Casado, el triunfo de las ideas, por José Ruiz Vicioso

Artículo originalmente publicado el 30 de julio en Actualidad Económica


El proceso electoral de primarias vivido por el Partido Popular, que se resolvió el pasado 21 de julio con la elección de Pablo Casado como nuevo presidente, ha dado pie a variados artículos y opiniones que analizan las ventajas e inconvenientes de este tipo de elecciones en los partidos.

Para algunos, las primarias tienen el riesgo de provocar divisiones internas que hagan difícil la recomposición posterior. Para otros, en la era del nuevo populismo las primarias abren la puerta a liderazgos carismáticos enfrentados a los aparatos oficiales que hasta entonces han dominado la organización. En todo caso, conviene comenzar recordando que, según la Constitución española, “la estructura interna y el funcionamiento de los partidos deberá ser democrático” (artículo 6), principio que encuentra desarrollo en la Ley Orgánica de Partidos Políticos, que establece que el procedimiento de elección de los órganos directivos “en todo caso deberá garantizar la participación de todos los afiliados mediante sufragio libre y secreto” (artículo 3.2.j).

Ciertamente, no es justificable que en una democracia representativa los partidos políticos sobre los que se asienta no se rijan por mecanismos igualmente democráticos.

Aunque este principio general puede cifrarse en fórmulas diversas, en general los procesos de primarias tienen la virtud de animar el debate de ideas y la contraposición de proyectos en estructuras que tienden a anquilosarse. Es la célebre ley de hierro de la oligarquía de Michels.

A los que creen que las primarias generan división debemos recordarles, siguiendo a Sartori, que mirado hacia dentro “un partido es una suma de individuos que forman constelaciones de grupos rivales”. No es realista pensar que dentro de estructuras tan grandes no haya pluralidad ideológica, por más que se compartan unos principios básicos. El marianismo creyó que si no se hablaba de las diferencias, estas no existían. Esta elección ha mostrado un partido vivo, en el que el debate interno debería consolidarse como la regla y no como la excepción.

Tampoco puede afirmarse que el voto a Casado haya sido un voto “contra el aparato”, teniendo en cuenta que él mismo formaba parte de la dirección anterior y que una gran mayoría de aquel se integró en su candidatura en la segunda vuelta. Lo que ha representado el duelo Casado-Sáenz de Santamaría es una contraposición de visiones sobre la política: las ideas frente a la tecnocracia, el poder como medio frente al poder como fin en sí mismo.

Los afiliados del PP, por derecho y por razón política, merecían elegir entre los distintos proyectos en liza y no una nueva sucesión hereditaria. En definitiva, que se abriera entre sus miembros el debate sobre su futuro. Así se hace en las democracias más antiguas y estables del mundo y por todo ello ha sido positivo este proceso de primarias.

José Ruiz Vicioso

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