Ecuador, diez años de propaganda, por Maurie Franco

Guillermo Lasso y Andrés Páez (Foto: Samurai Juan / flickr)

Guillermo Lasso y Andrés Páez (Foto: Samurai Juan / flickr)

Diez años llenos de propaganda. No hubo rincón del país en el que una pancarta o una valla no expresara que Ecuador había cambiado por un gobierno que había invertido en cuanto elefante blanco había encontrado. Diez años en los que la dolarización (aunque no lo quieran reconocer) y la bonanza petrolera fueron los mejores aliados.

Diez años de propaganda, en la que sábado a sábado nos daban los logros y la agenda del presidente por más de cuatro horas. Pero no era sólo una rendición de cuentas, era un espacio destinado a destilar resentimiento, odio, para señalar y para generar división en la población; un espacio para aclarar, descontextualizar y hasta emitir posverdades. Todas a favor de un régimen que había hecho de todo, menos unir al país. Fueron siete elecciones ganadas con maquinaria estatal y dinero público para campañas, un grito constante de “los pobres tienen el poder y para los ricos nada, nunca más.”  Diez años en los que los nuevos ricos tenían el poder mucho más fuerte que cualquier otro gobierno, en los que se tapó con obras la corrupción y en muchos casos hasta se legitimó con leyes que dejaban lo moral a un lado.

El 19 de febrero de 2017, Ecuador no sólo se jugaba el continuismo, sino que era necesario demostrar lo cansado que estaba el pueblo de la falta de empleo, de circulante, por los atropellos a varias libertades; cansados de la corrupción y hasta de demostrar que era necesario tener un respiro como nación y tener un cambio de gestión de gobierno.

Para estas elecciones, seis candidatos “de oposición” proponían formas distintas de gobernar, sin embargo, Guillermo Lasso era quien destacaba. Tras cuatro años recorriendo el país, formando bases más sólidas a nivel nacional del partido CREANDO OPORTUNIDADES – “CREO” se presenta como “el cambio” y como el regreso a la derecha.

Sin embargo, el 19 de febrero empezó con denuncias de papeletas previamente marcadas, de un padrón electoral incongruente pues tenía a niños, muertos y extranjeros que no cumplían con los requisitos para el voto facultativo.  Luego de la jornada, a las 18.00h las encuestadoras expresaban una segunda vuelta entre el candidato oficialista Lenin Moreno y Guillermo Lasso, al no poder cumplir con los requisitos que establece el Código de la Democracia: obtener el 40% de la votaciones válidas (se resta blancos y nulos) y una diferencia mayor al 10% con el segundo candidato. Pero el Consejo Nacional Electoral (CNE) no podía anunciar lo evidente, ya que el margen de error era muy estrecho y las votaciones variaban en horas de la madrugada. El titular del mismo, Juan Pablo Pozo, había anunciado la noche del domingo que no pronunciaría ninguna respuesta hasta obtener el 100% de actas escrutadas.

Fueron tres días para conocer resultados, en los que Ecuador vivió una serie de desconciertos después del silencio del CNE, quién contrató servicios de Conteo Rápido para dar resultados y nos utilizó queriendo dar resultados oficiales.

Mientras esto ocurría, la desinformación reinaba en el país, los reportes de fraude se hacían más latentes y la polarización de la sociedad se mostraba cada vez más. La jornada democrática se veía plagada entre colores, ya no éramos ecuatorianos exigiendo resultados, eran ciudadanos verdes (Alianza País) contra ciudadanos blancos (CREO) los cuales se mantenían en vigilia democrática fuera de los edificios de CNE.

Las redes sociales se llenaban de videos y post falsos en las que no se explicaba ninguna parte del proceso de escrutinio, de las actas que se consideraban como no válidas y el fraude se mostraba cada vez más evidente en ambos lados, sobre todo del lado oficialista.  Extrañamente, en el sistema electoral -que se podía seguir en línea- Lenin Moreno subía lentamente durante el día, pero en horas de madrugada avanzaba mucho más abrupto y solo una provincia ganó 3 a 1.

Luego de tres días en los que miles de ciudadanos se agolpaban y hacían turnos para mantener la vigilia, el CNE se pronuncia la noche del día miércoles proclamando que con 39.95%  a favor de Lenin Moreno y un 28.31% a favor de Guillermo Lasso, existiría una segunda vuelta el domingo 2 de abril.

A pesar de los gritos de victoria, existe mucho que analizar como el hecho de que sólo 2.625.403 personas decidieron apostar por Guillermo Lasso. Y que aunque la primera encuesta realizada por CEDATOS le daría una victoria del 52% frente a Lenin Moreno con 47.92%,  esto no debe constituirse como un acto de triunfalismo, sino  manejarlo con la mayor humildad y demostrar que realmente serían el partido del cambio que el país necesita. Pues en los últimos diez años, paciencia, humildad y unión es lo último que el país ha visto.

De llegar a la presidencia, Lasso no solo recibiría un gobierno con pagos futuros por ventas petroleras, gasto público exacerbado e insostenible, pagos deudores y tenedores de bonos, sino también un país en el que la división llega a tal punto, en el que se lanzan atunes donados frente a una institución bancaria. En el que la misma sociedad es quien deja de confiar en alguien que se declara seguidor de algún partido. No se trata sólo de la oposición que tendría dentro de la Asamblea Nacional, sino de un pueblo hastiado, que ha creído en años de populismo, que le cuesta confiar, de generaciones adoctrinadas en que el Estado es quien debe suplir, en diez años de propaganda. El cambio y la reparación del daño de la sociedad, durará más de cuatro años, pero todo se resume con empezar el domingo 2 de abril.

     Maurie Franco

DIRECTORA DE BASTIAT SOCIETY ECUADOR

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