El ADN liberal

Recientemente, el vicesecretario de Organización del partido gobernante afirmaba que “en el Partido Popular llevamos en nuestros genes la bajada de impuestos. Así se nos identifica“. Ante semejantes afirmaciones, no hay mejor modo que atender a los hechos para saber si los genes liberales anidan en el PP -y los ciudadanos no nos hemos percatado todavía de ello- o si, por el contrario, suponen palabras vacías con las que se pretende descargar de la responsabilidad asumida en sus programas electorales.

Al Gobierno del Partido Popular hay que reconocerle dos reformas tímidamente liberales: la reforma del mercado laboral y la del sistema financiero español. La primera trató de profundizar en la flexibilización de la contratación por parte de las empresas, revisando los encorsetados sistemas de negociación colectiva. La segunda supuso un avance para que las entidades financieras hicieran una valoración realista de sus activos inmobiliarios, permitiendo una simplificación burocrática para el necesario proceso de concentración bancaria.

Pero de ahí a que el partido que sustenta al Gobierno de la Nación sea identificado con la bajada de impuestos -a la vez que reniega de los Gobiernos (1996-2004) más liberales de la España democrática y de sus protagonistas- media un abismo que no deja de ser una muestra más del aprecio y respeto que tienen hacia el elector.

Basta con acudir a las propuestas formuladas por el PP en sus programas electorales y contrastarlas con las medidas tomadas por el Gobierno para percatarse de la ausencia de medidas liberales y la presencia, cada vez más continuada, de medidas estrictamente socialdemócratas: Creación de más puestos públicos y funcionarios, subida de impuestos, subida de cotizaciones, posible imposición de subida salarial a los empresarios, etc. Estas disposiciones, unidas a las tomadas en la anterior legislatura nos llevan a concluir que los genes que saca a relucir el vicesecretario de Organización poco o nada tiene que ver con la defensa de la libertad económica y el ADN liberal.

El Gobierno no puede seguir descargando su responsabilidad sobre las clases medias y las empresas, motores del país. Al Gobierno le corresponde establecer el marco más idóneo para que la sociedad española pueda desarrollar todo su potencial, y no cargar a los ciudadanos las facturas de la inclinación tecnocrática y socialdemócrata del actual Consejo de Ministros.

La única vía propiamente liberal es aquella que apuesta por la iniciativa privada y la sociedad civil, aquella que contempla a los ciudadanos como personas libres, responsables y racionales, y no como meros pagadores de una Administración que precisa de urgentes reformas. No es el intervencionismo de los Gobiernos lo que crea empleo, crecimiento y prosperidad, son las empresas y los autónomos los generadores de riqueza y oportunidades.

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