CIS: la fragmentación del centro-derecha


La lectura nacional se consolida

El barómetro de enero del Centro de Investigaciones Sociológicas confirma que no puede seguir considerándose a Ciudadanos un fenómeno aislado circunscrito a Cataluña. Es cierto que todos los barómetros publicados a lo largo de 2017 ya venían recogiendo el crecimiento de esta formación política y el retroceso del Partido Popular; pero este sondeo, realizado entre el 2 y el 14 de enero del presente año, adquiere especial relevancia por ser posterior a las últimas elecciones autonómicas catalanas, en las que Ciudadanos se convirtió en el primer partido constitucional de nuestra historia democrática que gana en escaños y en votos unos comicios de este tipo.

Si los resultados de las elecciones autonómicas catalanas tenían una indudable lectura en clave nacional, el último barómetro ratifica y acrecienta una percepción extendida desde las elecciones del 20 de diciembre de 2015: la fragmentación del centro-derecha y el fin de la hegemonía del Partido Popular como único representante de este espacio político en el conjunto de España.

Algunos datos relevantes

Ciudadanos ha mejorado considerablemente tanto en intención directa como en estimación de voto. En el CIS de octubre, un 11,3% de los encuestados manifestaban su intención de votar al partido naranja (un 16,5% al PP) y la estimación era del 17,5% (del 28% para el PP). En el barómetro de enero, un 15,7% muestra intención de votar a Ciudadanos de celebrarse mañana las elecciones (un 15,5% al PP) y la estimación es de 20,7% a favor de Ciudadanos (del 26,3% para el PP). Estos datos, de por sí relevantes, lo son aún más si tenemos en cuenta el recuerdo de voto. En el CIS de octubre de 2017, un 10,4% de quienes habían votado al PP en las últimas elecciones generales afirmaban que votarían a Ciudadanos en la siguiente cita electoral; hoy ese porcentaje se ha convertido en el 15,1%.

Hay otro elemento de no menor importancia, el relativo a la franja de edad. Ciudadanos había mostrado dificultades para superar al PP en el electorado mayor de 35 años. En el CIS de octubre de 2017 la opción naranja ya superaba al PP en todas las franjas de edad, salvo los mayores de 55 años. El último barómetro publicado ratifica este hecho pero mejorando los resultados de Ciudadanos en todas las franjas de edad: el PP mantiene la confianza del electorado mayor de 55 años, pero aquí también Ciudadanos crece levemente y el PP baja.

La contienda por el espacio está abierta

Está por ver si la reciente estrategia del Partido Popular para frenar el avance de Ciudadanos tendrá el resultado perseguido por los dirigentes populares. No parece una tarea fácil e incluso es posible que tenga el efecto contrario. El problema del PP, y en concreto de su dirección nacional, es la incapacidad (voluntaria o no) para identificar las causas de su descrédito y ponerles remedio. Hasta tal punto es así, que la estrategia elaborada contra Ciudadanos pretende apoyarse en aquello mismo que ha llevado a sus antiguos electores a mirar con simpatía a otras formaciones o a resignarse a la orfandad política refugiándose en la abstención. Si el PP quiere recuperar la credibilidad perdida entre el electorado de centro-derecha, debería asumir, en primer lugar, que el voto no es cautivo y, en segundo lugar, que el abandono de los principios rectores sobre los que se sustentaban sus políticas tienen consecuencias. No basta con autoproclamarse el representante natural del centro-derecha cuando se han adoptado políticas de marcado carácter socialdemócrata y se ha renunciado a ser la “casa común” de liberales, conservadores, democristianos y centristas.

Ciudadanos, por su parte, tiene mucho por demostrar y por definir en términos ideológicos. Tendrá que decidir si quiere asumir y ganar el espacio donde los españoles le ubican ideológicamente, en el centro-derecha, o si, por el contrario prefiere mantenerse en un centro que se entiende bien como actitud política, pero que es inexistente como espacio político. Si quiere crecer, tendrá que decantarse. El centro ayuda a ganar elecciones, pero previa conquista del espacio que hay a sus lados (centro-derecha o centro-izquierda), lo que a su vez permite a los votantes saber a qué atenerse. Tener unos principios claros y reconocibles no resta, suma. La contienda se gana en la centralidad, no en el centro. A lo primero le acompañan los principios y una idea de España, lo segundo es preso de modas pasajeras y evanescentes.

Quien antes recomponga el espacio político que está a la derecha de la izquierda, aunando y sumando, ganará la confianza mayoritaria de los españoles.

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