Tras el 20D: Conclusiones de una amarga victoria

Desde que José María Aznar ocupó la presidencia del PP en 1990 su principal anhelo fue conseguir la unidad del centro derecha en un partido con capacidad para terminar con el dominio ininterrumpido del Partido Socialista de González, un auténtico partido “atrapatodo” cuya posición se acercaba cada vez más a la de un partido hegemónico. Antes de conseguir la victoria y abrir un nuevo ciclo electoral, Aznar perdió en dos ocasiones las elecciones. Su primer intento se saldó con un notorio fracaso. En las elecciones de 1989, el PP consiguió el apoyo del 25,79% de los votantes y algo más de 5 millones de votos. Tras el acceso de Aznar a la presidencia los resultados mejoraron notablemente, obteniendo el apoyo de más de 8 millones de votantes y un porcentaje cercano al 35% de los votos. La victoria de Aznar consolidó al PP como el gran partido del centro derecha español que los votantes conservadores llevaban buscando desde el retorno de la democracia.

A raíz de esas elecciones la movilización del votante conservador hacia el PP fue siempre bastante elevada con un “suelo” por encima de los 9 millones y medio de votantes y un techo apenas superior a los 11 millones. El voto del PP era por lo tanto estable, mientras que la izquierda contaba con un voto más volátil y propenso a dispersarse entre diferentes opciones políticas.

Hasta las elecciones del 20D, el PP había, por tanto, conseguido mantener una hegemonía importante en su campo de votantes lo que le había permitido ejercer el poder durante 3 de las últimas 5 legislaturas, pese a sus notorias dificultades para resultar atractivo a nuevos electores. Gracias a esta unidad, la derecha consiguió resultados siempre oscilantes entre el 38% y el 45% de los votos, suficientes en dos casos, gracias a la sobrerrepresentación de las provincias pequeñas, para obtener la mayoría absoluta.

Autoubicación ideológica media

El PP es percibido por el electorado español como un partido muy conservador. En una escala ideológica del 1 al 10 ha oscilado entre el 7,5 y el 8,5 consolidándose últimamente en valores más cercanos a la parte superior de la horquilla, mientras que la población española se sitúa en valores cercanos al 4,5 siendo la media aritmética de 5,5. El PSOE, que ha gobernado más que cualquier otro partido, se sitúa siempre en valores muy cercanos a la autoubicación ideológica media de los españoles.

La “amarga victoria” en las recientes elecciones muestra por lo menos dos problemas acuciantes a los que el centro derecha debe hacer frente si quiere volver a obtener un buen resultado. El primero es la emergencia de un nuevo partido, Ciudadanos, en el otrora coto privado de caza del PP. El segundo, y quizá más grave, las crecientes dificultades del centro-derecha español para conseguir un voto homogéneo en la totalidad del país.

La llegada de Ciudadanos al panorama electoral español ha supuesto un auténtico terremoto, ya que un partido regional hasta hace dos años escasos, ha obtenido cerca de 3,5 millones de votos en unas elecciones generales. Pese a la ambigüedad calculada de Albert Rivera, que intenta situar a su partido como el heredero de Suárez en el centro político español y que de hecho ha conseguido mantener esta idea durante años en Cataluña, el votante español ha ido en estos últimos meses alterando esta visión para finalmente considerar que Ciudadanos es un partido de centro-derecha, otorgándole un 6,37 en la escala de ubicación ideológica de partidos políticos mencionada anteriormente. Habrá que esperar a la encuesta postelectoral del CIS para poder hacerse una idea clara de quién está votando al partido de Albert Rivera, pero las diferentes encuestas en noviembre indicaban que cerca de la mitad de sus votos venían del PP, provocándose por tanto una fragmentación sin precedentes en el centro-derecha español. Esta ruptura es aún más preocupante si, como parece, viene marcada por un componente generacional. Las posibilidades electorales de una derecha separada son mucho más limitadas.

Por otro lado, es imposible obviar lo relevante que es el componente territorial en los resultados electorales del centro-derecha.  Son excepcionales en la Meseta y en las zonas donde la idea de una España unitaria es dominante. En todas estas Comunidades la suma de PP y Ciudadanos consigue superar el 50% de los votos y es aquí donde Ciudadanos entra con fuerza en el panorama electoral. Así pues, el partido de Rivera supera a Podemos en las dos Castillas y en Murcia y se acerca mucho en Cantabria, la Rioja y Madrid. Por el contrario, en comunidades con tradición nacionalista la situación del centro-derecha se degrada. Esto es comprensible allí donde el PP siempre tuvo dificultades, como Cataluña y el País Vasco dos de las “comunidades históricas” dónde ya existía un partido hegemónico de centro-derecha. En estas dos comunidades el revés sufrido por la derecha española es durísimo. En ambas la suma de ambos partidos se sitúa por detrás de Podemos.

En Cataluña, Podemos supera por unos votos escasos a la suma de PP y Ciudadanos, que no llega en esta comunidad al 25% al no saber capitalizar el hundimiento de una Convergencia que pierde la mitad de los apoyos obtenidos en las anteriores elecciones. En el caso del País Vasco, la derrota es aún más marcada, situándose la suma de PP y Ciudadanos en torno al 16% de los sufragios, muy lejos de Podemos que se coloca más de 10 puntos por encima. La suma de Podemos y Bildu alcanza más del 40% de los votos. Podemos ha conseguido por lo tanto movilizar a su favor parte del voto nacionalista, que ya dio la victoria en 2008 a José Luis Rodríguez Zapatero en 6 de las 7 provincias vascas y catalanas y apuntaló su segunda victoria electoral. Esta erosión alcanza incluso antiguos feudos populares como Galicia o Navarra. En el caso gallego, la lista de Podemos y nacionalistas de izquierda consigue más del 25% de los apoyos, aún lejos del PP pero en franca progresión.  El caso navarro es aún más preocupante. Pese a que UPN sigue siendo la fuerza más votada, la suma de Podemos, Geroa Bai y Bildu supera por 5 puntos a la de UPN-PP y Ciudadanos, dejando al centro-derecha en una posición claramente minoritaria. En la Comunidad Valenciana la dinámica también es profundamente negativa con un Compromis-Podemos muy cerca del PP.

Debemos por tanto extraer por lo menos dos conclusiones de la derrota electoral de hace escasos días. La división del voto es extremadamente dañina para el centro derecha español que cuenta con un techo de votantes poco elevado y grandes dificultades para aumentar su espectro. De la misma manera, las dificultades para hacer oír el mensaje en las Comunidades Autónomas con presencia de nacionalismo son cada vez más notorias.

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