hay dos fuerzas políticas, además de un PP en franco retroceso, que pugnan por obtener los votos ahí ubicados. Una opción es Ciudadanos, partido al que los españoles sitúan ideológicamente en el centro derecha pese al empecinamiento “centrista” (la indefinición) del que hacen gala buena parte de sus dirigentes. El otro es Vox, cuya perseverancia merece tanto respeto como estupor su retórica, alejada de los matices propios de una derecha liberal con vocación mayoritaria.

Existe, por tanto, un espacio político a la búsqueda de una gran herramienta de representación –un partido político– y tres partidos –dos que buscan crecer y uno que quisiera recuperar su hegemonía– que no parecen dispuestos a representar a una mayoría de españoles que se identifican con ese espacio. Éste es el estado de cosas en plena campaña por la presidencia del Partido Popular, que se definirá en la segunda vuelta el sábado. Respecto a esta definitiva votación, resulta sorprendente cómo la candidatura de la exvicepresidenta está intentando saltarse una fase clave del proceso –aprobado en el último Congreso Nacional del PP con la aquiescencia de todos los candidatos– con el fin de alcanzar el poder sin que medie un debate de ideas y de proyecto. Porque no es lo mismo un proyecto de inspiración liberal conservadora asentado en los principios de la unidad nacional, el Estado de Derecho, la separación de poderes, un Estado limitado, la libertad individual, el reformismo como elemento fortalecedor de las instituciones, el derecho a la vida, la igualdad de oportunidades, etc. que un proyecto cuyo único argumento es alcanzar el poder obviando dar respuesta al quid de la cuestión: ¿para qué se quiere el poder?

MOVILIZACIÓN IMPROBABLE

Si su programa político se limita a que hay que desalojar cuanto antes a Pedro Sánchez de La Moncloa, entonces debemos preguntarnos qué podría ofrecer esta candidatura a los españoles en contraste con el Gobierno del PSOE. En un debate televisado con motivo de la celebración de elecciones generales, ¿qué alternativa representaría una exvicepresidenta del anterior Gobierno popular que aspirara a la presidencia del Consejo de Ministros? ¿Firmeza contra el secesionismo? Ahí tenemos la Operación Diálogo. ¿Bajada de impuestos? Ha sido uno de los gobiernos de nuestra democracia que más han subido los impuestos. ¿Reforma de la Administración con el objeto de reducir el gasto público y ganar en eficiencia? Basta con conocer los resultados de la CORA (Comisión para la Reforma de las Administraciones Públicas). ¿Bajar la deuda pública? Con el Gobierno popular la deuda superó el 100% del PIB… ¿Se pueden ganar así las elecciones? Difícilmente. ¿El electorado de centro derecha se movilizaría a favor de la exvicepresidenta? Probablemente no.

Gran parte del problema reside en la adopción voluntaria, por parte del antiguo Gobierno popular, del vocabulario de sus adversarios políticos, situándose así donde éstos querían (más a la derecha, en términos de ubicación ideológica, que de centro derecha): ante los ojos del elector de izquierdas, un partido antipático responsable de todos los males de España; ante los ojos del elector de centro derecha, un partido descafeinado de ideas, con una tendencia mayor a pedir perdón que a liderar la opinión pública española y los grandes cambios. Se podría aducir que la percepción está adulterada y que la desnaturalización del PP respecto a su carácter programático e ideológico es una ilusión instalada en ámbitos minoritarios. Sin embargo, si alguien ha contribuido a situar al PP en el 8 de la escala ideológica en las encuestas del CIS (1 izquierda – 10 derecha) son precisamente aquellos que no sólo conciben las ideas como un obstáculo para alcanzar el poder, sino que además han sido parte activa y necesaria en el debilitamiento de la formación política, en términos electorales y de opinión pública.

Los resultados de esta forma de gobernar, sin principios rectores claros y reconocibles, son conocidos por todos: el mapa electoral de Alianza Popular (Galicia, La Rioja y Castilla León), el alejamiento de los segmentos más jóvenes del electorado y la vuelta a la orfandad de una amplía mayoría de españoles de centro derecha que no se sienten representados. ¿Acaso es tan difícil entender que no se pueden esperar resultados diferentes haciendo lo mismo?

Si quieren resultados mejores, la respuesta es sencilla: como organización, conformar una gran mayoría social reagrupando las fuerzas cada vez más dispersas dentro de su espacio político natural; como programa, la elaboración de un proyecto ambicioso para España sobre fundamentos sólidos, acorde con las aspiraciones de la sociedad actual y que ofrezca respuestas claras a los retos que el país tiene planteados.

Jorge Martín Frías App-Twitter-icon

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