El conde de Floridablanca y el gobierno del señor rey don Carlos III, por Ana Capilla

Como bien señala Manuel Pastor en un artículo en el que glosa el desarrollo del proyecto Floridablanca[1], la marca “Floridablanca” tiene su origen en el Instituto de Investigación Conde de Floridablanca. Éste fue creado con el propósito de constituir un grupo de investigación con el que concurrir a diversas convocatorias competitivas y financiar proyectos de investigación centrados en la historia política y de las relaciones internacionales de nuestro país. Este contexto explica la invocación a una de las figuras más relevantes e influyentes no sólo del reinado de Carlos III, sino de la modernidad española.

José Moñino, conde de Floridablanca, retratado por Pompeo Batoni

José Moñino, conde de Floridablanca, retratado por Pompeo Batoni

José Moñino y Redondo, al que Carlos III concedió el título de conde de Floridablanca en 1774 por los servicios prestados en el Consejo de Castilla y como embajador ante la Santa Sede, es uno de los representantes patrios más significativos del reformismo ilustrado. De ello dio buena cuenta en un amplio documento elaborado una década después de ser designado por Carlos III Secretario del Despacho de Estado, que era el cargo que ostentaba mayor responsabilidad política del país, después del propio monarca. Así, el 8 de julio de 1787 se aprobaba por decreto un texto bajo la rúbrica de Gobierno del señor rey don Carlos III o Instrucción reservada para Gobierno y dirección de la Junta de Estado, que se puede considerar como “todo el programa del despotismo ilustrado europeo llevado a la realidad española”[2].

La Instrucción era un programa de gobierno completo orientado a la modernización del país. Compuesta por casi cuatrocientos preceptos, en la misma se establecieron tanto principios rectores como líneas de acción muy concretas en todas las áreas de gobierno. En la medida en que el conde de Floridablanca era un reputado jurista, en la Instrucción prestó especial atención a las reformas legislativas que se debían acometer para adaptar el obsoleto marco normativo al impulso reformista que caracterizó al reinado de Carlos III y a la nueva estructura administrativa. Otro capítulo destacado lo consagró a las recetas económicas y fiscales, así como a las propuestas a favor de una política comercial de corte liberal. También dedicó un espacio importante en el texto a cuestiones como la educación y, sobre todo, a las relaciones con la Iglesia, que entonces atravesaban un momento especialmente sensible.

Por último, cabe destacar los preceptos referentes a la política exterior, así como el Ejército y la Marina, ámbitos muy importantes para una monarquía reinante en territorios de varios continentes. En los mismos se dio repaso a la política de alianzas no sólo con Inglaterra o Francia sino otras posibles con Portugal o Rusia; al litigio sobre Gibraltar (se planteaba intercambiar Gibraltar por dinero o por Orán); a las relaciones con Estados Unidos y los efectos que ello podría tener sobre los territorios americanos; a la posibilidad de lograr la neutralización del Mediterráneo; y se planteó la relevancia del norte de África para nuestro país.

Estos ejemplos permiten apreciar el nivel de concreción de la Instrucción y dan razón de la verdadera talla como intelectual y estadista de Floridablanca. Puesto que el extenso y detallado documento no es una mera recolección de medidas sectoriales, sino que constituye un programa de gobierno sólido y perfectamente coherente al servicio de un objetivo político último y fundamental: promover el progreso de la sociedad española de acuerdo a los principios de la Ilustración pero también a los intereses de nuestro país.

Esta breve aproximación a la figura de José Moñino y Redondo y su legado político sirve para explicar por qué sigue siendo pertinente el uso de la marca “Floridablanca” en esta nueva fase del proyecto, en la que, como reacción a un panorama político ciertamente preocupante, la reflexión sobre el mismo ha ganado peso frente a la investigación académica. Aunque los veteranos de la primera etapa que participamos también de esta segunda continuemos con nuestra labor investigadora, que tanto puede aportar a la regeneración de la vida política de nuestro país. Por ejemplo, rescatando un documento tan importante de la historia política de España como es la Instrucción, que, por cierto, sus señorías tienen a su disposición en la Biblioteca del Congreso en una bonita edición de 1839. Biblioteca que se encuentra en la planta baja del Palacio del Congreso, esto es, en la calle Floridablanca de Madrid.

Notas,

[1] “Pequeña historia del Proyecto Floridablanca 2012-2016”, La Crítica de León, 19 de octubre de 2016, http://www.lacriticadeleon.com/noticia/833/manuel-pastor/pequena-historia-del-proyecto-floridablanca-2012-2016.html.

[2] ALCÁZAR, C., Ideas políticas de Floridablanca. Del despotismo ilustrado a la revolución francesa y Napoleón (1766 a 1808),  1955, file:///D:/Users/acapilla/Documents/Carpeta%20Floridablanca/Dialnet-IdeasPoliticasDeFloridablanca-2128753.pdf.

Ana Capilla
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