Charles Krauthammer (1950-2018) in memoriam, por Manuel Pastor

 

He comenzado a escribir estas líneas al atardecer del día 21 de Junio en mi residencia familiar en Saint Cloud, Minnesota. Hace muy pocas horas vi la noticia en el digital FoxNews.com del fallecimiento de Charles Krauthammer (en un artículo en 2008, creo, con admiración y una gota de humor le llamé “martillo de berzotas”). A principios de este mes, él mismo anunció en unas notas para la prensa que le quedaban pocas semanas de vida.

En muy poco tiempo, durante esta primavera. Estados Unidos ha perdido tres referentes culturales imprescindibles del mejor conservadurismo: el escritor Tom Wolfe, el historiador Richard Pipes, y ahora Charles Krauthammer.

Aunque Libertad Digital  en años pasados publicó un buen número de artículos suyos (he contabilizado unos 140 entre 2006 y 2012), creo que CK era poco conocido y poco leído en España por el gran público, y específicamente por sus colegas los periodistas. La razón, sospecho, es que sus ideas políticas y su opinión eran demasiado “conservadoras”, o como algunos las describirían  –incluido el propio CK- , “neoconservadoras”.

Ronald Reagan y Charles Krauthammer

En efecto CK reunía algunas características de los “neocon”: intelectual judío, nativo de New York, con un “background” familiar cosmopolita, originalmente progresista (fue asesor y redactor de discursos para el candidato demócrata Walter Mondale a principios de los 1980s) pero se hizo conservador (o, como diríamos en España, liberal-conservador) a medida que avanzaba la presidencia de Reagan. CK se convirtió muy pronto, según opiniones autorizadas, en el más importante e influyente analista conservador  -yo añadiría: el más culto y brillante- de la escena política estadounidense, publicando sus columnas y artículos en The Washington Post, The New Republic y otras revistas políticas importantes. Aunque no pertenecía a la tradición del conservadurismo clásico, la emblemática National Review le dedicó hace algunos años un homenaje con una portada en que lo caracterizaba como “The Critic-in-Chief” del presidente Obama, de su política y de su “psyche”.

En una entrevista, hace tiempo, le preguntaron qué había que hacer para ser un buen analista político, y con humor contestó: “Ir a la Escuela de Medicina”. CK se doctoró en Psiquiatría por la Universidad de Harvard y durante tres años practicó en el Massachusetts General Hospital.

Su estilo y profundidad en el análisis político efectivamente recuerda al análisis psiquiátrico (no el psicoanalítico freudiano, sino el empírico-científico). CK escribió centenares, si no miles, de columnas y ensayos, pero su proyecto de publicar un libro sobre la política exterior de los Estados Unidos, desde una perspectiva que él denominó “democratic realism”, nunca se materializó.

En 2013 apareció una obra que reunía una selección muy cuidada de artículos suyos: Things That Matter. Three Decades of Passions, Pastimes and Politics (Crown Forum, New York). En este volumen combina cosas personales con aficiones, historia, religión, política y reflexiones filosóficas y morales. Resulta imposible destacar el mejor de sus ensayos, dada la calidad de todos, pero por su significación histórica señalaría los tres sobre los Estado Unidos en el capítulo final del libro, y concretamente el titulado “The Unipolar Moment” (originalmente publicado en Foreign Affairs, 1990), a propósito del fin de la Guerra Fría y que acompaña a lo que el mismo CK denominó la “Doctrina Reagan”.

Su columna “sindicada” aparecía en 400 periódicos de todo el mundo. Entre los muchos premios que recibió en su carrera periodística estaba el Pulitzer y el William F. Buckley.

Mi admiración por CK no me impide hacer alguna objeción a su pensamiento. Pese a una educación en el judaísmo ortodoxo, su escepticismo filosófico le llevó al borde del ateísmo, y en muchas ocasiones fue implacable con ciertos principios morales del  catolicismo. Por otra parte, aunque crítico del Establishment, su elitismo intelectual le impidió comprender, valorar y aceptar los movimientos populistas conservadores, como el Tea Partyy el fenómeno Trump.

La noche de las elecciones presidenciales de Noviembre de 2016, cuando Trump  -frente a la mayoría de las encuestas y los prognósticos de “cerebros” del análisis electoral como Karl Rove o Nate Silver- ganaba en los estados de North Carolina, Ohio y Florida, CK sentenció, con un tono evidentemente no muy optimista: “Si esto continúa y Trump gana, esto es una revolución ideológica y electoral de un tipo que no hemos visto desde Reagan. Lo que esto significa ideológicamente es que el Partido Republicano se ha convertido en un partido populista.” (Citado por Laura Ingraham, Billionaire at the Barricades, St. Martin´s Press, New York, 2017, p. 243).

Probablemente fue una pequeña anticipación de sus últimos análisis políticos importantes, antes de de ser atacado por la cruel enfermedad que acabaría con su vida.

Manuel Pastor

CATEDRÁTICO DE TEORÍA DEL ESTADO Y DERECHO CONSTITUCIONAL DE LA UCM, MIEMBRO DEL CONSEJO ASESOR DE FLORIDABLANCA

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