La “Devotio Nova” del 68, por José Jiménez Lozano

Antes de mayo de 1968, ya había entrado en el crepúsculo lo que venía llamándose la modernidad racionalista, que obligaba a todo discurso, incluso al más alejado de la ciencia, literario o filosófico, a utilizar la conceptuación y expresión tecno-científicas, o vecinas al filosofismo marxista.

Hubo a este respecto del 68, dos significativos comentarios espontáneos que se atribuyen al general De Gaulle, uno de los cuales aseguraba que aquellos chicos, que gritaban ingeniosos eslóganes en la calle, habían visto mucho cine, y el otro fue la propia decisión a intervenir cuando aquellas protestas juveniles tomaron un cierto sesgo peligroso para la paz pública: “El recreo ha acabado”. Aunque puede asegurarse que, verdaderamente, la convicción general de entonces para acá ha sido, y es, la de que se había inventado el recreo perpetuo, se había abolido toda autoridad, quedaba “prohibido prohibir”, y el derecho propio a decidir era el eje del mundo.

Quienes proclamaban todo esto, en efecto, eran principalmente gentes de oficio sentado del ámbito universitario, pero que habían dejado atrás su propia visión racionalista del mundo, aunque no el sello de aristocratismo que los siguiera marcando como diferentes de la despreciada masa, y como la minoría elegida por el espíritu de la revolución. Lo hacían por el espíritu de la modernidad para expresarse en un arte que ésta había creado  y prescribía a la admiración de aquella masa.

Dans la cour de l’université de Paris-Sorbonne, occupée par des étudiants contestataires, un portrait du leader chinois Mao Zedong est accroché à un mur au mois de mai 1968. / AFP PHOTO

Y, de repente, había irrumpido en el  mundo una nueva y fulgurante ilustración oriental que ya no tenía la antigua expresión libresca, o sólo de un solo libro, “El Libro Rojo” del Gran Timonel chino, señor Mao Zedong, y el amable rostro de la imaginación y la poesía, con la ventajosa advertencia pedagógica y política de la señora Mao acerca de que nada más se necesitaba saber, y que leer otros libros sólo serviría para convertir en más idiotas a quienes los leyesen.

Y ya no será preciso tampoco revestirse de la gravedad filosófica y burocrática marxista, porque había nacido una neo-lengua semi-infantil que, a través de refranes o cuentecillos de animales expresaba los conceptos de la más alta dialéctica. Pongamos por caso la idea no burguesa de eficacia, hablando de que de un gato fuera blanco, negro o rayado, lo único importante era que cazara ratones. Eran enunciaciones tan claras y profundas que no solamente oscurecían las formulaciones de las viejas fábulas europeas, sino que habían conseguido la expresión literaria más exacta para la liberación de los campesinos chinos y de los oprimidos de todo el mundo.

Desde luego, Leszek Kolakowski había anotado la autoconciencia de superioridad entitativa de la dialéctica de la relación amo-esclavo que sería un saber primero y último, y que, sin más discurso, permitía juzgar cualquier realidad sin conocer  nada de ella previamente. Pero lo que vimos, enseguida, en aquella revolución del 68, fue una multitud selecta por su inteligencia exigiendo o maldiciendo cualquier cosa y desfilando con la bandera del famoso libro de Mao y con la convicción clarísima de ser una aristocracia que encarnaba a todos los pueblos del mundo, discurriendo y actuando según la filosofía del gato blanco, gato a rayas, o gato negro, cazadores todos, que deberían limpiar el mundo de antiguallas.

Los años veinte y treinta iniciaron en Europa el asalto a la razón y el odio al pensar y al hablar lógicos, la humillación de la figura misma del hombre en el arte y en la literatura, y parejo desprecio a la belleza. Desde los tiempos de la República de Weimar, más o menos, se prescribió, para el arte, la distorsión y la desconstrucción de la figura humana; y algunos ya vieron claramente que este arte deshumanizado anunciaba que se acercaban poderes totalitarios que harían eso mismo con los seres humanos; y “cuanto más prusianos y bolcheviques, mejor”, añadían estos alegres sepultureros del pasado.

De manera que la revolución de mayo del 68 tenía perfectamente delineada la estructura del pensar y su expresión. “La imaginación al poder”, se gritaba, y ésta era una proposición que no quería decir nada o cualquier cosa, pero evocaba un edén ahí a la mano, por encima o al margen de  la lógica y el pensamiento racional. “Nietzsche ridiculiza, en Más allá del bien y del mal, y en El crepúsculo de los ídolos el concepto mismo de juicio moral”… Nada es de por sí moral o inmoral sostiene. “El juicio moral…sólo contiene sinsentidos.” Aunque lo que, enseguida comprobamos, comenta, asombrado, John Carey, es que toda la obra de Nietzsche consiste en juicios morales. Y añadamos que éstos están enunciados literariamente, o en fábulas líricas, que nosotros imitamos con nuestras fórmulas comunicativas, lemas de calle o “griterío por escrito” según Jeremías Bentham, porque no tenía ya el mundo mobiliario para otros pensares.

Después de que la desmesurada y gratuita iniquidad de los dos grandes totalitarismos habían dejado sobrecogidos a los pobres seres humanos como ante verdaderos incomprensibles milagros, el tótem de la cultura racionalista, el humanismo secularista y el viejo marxismo reservado “in vitro”  habían quedado destruidos. Y, en verdad fue el triunfo igualmente de los modos de expresión informales, ingeniosos y comunicativos como el ruido del “pop” -Ratzinger XVI dixit-; y pareció que estábamos recibiendo la luz de la gran ilustración de los tiempos, el gran relato lírico del fin de la Historia, la gran “Devotio Nova” del “quod libet licet”, o “cada cual puede hacer lo que le plazca”, el nihilismo absoluto y la absoluta libertad, porque nada es nada ni significa nada.

El recreo prosiguió, y enseguida supimos que había nacido  una nueva clase de dioses y de bárbaros.

José Jiménez Lozano

ESCRITOR Y PERIODISTA, PREMIO CERVANTES 2002

FLORIDABLANCA CAFÉ

Implícate

Desde Floridablanca necesitamos tu apoyo moral y material para poder llevar a cabo nuestro proyecto

Implícate

Archivos

Categorías