Cumplir la ley, recuperar la convivencia, por Álvaro Pla

La tarde de ayer no fue en Madrid una tarde más de paseo y compras navideñas. En medio del trasiego propio de estas fechas, muchos quisieron acercarse a debatir sobre la situación de Cataluña. El día 21 de diciembre todos los españoles nos jugamos mucho. Con la vista puesta en las elecciones autonómicas, pero con vocación de analizar qué ha pasado antes y qué puede ocurrir después, la Red Floridablanca organizó junto a Sociedad Civil Catalana su último café del año 2017. La librería Los editores se quedó pequeña para acoger a todos los que quisieron acercarse a conversar con Miriam Tey, vicepresidenta de Sociedad Civil Catalana, y con Valentí Puig, escritor, en un coloquio moderado por Isabel Benjumea.

Miriam Tey

Miriam Tey

Hubiera sido difícil encontrar un marco mejor para el debate. Rodeados de libros, rodeados de palabras. “Lo más grave que ha ocurrido es que nos han pervertido el lenguaje, y se lo hemos comprado”. Miriam Tey, señaló con toda crudeza el origen de la progresiva degradación de la convivencia en la sociedad catalana. La clase política independentista, a través del dinero público, del adoctrinamiento escolar y de los medios de comunicación, ha impuesto una visión de buenos y malos catalanes, en la que todos debían definirse para saber si había que excluirlos o no, si eran catalanes de primera o de segunda. Editora y librera, como cualquier persona que ama los libros sabe perfectamente el poder que tiene el lenguaje como fuerza creadora. Transmite energía y determinación. Cuando nos explica las sensaciones que tuvo en las manifestaciones del 8 y del 29 de octubre, que llenaron Barcelona de banderas de España, de Cataluña y de Europa, se le iluminan los ojos de una forma especial. Estas marchas marcan un punto de inflexión, porque señalan el momento en el que muchos catalanes decidieron no callarse más, no seguir permitiendo los escraches a su vida cotidiana y, todavía peor, a la de sus hijos. Sociedad Civil Catalana ha dado voz a esos ciudadanos, a esa Cataluña plural, que quiere garantizar la convivencia entre los que piensan distinto. Eso es democracia. Estamos con ellos.

Valentí Puig junto a Isabel Benjumea

Valentí Puig junto a Isabel Benjumea

Vivimos en la era de la posverdad, y por ello Valentí Puig rechazaba el relativismo de los “relatos” equiparables. Frente a los discursos de la posverdad, que apelan a las emociones, está la realidad de los hechos. Y aquí los hechos son quinientos años de historia compartida, una Constitución democrática, una monarquía parlamentaria y un estado de las autonomías que permite altas cotas de autogobierno. Ante eso solo hay un forzado victimismo que ya ha perdido todo eco internacional. Por eso, el llamado “procés” está agotado. Seguirá habiendo independentistas, pero el ciclo de exaltación emocional que definió los últimos meses ha terminado. Para el escritor, que es uno de los referentes más sólidos de nuestro panorama intelectual, el nacionalismo ha querido hacernos creer que una sociedad plural se puede gobernar de una forma maniquea. No es así, la complejidad de la sociedad catalana ha emergido, poniendo en evidencia el fracaso del independentismo.

Más allá de lo que ocurra el jueves, ahora toca garantizar que la ley, como fundamento de la convivencia, se va a cumplir. Los catalanes, todos, quieren ser ciudadanos libres e iguales, tener derecho a expresarse en su lengua materna -sea esta el catalán o el castellano- y a reservarse sus opiniones y creencias al ámbito privado, sin invasiones del poder público. La clase política no puede forzar a los ciudadanos a estar politizados permanentemente, necesariamente. Eso no es propio de regímenes democráticos.

El coloquio con el público fue largo, provechoso. Los hubo más optimistas que otros. Alguno criticó el cortoplacismo del Gobierno, otros se preguntaban si las cosas no podían haber sido de otra manera. En todo caso, se destacó el valor del sentimiento cívico incluyente frente el nacionalismo supremacista excluyente.

Si el caso catalán demuestra algo, es que las buenas ideas no pueden dejar de defenderse.

Álvaro Pla
FLORIDABLANCA CAFÉ

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